Emilio Álvarez Montalván
El Simposio en la UAM (29 de julio de 2003) sobre los Derechos Humanos, estudiados bajo perspectiva internacional, permitió comparar el respeto a la Resolución 217 del 10 de diciembre de 1949 de Naciones Unidas, tanto en China continental como en China insular. Hay que reconocer que la globalización convirtió en norma obligada para todos los países miembros la vigencia de los Derechos Humanos.
Si es verdad que las dos China surgieron al siglo XX con regímenes autoritarios, aunque de diferentes ideologías, los gobernantes de China insular abandonaron en 1988 la dictadura de medio siglo para adoptar un régimen democrático. En efecto, desde hace quince años comenzó en Taiwan un persistente esfuerzo por consolidar instituciones democráticas, empeño que condujo no sólo a elecciones intachables sino a la separación de poderes. Tal esfuerzo culminó el 18 de marzo del 2000 con la elección por votación directa del actual presidente Chen-Sui Bian, líder opositor del Partido Popular Democrático. Bajo su liderato se inició un ambicioso proceso de nueve iniciativas para crear una infraestructura de información, apoyo y vigilancia ciudadana y gubernamental de los derechos civiles, políticos y económicos, siendo el objetivo final un Estado donde imperen a todos los niveles los derechos humanos.
No obstante, el gobierno taiwanés reconoce que falta erradicar lo que ellos llaman el efecto “dorado negro”, cuya erradicación es una de las principales preocupaciones del presidente Chen Sui Bian. Se trata de corregir una corruptela heredada del gobierno autoritario de antaño, consistente en otorgar préstamos con fondos públicos a sectores de la burocracia estatal en convivencia con el crimen organizado.
En cambio la situación de los derechos humanos en China comunista es desastrosa. Para empezar, no existe ninguno de los privilegios ciudadanos demandados por la ONU. Además, los gobernantes de China Continental son escogidos por una élite auto-elegida. Baste recordar la matanza en la Plaza Tian An Men acaecida en mayo de l989, cuando miles de jóvenes que protestaban por la corrupción e impunidad de militares y burócratas oficialistas fueron masacrados. Y recientemente, al cumplirse el sexto aniversario del Régimen Especial de Hong Kong devuelto a China continental por Gran Bretaña bajo el slogan: “Un país, dos sistemas, está al punto de convertirse en un país, un sistema”. Y ello a pesar que el Tratado garantizaba 50 años al statu-quo democrático. Ahora quiere Beijing cambiar el arto 23 de la Ley de Seguridad Nacional para legalizar la persecución de disidentes acusándolos de sedición, traición, hurto de secretos de Estado, sin mayor especificación. Contra esa iniciativa desfiló un millón de personas, lo que obligó a Beijing a postergar la decisión.
Por otra parte, aunque las flagrantes amenazas de China continental a Taiwan han amainado, sigue apuntándole una batería de misiles con cabeza atómica, un acoso criminal. Esas actitudes abusivas de China continental comprueban que la democracia constitucional sólo será segura si hay plena vigencia de los derechos humanos.
El autor es analista político.