María Isabel Martínez, madre y abuela de una mujer y dos niñas asesinadas en San José, Costa Rica. (LA PRENSA/C.CORTEZ)

Cuerpos serán repatriados

Elízabeth Romero [email protected] Hace siete años María Martínez, de 34 años, abandonó su país en busca de trabajo. Atrás dejó el maltrato del cual había sido víctima por parte de su ex cónyuge, de quien su familia prefiere no referirse y con quien procreó cuatro niños. María Isabel Martínez, su madre, asegura que su hija […]

Elízabeth Romero [email protected]

Hace siete años María Martínez, de 34 años, abandonó su país en busca de trabajo. Atrás dejó el maltrato del cual había sido víctima por parte de su ex cónyuge, de quien su familia prefiere no referirse y con quien procreó cuatro niños.

María Isabel Martínez, su madre, asegura que su hija dejó a sus cuatro hijos mayores en manos de sus familiares que habitan en El Sauce, municipio de León, de donde son oriundos, para buscar trabajo en ese país donde encontró la muerte.

María Martínez regresó a Nicaragua hace tres años. Esa fue la última vez que su madre la vio a ella y a sus dos hijitas Yorleny y Johana, procreadas con Jonathan González Alvarado, quien segó sus vidas el pasado martes.

Después la familia no supo más de ella, ni volvió a llamar por teléfono ni a enviar dinero a sus hijos en Nicaragua, recuerda María Isabel Martínez, quien enjuga las lágrimas que corren por sus mejillas y presurosa explica el drama que enfrenta para repatriar el cuerpo de sus parientes.

La fatal noticia que conoció a través de los medios de comunicación, les sorprendió sin dinero y sin ninguna posibilidad económica para trasladar los cadáveres.

Ayer la familia consiguió prestada una camioneta y la mujer decidió viajar a la frontera Sur, con 2,000 córdobas en el bolsillo, que también alguien les facilitó.

Hasta ayer, la mujer desconocía si lograría llegar hasta San José, o a la frontera, pues todo dependía de si los cuerpos eran entregados a un hijo suyo que permanece indocumentado en ese país.

De González la mujer únicamente sabe lo que los vecinos le comentaron en una ocasión que ella viajó a Costa Rica a visitarla: “que el hombre era bien violento con ella”.

Sin embargo, de boca de su hija, María Isabel no conoció lo que estaba pasando entre la pareja. Y aunque la progenitora supo del maltrato de que era víctima su hija mayor, nunca esperó un desenlace fatal.

Hasta ayer Martínez no había podido comunicarse con el padre de su hija Salomé Pichardo, quien habita en Nueva Guinea.

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