Marcela Sánchez

Pocas nuevas económicas para Argentina

Marcela Sánchezwashingtonpost.com El presidente argentino Néstor Kirchner ocupó los titulares tras su visita inaugural a Washington esta semana, aunque gran parte de la noticia tal vez no fue lo que muchos argentinos estaban esperando escuchar. Al declarar que “no puede haber inmunidad en Argentina” Kirchner repitió su llamado a eliminar todas las leyes de amnistía […]

Marcela Sánchezwashingtonpost.com

El presidente argentino Néstor Kirchner ocupó los titulares tras su visita inaugural a Washington esta semana, aunque gran parte de la noticia tal vez no fue lo que muchos argentinos estaban esperando escuchar.

Al declarar que “no puede haber inmunidad en Argentina” Kirchner repitió su llamado a eliminar todas las leyes de amnistía que puedan estar protegiendo a los responsables de miles de muertes durante las dictaduras de los 70 y 80.

Aunque éstas pudieron ser palabras bien recibidas por algunos en su país, otros estaban más ansiosos por saber en qué medida la primera reunión de Kirchner con el presidente Bush podría contribuir al éxito de la misión principal que lo puso en el cargo hace ocho semanas –resucitar la profundamente enferma economía de su país.

El líder argentino ha propuesto una reestructuración de su enorme y atrasada deuda que le extienda el plazo a pagar, y muchos en Buenos Aires esperaban que Bush apoyaría el futuro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, esencial para cumplir ese propósito. No lo hizo, sin embargo, lo cual no debiera sorprender a nadie.

Primero que todo el plan está apenas comenzando. Y segundo, insisten mucho aquí en Washington, cualquier nuevo crédito del Fondo sólo retrasaría la plena recuperación de la economía argentina.

Tampoco debiera sorprender a nadie que muchos acá, en Argentina y en otras partes de América Latina puedan interpretar esta falta de resultados más concretos en el frente de la deuda como el más reciente indicio de una cierta terquedad de parte de Bush.

Su inflexibilidad hacia Argentina ya les ha costado mucho dolor a los argentinos, dicen, y esta última actitud no hace más que aumentar las sospechas de que el presidente estadounidense tiene poco interés en Latinoamérica a pesar de sus actuales dificultades económicas.

Aunque Bush se muestra indeciso, por decir lo menos, sobre el presente, parece estar siendo más diligente acerca del futuro. Incluso mientras se reunía con Kirchner, funcionarios de su administración se forzaban por encontrar maneras de prevenir una nueva crisis económica. Es una propuesta nacida de ideas creativas que abrigan la posibilidad de que la comunidad internacional pueda resolver más eficientemente dichas crisis e incluso anticiparlas o prevenirlas.

El cambio más simple pero quizás más profundo llega con la adopción de algo llamado cláusulas de acción colectiva que previenen que pequeños grupos de acreedores bloqueen una reestructuración de deuda que la mayoría considere favorable. Economías emergentes están incluyendo más frecuentemente dichas cláusulas en nuevos contratos de deuda cuando emiten bonos para prestar dólares.

Tal mecanismo debiera resultar útil en momentos de crisis como el de Argentina actualmente. Pero no se adoptó durante aquellos años en que Argentina pareció acumular deuda a la velocidad de la luz y ahora se encuentra inmersa en un desordenado proceso para renegociar el pago de su deuda.

Aquellos que apoyan esta táctica también dicen que la idea puede usarse mirando hacia el futuro, ya que le da un cierto grado de sobriedad al juego de la inversión al indicarle a los inversionistas que tal vez deban ser más responsables por los riesgos que toman porque paquetes internacionales de rescate podrían ser menos frecuentes.

No es sorprendente que las cláusulas colectivas fueron inicialmente rechazadas como otra píldora venenosa recetada por el doctor Washington que simplemente elevaría el costo de los préstamos. Pero esos temores se han disipado desde comienzos de este año cuando México se convirtió en el primer país emergente en adoptarlas. Brasil y Uruguay han seguido el ejemplo desde entonces y Uruguay recientemente convirtió en bonos, con dichas cláusulas, parte de su deuda.

Funcionarios de la administración Bush llegaron a Washington con la determinación de acabar con los masivos rescates financieros. Demasiadas veces, argumentaban, dichos paquetes de préstamos no sólo fracasaron en detener conmociones financieras sino que resultaron en una mayor repartición de dinero de los contribuyentes para rescatar a inversionistas ricos.

Ellos le dieron la espalda a los problemas argentinos, pero cuando Brasil recibió después un paquete de ayuda que rompió récords, el mensaje pareció contradictorio. Ahora los funcionarios de la administración esperan que el punto haya quedado claro y que las cláusulas colectivas se convertirán en norma en futuras transacciones financieras.

Las cláusulas colectivas son parte de una estrategia más amplia descrita por el subsecretario del Tesoro John B. Taylor en una entrevista esta semana. Taylor y sus colegas están buscando formas para reformar varias prácticas crediticias del Fondo al igual que incrementar la capacidad del Fondo y de Estados Unidos para reconocer con suficiente anticipación señales de factibles problemas futuros.

Así que aunque todavía mucho queda por resolverse acerca de Argentina hoy, la esperanza es que su pasado contribuya a reformar reglas de financiamiento internacional para enfrentar crisis futuras.

Es obvio que eso no es ningún consuelo para los desempleados y pobres ahora en Argentina. Y también es obvio, o al menos comprensible, que Bush trate de darle solución a ese problema también.

El líder argentino ha propuesto una reestructuración de su enorme y atrasada deuda que le extienda el plazo a pagar, y muchos en Buenos Aires esperaban que Bush apoyaría el futuro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, esencial para cumplir ese propósito. No lo hizo, sin embargo, lo cual no debiera sorprender a nadie.

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