Marco A. Mayorga L.*
Los nicaragüenses no hemos sido acertados en sustentar una organización de país ordenado que incremente año con año nuestra riqueza. Hasta la fecha no hemos sido exitosos en hacer progresar el país a niveles aceptables. Muchas razones están pendientes: estabilizar la democracia, administrar justicia efectiva, dictar leyes objetivas y eficaces; organizar un Estado que funcione, crear el ambiente de confianza, atraer la inversión, etc.
En las encuestas la población señala lo económico con prioridad. Entonces, el Tratado de Libre Comercio Cafta es tema principal porque impactará en lo económico. El Cafta no es la solución ni es un plan de desarrollo económico, es solamente otra herramienta que estaremos ensayando. En todos los intentos debemos actuar con determinación, reconociendo que no existe un método perfecto y que siempre existirán amenazas y oportunidades. El éxito consiste en no dejar de intentar, permanecer listo a cambiar y modificar lo que no funciona o se puede mejorar; al conseguir el éxito siempre es difícil determinar la causa. El éxito es la suma de infinitos intentos y la determinación de luchar por un objetivo con continuidad.
La globalización de la información permite al consumidor informarse, conocer e identificar la mejor calidad y el mejor precio del producto o servicio que necesita. No hay duda que el libre comercio beneficia al consumidor, y el equilibrio como país radica en evaluar y sostener una actividad económica interna ineficiente castigando al consumidor, pero que salvaguarda la paz y armonía social. Se puede señalar que los países ricos subvencionan, que no estamos listos, etc. Pero esta presión del consumidor es muy difícil de sostener.
Los problemas de economía de subsistencia en el campo, de la asimetría y baja productividad de la economía, no son nuevos ni es culpa del Cafta. Son temas que no le hemos puesto atención, han crecido y hoy el Cafta presiona a atenderlos y resolverlos. Muchos se sentirán contentos porque enseñan a los gobernantes y políticos que hay que dejar de politiquear y trabajar en lo que le interesa a la población; dejar a un lado los temas que distraen la verdadera atención de promover los puestos de trabajos que permiten construir el futuro de miles de nicaragüenses que todos los días demandan trabajo y que muchos deben buscarlos en otros países.
La amenaza social del campo es porque hemos construido una economía de subsistencia dejando pasar oportunidades de mejorar el nivel de vida de los campesinos introduciendo métodos de trabajos productivos y eficientes. Desde hace muchos años el campo se está desintegrando, la migración a la ciudad y a Costa Rica no es ni será por el Cafta; es el resultado de lo que no hemos hecho.
Esta economía de subsistencia se concentra en el maíz y los frijoles, los cuales en el Cafta serán protegidos, otorgando nuevamente otra oportunidad de solución. El agricultor empresario debe continuar desarrollando la actitud de cambio de manera independiente o con alianzas, para producir eficientemente lo que el mercado del Cafta demanda.
En los últimos 15 años todos los sectores de la economía han venido realizando transformaciones ante las amenazas que han obligado cerrar o cambiar de giro de negocios. Los industriales del jabón, aceite y otros han pasado esta experiencia. El comercio debe continuar adaptándose a las nuevas exigencias del consumidor. Las pymes y micros también han atravesado desafíos de cambios y el Cafta significará el mismo reto, pero con nuevas oportunidades.
Las nuevas oportunidades del Cafta son: la puesta en perspectivas del comercio entre Centroamérica y Estados Unidos; establecer reglas del juego a largo plazo; presionar a Nicaragua y resto de Centroamérica en ordenar y establecer leyes funcionales y duraderas; poner en competencia real a los países de la región en atracción de la inversión; y por el nuevo tamaño del Cafta será posible atraer inversiones de envergadura que hoy no se interesan del pequeño mercado nicaragüense.
El Cafta o cualquier herramienta de desarrollo solamente es aprovechable si realizamos los cambios internos convenientes, por lo que es urgente iniciar el trabajo doméstico reconociendo las amenazas pero asumiendo el reto de ejecutarlos distinguiendo y sustituyendo lo que no funciona, coordinando acciones que impacten en el mejoramiento del ambiente político y social que favorece al desarrollo económico. Es indispensable que todas las instituciones de Estado, políticas, económicas y las que influyen en la imagen de Nicaragua cooperen, analicen y decidan mejorar el clima de negocio que requiere la creación de empleos. Nicaragua necesita y pide un escenario que conduce hacia el progreso.
* El autor es ex presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua.
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