- Tiene que dejar amarrada a su hija enferma para salir a vender tortillas y obtener el sustento diario para sus otros hijos
Adolfo Olivas Olivas/[email protected]
ESTELI.- Sobre unas tablas viejas llenas de telaraña, se halla el único objeto de valor: un espejo. En la misma salita, un cadavérico personaje está sentado en una silla fosilizada. Sus brazos y piernas están completamente descarnados.
Ninoska Tinoco Acuña, de 23 años, la hija mayor de Esperanza Acuña Palacios, se ha convertido en un calvario para toda la familia. Para doña Esperanza su bendición son sus hijos menores: Jorge Ulises, de 13 años y Egdelia del Carmen, de 12, quienes estudian quinto y sexto grado de primaria, respectivamente.
Ninoska, sufre desnutrición y desde su nacimiento padece de parálisis cerebral, epilepsia y osteomalasia, un serio problema en los huesos que la mantienen prisionera entre las tablas, mientras que sus hermanos Jorge Ulises sale a lustrar zapatos y Egdelia del Carmen, vende tortillas.
“Ella es discapacitada y cada mes le dan hasta cinco ataques de epilepsia, y casi se escapa de morir por la falta de medicamentos”, indica doña Esperanza, quien reside de la discoteca Tabú, siete cuadras al Este y dos al Norte en el barrio Los Ángeles, en Estelí.
CASA DE CARTON Y PLASTICO
Esperanza, habita en Los Ángeles, pero su vida es un verdadero tormento. Su casa se distingue de las demás porque está construida de cartón, plástico y viejas tablas derruidas por la polilla, dando la apariencia de una choza donde su principal huésped es la pobreza.
De ropas rasgadas y de aspecto muy humilde, Esperanza confiesa que jamás conoció a sus padres, porque la regalaron recién nacida a una familia originaria del recóndito municipio de Murra, fronterizo con Honduras.
Doña Esperanza Acuña Palacios, de 42 años, con su mirada perdida y sus ojos llorosos recuerda que sus padres adoptivos la sometieron a un brutal castigo, quedándose analfabeta porque le prohibieron la asistencia a clases.
“Mi niñez fue un martirio de trabajo y todavía vivo una vida de tormento. Mi mamá regaló a todos sus hijos y a mí me dio a la edad de un año, pero desgraciadamente caí en manos de una mujer grosera”, recuerda.
“Me levanto a las tres de la mañana para lavar el maíz, los trastos y el molendero, y luego comienzo a palmear tortillas que apenas me dejan de ganancia diez córdobas, porque la leña y el maíz están muy caros”, explica esta madre soltera.
CONTRADICCION INSTITUCIONAL
Por órdenes expresas del Ministro de Salud, doctor Antonio Alvarado, Ninoska recibió atención médica especial en el Hospital San Juan de Dios de Estelí, pero fue dada de alta luego de ser medicada y recibir alimentación parenteral.
El doctor Israel Kontorovsky, director departamental del Sistema Local de Atención Integral a la Salud (Silais), destinó personal médico y de enfermería para Ninoska, sin embargo expresa que el Ministerio de la Familia (Mifamilia) tiene que asumir la protección de la joven y ayudar a los demás miembros de la familia afectada.
La joven desnutrida retornó al mismo ambiente de siempre, donde su madre en ciertas ocasiones la deja amarrada a la pata de la cama para salir a vender tortillas y elotes cocidos.
La licenciada María Julia Ruiz Lorente, delegada departamental de Mifamilia, manifestó que esta institución nada tiene que ver con la enferma, ya que se trata de un problema de salud pública que le corresponde resolver al Minsa, alegando que Ninoska tiene 23 años de edad, quedando descubierta por el Código de la Niñez y la Adolescencia que beneficia a menores de 18.
La funcionaria aseguró que en una actitud humanitaria el Mifamilia entregó materiales escolares a Jorge Ulises y Egdelia del Carmen, y además les llevó paquetes alimenticios y productos del hogar, así como un catre en calidad de préstamo.
La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos abrió un proceso de investigación sobre el caso para determinar las competencias que le corresponden a cada una de las instituciones antes mencionadas.