El jockey sobre césped dominicano participó sin fogueo en estos Juegos Panamericanos. (LA PRENSA/AP)

Historia de un “sin sentido”

Carlos WerdEFE SANTO DOMINGO.- ¿Tiene algún sentido exponer públicamente a jóvenes del país que fuere a la humillación deportiva, en el mejor de los casos, para cumplir la premisa de que en los Juegos Panamericanos el organizador debe competir en todas las disciplinas? ¿Tiene algún sentido que jugadores de cualquier deporte se aprovechen sin quererlo […]

Carlos WerdEFE

SANTO DOMINGO.- ¿Tiene algún sentido exponer públicamente a jóvenes del país que fuere a la humillación deportiva, en el mejor de los casos, para cumplir la premisa de que en los Juegos Panamericanos el organizador debe competir en todas las disciplinas?

¿Tiene algún sentido que jugadores de cualquier deporte se aprovechen sin quererlo de otros, supuestos colegas, y les dejen prácticamente en ridículo, cuando se sabe de antemano las enormes, las siderales diferencias de nivel entre ellos?

Las preguntas no son antojadizas, sino que surgen del sentido común y de la simple observación, por ejemplo, de los torneos de hockey sobre césped de los Panamericanos, la cita deportiva hemisférica por excelencia y la más importante del mundo después de los Juegos Olímpicos.

En el torneo masculino, Argentina, sexto en el Mundial de Malasia de 2002, vapuleó el sábado pasado por 30-0 a un equipo de la República Dominicana cuyos jugadores, hasta hace un tiempo, eran futbolistas o beisbolistas.

Futbolistas y beisbolistas, después de haber sido evaluados física y técnicamente, pasaron a practicar un deporte del que ni siquiera conocían su existencia.

Hace unos meses, los dominicanos contrataron al argentino Miguel Mac Cormik, cabeza de una familia del hockey sobre césped de su país, para que enseñara y “coordinara” la formación de la selección panamericana en tiempo récord. Casi imposible, siendo generosos con el concepto.

Con el equipo femenino, el proceso fue parecido, aunque con la diferencia de que las dominicanas comenzaron a jugar al hockey sobre césped hace cuatro meses.

El resultado no podía ser otro que el que se produjo este domingo en su debut en los Juegos, cuando Chile, un equipo en crecimiento pero que está lejos de la élite mundial, les clavó 20 goles, que pudieron ser 30 o 40.

Lo más angustiante fue observar el rendimiento de las jugadoras dominicanas, que casi no podían parar la pelota por sus dificultades técnicas, ni mucho menos dar dos pases seguidos, y que sólo se dedicaban a correr detrás de las chilenas, sin alcanzarlas.

Las que más sufrieron fueron las porteras Judith Acevedo y Juana Villamán, quienes pararon todo lo que pudieron —y más-, pero que seguramen— te van a soñar por unos días con los uniformes rojos de las chilenas, porque a cada minuto llegaba una distinta casi debajo de la meta para sentenciarla.

Las locales completaron ante Chile el primer partido de sus vidas. ¿Pregunta usted si el periodista se habrá equivocado y en realidad debió decir “el primer partido internacional de sus vidas”?

Pues no: las dominicanas jugaron los primeros setenta minutos —lo que dura un encuentro— de sus carreras como jugadoras de hockey, ya que recientemente se habían entrenado con las canadienses por menos de una hora.

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