La caridad comienza en casa

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La caridad comienza en casa





Si el periodismo exige transparencia en la administración pública, en la política y aún en la empresa privada que vende bienes y servicios a la sociedad, entonces debe predicar con el ejemplo y ser más cristalino que los demás.

Ayer mismo, con todo derecho protestamos por la hostilidad a los periodistas y el ocultamiento de información de interés público por parte de la Policía Nacional. Y demandamos al Presidente de la República y al Ministro de Gobernación —que son las autoridades superiores de los mandos policiales—, que ordenen y obliguen si es necesario, a la Policía, a cumplir con el mandato constitucional de que todos los funcionarios públicos deben informar al pueblo de lo que hacen en el ejercicio de sus cargos.

Pero somos conscientes de que debemos ser consecuentes con lo que predicamos y demandamos, y por lo tanto que estamos obligados a ejercer nuestra función de manera clara, profesional, responsable y ética.

Al respecto es muy importante el proyecto de Periodismo, Democracia y Gobernabilidad, de la Fundación Violeta B. de Chamorro, que incluye una encuesta de opinión general levantada por la firma Borge & Asociados, así como en grupos de foco con personalidades representativas de la sociedad nicaragüense, cuyos resultados fueron presentados o se están presentando públicamente a través de los diversos medios de comunicación.

Todos los hallazgos de esas investigaciones son importantes, pero queremos mencionar ante todo a los que se refieren a que los medios ocupan el primer lugar en la confianza del público (83.4 por ciento), muy por encima de la Iglesia Católica (57.9 por ciento), ya no digamos del Gobierno, con 29.2 por ciento.

Pero también es significativo el dato de que sólo el 28 por ciento cree que no hay corrupción en el periodismo, en tanto que 53.8 por ciento considera que hay algo y 10.8 por ciento considera que hay mucha, o sea, 64.6 por ciento que cree que hay corrupción entre los periodistas.

No hay en la investigación un índice de la percepción de corrupción en las otras instituciones, para compararlo con la del periodismo. Además, la mayoría de la gente percibe a los periodistas como honestos (61.1 por ciento) versus sólo 14.7 por ciento a los funcionarios públicos y apenas 8.0 a los políticos. Pero aún así el porcentaje de gente que cree que hay corrupción en el periodismo y entre los periodistas es bastante alto, lo que indica que se echa a todos en el mismo saco sin diferenciar a los periodistas corruptos, que sin dudas los hay pero son la minoría, de los que ejercen la profesión con dignidad y honestidad, que obviamente son la mayoría.

Como sea, la mencionada información debe mover a los periodistas a ser más cuidadosos en la práctica y en la proyección de una clara imagen de honestidad personal e intelectual, y en la diferenciación del periodismo ético del corrupto. Y en este sentido estimamos que es muy valiosa la sugerencia planteada en el estudio mencionado de que el periodismo debe “equilibrar el derecho a la información y el derecho de los involucrados”; y la crítica de que “no reconoce sus errores (y) las rectificaciones que hacen no satisfacen”.

El periodismo nicaragüense debe tener capacidad de reconocer y rectificar sus errores, lo que sólo se logra por medio de la auto-formación en los principios y valores morales que deben regular la conducta personal en general y el ejercicio de la profesión en particular.

Los expertos en deontología periodística indican que el ejercicio del periodismo tiene sólo dos límites: uno es el horizontal, que lo fija la ley, y el otro es el vertical, que lo establece la moral. Y en este caso la honestidad personal no basta, hay que complementarla con la honestidad intelectual y con el cumplimiento de un código de normas éticas.

Hasta ahora el único medio de comunicación social de Nicaragua que tiene un código de ética es el Diario LA PRENSA. Esto es un gran paso hacia el ejercicio de un periodismo honesto moral e intelectualmente, pero no es suficiente. Lo más importante es cumplir el código de ética y en ese empeño estamos para beneficio del público, cual es el principio y fin de nuestro ejercicio periodístico.

Editorial
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