- No acepta ser mencionado como el sucesor de un “arnoldismo sin Arnoldo”
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
A la primera hora del sábado 19 de julio, mientras Daniel Ortega calentaba motores para el acto central de la fiesta sandinista en la Plaza Juan Pablo II, Francisco Aguirre Sacasa y Arnoldo Alemán desayunaban juntos en El Chile, intercambiando ideas sobre la estrategia política del Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
Aguirre explica que visitó al hoy reo Alemán, gracias a un permiso de la juez Juana Méndez, quien horas después estaría saludando a Daniel Ortega, frente a miles de sandinistas, llevada de la mano de Rosario Murillo, la compañera del ex mandatario sandinista.
Ex canciller y ex embajador en Washington durante la administración de Alemán, Aguirre Sacasa ha sido mencionado en los corrillos políticos como el sucesor de un “arnoldismo sin Arnoldo”, algo que él niega, así como rechaza que tenga aspiraciones presidenciales por el momento, durante una entrevista en la que abordó tópicos de la coyuntura política.
El autor del Atlas Histórico de Nicaragua insiste —tal como solía recalcar Alemán— que el “PLC quiere ser puente y no pared”.
De usted se asegura que es el gallo de tapada de Arnoldo Alemán. ¿Es así?
El estar hablando de gallos de tapada y de dedazos a estas alturas es completamente ridículo y absurdo. Los gallos de tapada son un fenómeno mexicano que ya dejó de funcionar porque ahora con la elección de (Vicente) Fox esta práctica del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cayó en desgracia, yo creo que en nuestro partido, la escogencia de los candidatos tanto de alcaldes como de la presidencia, será el resultado de un proceso democrático de lucha interna sin que haya dedazos ni tapados. El mismo Arnoldo Alemán ha dicho que con el dedazo le salió el tiro por la culata. O sea que yo no creo que nuestros candidatos para alcaldes o presidentes, sean el resultado de dedazos, sino de la escogencia de las bases del partido en base al trabajo con esas bases.
Se insiste que usted representaría un “arnoldismo sin Arnoldo”, algo así como un René Schick. ¿Es así?
Yo me veo como un liberal, no me siento avergonzado de mi partido, siento que tuvimos un récord de gobierno de logros importantes, por ejemplo, entre 1997 y el 2001, por primera vez en una generación el ingreso per cápita de nuestro país subió y la pobreza se redujo. Hay todo un rosario de logros específicos que te podría recitar pero para mí ese es el más importante. Y además, se afianzó la reconciliación nacional y se llevó a cabo una elección libre y transparente como la del 2001.
¿Usted aspira a ser presidente?
Yo creo que las elecciones presidenciales están todavía a tres años y medio, al acercarnos y al ver qué pasa en las elecciones municipales, que son las prioridades, se esclarecerán muchas cosas, y en ese momento veremos si conviene o no que yo sea candidato. Es prematuro hablar sobre eso.
¿Por qué el PLC continúa aferrado a Arnoldo Alemán? ¿No habrá relevo de liderazgo?
Yo creo que en el PLC hay elementos valiosísimos, el mismo Eduardo es persona que tiene evidente respaldo, Wilfredo Navarro tiene gente que lo apoya, y hay muchos otros en el partido que se podrían mencionar. Tenemos gente joven que se está formando en el fogueo del partido. El énfasis de nuestro partido es el fortalecimiento institucional y su democratización. Ojalá ese mismo fenómeno se diera en el FSLN que es la otra gran fuerza política de nuestro país.
¿El PLC echará a los disidentes como ocurrió en el FSLN?
Hay una gran diferencia. En nuestro partido hay gente que se va cuando se aburre de dar la lucha interna, o quién sabe qué es lo que buscan, tal vez estar arrimados al poder, no sé lo que será lo que los motiva, pero nosotros no expulsamos a nuestros disidentes, es más, el credo liberal venera la libertad personal, de expresión, puntos de vista y opinión. No vamos a expulsar a nadie de los que andan formando esos movimientos de liberales entre comillas solamente porque decidieron que su ventaja política se encontraba en otras praderas y no en las nuestras.
A Montealegre lo ven como una carta de unidad del liberalismo, ¿Van a descartar esa carta?
Te repito que Eduardo Montealegre lo que ha quedado es suspendido no por una votación del CEN, se habla mucho de los duros y blandos del CEN, la autoridad del partido son los convencionales quienes pueden cambiar todo el CEN si quieren.
Cuando se vio a María Fernanda dando instrucciones en la convención a Enrique Quiñónez, dio la impresión que era Arnoldo Alemán el que estaba detrás de eso.
Yo honestamente eso no lo vi, en unos momentos me levantaba porque hacía un calor endemoniado allí, para mí fue una sorpresa el llamado discurso improvisado de Eduardo Montealegre, improvisado no fue porque él leyó un documento, no estaba en la agenda ese discurso, yo creo que al darle la palabra a Eduardo, se hacía muy difícil respetar un acuerdo que había con Quiñónez de bajarle el perfil al tema de Eduardo Montealegre en esa convención. En ese momento ya era imposible que Enrique Quiñónez no llevara el tema de su votación como punto vario a la convención.
¿Cuánto tiempo permanecerá en la oposición el PLC?
Esa decisión la tomamos por dos razones: porque teníamos ya un largo rato de estar siendo perseguidos por el gobierno que nosotros llevamos al poder. Y en cualquier país del mundo, si la criatura del partido se le voltea a éste, pues es natural que después de un largo período de hostigamiento el partido decida pasar a la oposición. Y lo hicimos por otra razón importante: tenemos elecciones municipales en el 2004, elecciones presidenciales en el 2006, y la encuesta reciente del Foro Liberal demuestra que este es un gobierno que ha sido reprobado por la población, su nota promedio fue de 3,7. Entonces, para nosotros, el cargar con el muerto de un gobierno que ha demostrado ser irrelevante a las realidades y problemas de Nicaragua, sería un suicidio político, sobre todo cuando nuestro partido ha sido perseguido por Enrique Bolaños. Esas son las razones por las que se decidió pasar a la oposición, fue una decisión traumática, mediante una votación formal en el CEN que normalmente no ocurre, diferente a lo que pasó en el caso de Eduardo, que para mí es una anécdota de menor importancia.