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“¿Condonización” de la educación?
Los representantes de varias organizaciones que luchan por la defensa de la vida y el rescate de los valores tradicionales, religiosos y morales, denunciaron que el manual para formación de maestros, Educación Para la Vida, preparado para la formación de docentes que educarán sexualmente a los niños y adolescentes escolares, no fue consultado “a las asociaciones de padres de familia, ni a las iglesias, ni a las asociaciones médicas”, y por lo tanto le piden al Ministro de Educación Cultura y Deportes, doctor Silvio de Franco, que lo retire y que posponga los seminarios de formación de maestros programados para los próximos días.
Según las organizaciones Comité Nicaragüense Pro Defensa de la Vida, Amprovida, Comisión de Laicos, Alianza Evangélica Nicaragüense, Fundación Sí a la Vida, Universidad Martín Lutero, Asociación Médica Nicaragüense y Ministerio Infanto Juvenil, que respaldan una carta que publicamos en nuestra edición del sábado anterior, el llamado Manual de Educación Para la Vida además de inconsulto es ambiguo y muy peligroso para la sanidad física y espiritual de los niños y adolescentes nicaragüenses, pues “promueve una nueva cultura basada en antivalores extranjeros… promueve las relaciones sexuales en la adolescencia… proporciona información desactualizada o falsa sobre los condones… promueve la homosexualidad a través de la ideología de género”, etc.
Son graves estas imputaciones y lo menos que debería hacer el Ministro de Educación es atender la petición de retirar dicho manual y posponer los seminarios para docentes. Y además debería abrir un proceso de consultas para la elaboración definitiva del manual, pero no del tipo “cara al pueblo” y “cabildos abiertos” de la época sandinista basados en el concepto leninista del centralismo democrático, sino de verdad, a fin de hacer que participe la mayor parte de la sociedad que sea posible y para tomar en cuenta sus preocupaciones e incorporar sus propuestas.
Como es sabido, los problemas de la educación integral de la niñez y la adolescencia, y en particular el de educación sexual, son muy complejos y delicados y no se deben manosear con veleidades éticas ni manejar con criterios fundamentalistas. Está bien que se enseñe a los niños y adolescentes la información sobre sexualidad y a protegerse de las enfermedades de transmisión sexual, particularmente el sida. Pero está muy mal que se “condonice” la educación y que, peor aún, con el pretexto de proteger a la juventud se imponga a toda la sociedad y por medio de la acción del Estado la “cultura” de la promiscuidad sexual, de la homosexualidad, de la adopción por parte parejas gay, de la renuncia a la identidad sexual, e inclusive del aborto en forma abierta o enmascarada con la figura del “aborto terapéutico”.
En realidad, una política sana y transparente para el uso apropiado del condón por parte de los adolescentes y para que tengan conciencia del peligro de las enfermedades de transmisión sexual, no tiene por qué contraponerse con las campañas basadas en principios religiosos y valores éticos de quienes creen que la mejor manera de proteger a los adolescentes de esos peligros es la abstinencia, la castidad y la virginidad hasta el matrimonio.
La verdad es que no existen soluciones mágicas ni verdades absolutas. Y más bien ambas posiciones deberían converger en el propósito común de salvaguardar la salud sexual y sentimental, física y espiritual de los niños y adolescentes nicaragüenses.
Pero hay que poner las cartas sobre la mesa y jugar limpio. Las promociones de cambio de género o sexo, del orgullo gay, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, y de legalización del aborto, son las nuevas estrategias y banderas de lucha de la izquierda mundial que, como se sabe, ejerce bastante influencia en los organismos internacionales, particularmente en los de la ONU. Pero en Nicaragua la izquierda tiene que esperar a ser gobierno nuevamente, si gana las próximas elecciones, para aplicar esas políticas, no debe tratar de imponerlas desde ahora y el actual gobierno no debería permitirlo.
El Ministro de Educación debería, pues, retirar ese sospechoso y cuestionado manual de educación sexual, suspender el programa de preparación de docentes basado en dicho documento, y promover un democrático proceso consultivo para elaborar un verdadero instrumento de educación para la vida.