Orlando Vásquez está buscando en la religión su salvación.

La historia del máximo héroe

Su vida ha estado entre la gloria y las penas Wilder Pérez [email protected] A sus 33 años, Orlando Vásquez está como hace 20, cuando empezó a levantar pesas: su economía apenas alcanza para la comida, y sueña con estar entre los mejores del mundo. Pero dos décadas no pasaron en vano. Hoy ya no se […]

  • Su vida ha estado entre la gloria y las penas

Wilder Pérez [email protected]

A sus 33 años, Orlando Vásquez está como hace 20, cuando empezó a levantar pesas: su economía apenas alcanza para la comida, y sueña con estar entre los mejores del mundo.

Pero dos décadas no pasaron en vano. Hoy ya no se asoma sobre el muro para entrar a los gimnasios, lo hace por la puerta principal, y la única ayuda que pide es para reparar su taxi y trabajar.

En entrevista con LA PRENSA, el atleta nacido en el barrio Isaías Gómez de Managua, segundo de tres hermanos e hijo de una costurera y un obrero de la Alcaldía, retrocede en el tiempo, habla de su gloria y desventuras, su camino por las drogas y su posición de pastor evangélico.

¿Qué sienten los héroes panamericanos?

En 1987 en Estados Unidos, cuando agarré tres medallas, me sentí motivado, alegre, en el aire, por estar entre los 15 mejores del mundo, estaba bastante satisfecho. Vieras qué lindo es escuchar el Himno Nacional entre medio de esos países desarrollados, hasta dan ganas de llorar.

¿Lloraste?

Cuando oí el himno de Nicaragua, fue tremendo.

La cantidad exacta de tus méritos aún son un misterio incluso para el Salón de la Fama. ¿Cuántos premios has ganado?

Nacionales e internacionales, llegué a tener como 100 trofeos, 100 medallas, 60 diplomas y cuatro pergaminos.

¿Qué sentiste cuando te quitaron las medallas panamericanas?

Primero me sentí completamente emocionado, contento, que todo mundo me felicitaba y me enorgullecía. Pero a las 24 horas me di cuenta de que salí dopado. En un salón de la Villa Olímpica, llegó un doctor cubano y me dijo: Orlando tenés problemas… saliste dopado, queremos que regresés todo lo que te han dado, las medallas.

¿Qué hiciste?

Me fui a llorar solo, a un estadio preolímpico, me senté en una almohadilla de salto de garrocha. Me deportaron al día siguiente. Me sacaron escoltado de la Villa Olímpica hasta el aeropuerto, salí en el primer vuelo. Buscó consuelo en el partido de béisbol Nicaragua vs. Canadá. Para colmo, sus compatriotas salieron apaleados.

¿Ya en Nicaragua?

Venía con pena, destrozado, desmoralizado. Tenía una batería de periodistas todo el tiempo. Mi mamá pensaba que me iban a echar preso.

¿Por qué dopado?

Falta de conocimiento de medicamentos prohibidos a nivel internacional. Fue un diurético, llamado furosimida. Yo iba demasiado subido de peso. Me entrenaba Leonidas Kusharenko, un soviético. Se le fue por alto, me dijo que me tomara el diurético y no sabía que iba a ser dopado.

¿No le reclamaste?

No, tampoco le dije al periodismo quién era el que me había dado el diurético, hasta después, para no perjudicarlo, porque él me ayudó, me hizo superar bastante, fue una falla técnica de él.

¿No se volvieron a ver?

Sí, en eventos internacionales, platicamos que cómo nos pudo pasar eso.

¿Por qué ibas pasado de peso?

Comía en el Hotel Las Mercedes. Fui engruesando, pesaba 108 libras y cuando miré estaba en 130.

¿Entonces te afectó pasar del gallopinto al buffet abierto?

Já, já, já… ¡directo! já, já, ahí cualquiera agarra de todo.

¿Y el retorno?

Me dije que iba a recuperar el prestigio. Volví a clasificar, a agarrar medallas, romper marcas. Para la honra y gloria de Dios logré una de plata y dos de bronce. Me hicieron como 400 veces el doping. En el 95 logré tres más.

¿Por qué vendiste la casa y el carro ganados?

Por problemas económicos. Tomaba mucho, muchas deudas por mi mismo vicio.

¿Cómo caíste en drogas?

Después del alcohol, por vagancia, malas amistades. Cuando uno tiene fama y dinero no le da importancia al vicio, y eso es progresivo. Gracias al Señor que salí de eso, después de cuatro años, hasta que me metí a un centro de habilitación. Ya estaba viendo diablos azules y cosas que no eran.

¿Cómo es que un atleta de alto rendimiento cae en eso?

El ser humano es débil. Era fuerte físicamente y tuve mi debilidad en eso. Pero la federación, mi familia y unos amigos se preocuparon bastante. No le pedí al Señor que me ayudara, quería salir yo mismo.

¿Qué tan grande te sentís hoy?

Dios me ha recobrado nueva vida, me siento orgulloso de eso, sabemos que Dios va a proveer. Quiero participar en los Juegos Olímpicos y mi edad me lo permite. Me quiero retirar con un orgullo, entre los diez mejores del mundo.

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