De la ignominia a Carballo a la consagración de la plaza

Iván de Jesús Pereira

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De la ignominia a Carballo a la consagración de la plaza


Iván de Jesús Pereira




En aquella mañana washingtoniana que todavía recuerdo, me tocó recibir en el aeropuerto de esa ciudad, por delegación del cardenal arzobispo de Washington, al padre Bismarck Carballo. Lo noté herido en lo más profundo de su ser, como hombre y como sacerdote. Tras la infamia y el escarnio sufrido, se le abría el exilio y sólo la generosidad y amor de la Iglesia Católica norteamericana pudo, en ese momento, mitigar su dolor; dolor que compartió el pueblo nicaragüense y la Iglesia militante.

Años después, monseñor Pablo Antonio Vega, obispo en ese entonces de la Diócesis de Juigalpa, me relataba en un humilde apartamento de Miami la forma en que había sido montado a la fuerza en un helicóptero y puesto en el borde fronterizo con Honduras. Nuevamente me tocó peregrinar por varias diócesis de los Estados Unidos, acompañando a monseñor Vega en su denuncia sobre lo que ocurriría con la Iglesia Católica en Nicaragua.

En Roma, dos días antes de la primera venida del Papa a Nicaragua, fue realizada una reunión que tendría trascendencias insólitas para el país. El Santo Padre se reunió con tres religiosos con el objeto de solicitarles su opinión sobre el viaje que iba a emprender. Ellos fueron: el Nuncio Apostólico de esa época; monseñor Julian Barni, Obispo de León; y el Arzobispo de Managua, monseñor Miguel Obando y Bravo.

Su Santidad pidió la opinión de los presentes y los dos primeros aseguraron al Papa que su estadía en la Nicaragua sandinista iba a ser de lo más cordial. Monseñor Obando guardó silencio y, ante el mismo, el Papa le pidió su opinión: “Usted prepárese para lo peor” fueron las palabras de monseñor Obando; palabras proféticas que, junto al apoyo decidido de la Conferencia de Obispos Norteamericanos y algunos factores más, le valieron a Obando el capelo cardenalicio.

Los tres hechos a los cuales me he referido constituyen posiblemente los puntos más críticos en la relación Iglesia-FSLN durante la época de los ochenta.

Hoy, a muchos años de dichos sucesos y en un aparente olvido de lo ocurrido, con el beneplácito de la Nunciatura Apostólica las más altas autoridades de la Iglesia Católica, encabezadas por el cardenal Obando, han cambiado de opinión hacia el FSLN.

El porqué de ese cambio es algo que merece estudio. ¿Ha renunciado el FSLN en su concepción materialista y atea? No. ¿A qué obedece entonces el cambio?

Me atrevo a formular dos hipótesis. La proximidad inevitable de la aceptación por la Santa Sede de la renuncia presentada por el cardenal Obando, en cumplimiento a lo estipulado por el derecho canónico, y la inminencia de un nuevo Arzobispo en Managua, impulsaron a los consejeros cercanos a Su Eminencia a persuadirlo para jugar esta riesgosa carta, en la que en el fondo se pretende demostrar que todavía el cardenal Obando sigue siendo el mejor interlocutor con que cuenta el país y, por lo tanto, el Vaticano cometería un error al retirarlo.

Ésa es la primera. La segunda hipótesis corresponde al oscuro y todavía no aclarado expediente de Coprosa y a la pésima y cuestionada administración del licenciado Roberto Rivas Reyes en el Consejo Supremo Electoral, lo que indujo a los consejeros del Cardenal (especialmente a su asesor de sobrepeso) a correr a negociar con el FSLN un “olvido voluntario” a cambio de presentarle al pueblo la imagen de un FSLN aceptable y respetuoso de los valores cristianos.

En todo esto, el verdadero beneficiado es el licenciado Rivas y su desgobierno en el Consejo Supremo Electoral, al ofrecer las elecciones más caras de la región, la quiebra económica de esa institución del Estado y el control que el FSLN ejerce a través del verdadero poder en esa institución, el señor Emmett Lang. Tales son las verdaderas intenciones que pretenden cubrir este cambio de actitudes.

Resulta sarcástico que en la misma fecha en que la Iglesia Universal celebraba el centenario de la Rerum Novarum y el anciano Juan Pablo II, desde su balcón de Castelgandolfo traía el recuerdo de aquel Papa iniciador de la moderna doctrina social de la Iglesia, León XIII, en Managua los asesores del Cardenal Arzobispo comparecieran en la plaza haciéndole compañía a los mayores detractores y perseguidores de esa misma doctrina social de la Iglesia.

¿Será que el “pragmatismo” de esa pequeña cúpula de asesores del Cardenal quiere poner a la Iglesia Católica al lado de los que desde ahora los consideran vencedores en la próxima contienda electoral? ¿O, por el contrario, de lo que se trata es de un mensaje subliminal a todos los nicaragüenses para que se unifiquen en un solo haz de fuerzas y puedan derrotar al FSLN?

En resumen, el cardenal Obando y Bravo ha sido una persona muy querida para el pueblo nicaragüense. La curia romana está empeñada en que Su Eminencia “salga sobre una alfombra roja”, como lo dijo en días anteriores el diario LA PRENSA; pero este tipo de maniobras pueden crear un ambiente negativo y de resentimiento para el cardenal Obando Esto es una lástima para Nicaragua, que se ha sentido siempre orgullosa porque un hombre de extracción humilde como el cardenal Obando fuera el primer centroamericano en llevar en sus hombros el principado eclesiástico.

El autor es jurista.

Editorial
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