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Mejor encender luces
En los últimos días ha habido una áspera controversia pública entre algunos creadores culturales y el director del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC).
Sus razones tendrán ambas partes en esta trifulca intelectual, pero la esencia del problema cultural en Nicaragua no es si el Gobierno debe subsidiar o convertir en empleados a sueldo del INC a determinados artistas y promotores culturales. Y tampoco si las autoridades del INC han tenido razón o no en despedir a trabajadores culturales.
Es necesario esclarecer qué se debe entender por política cultural del Estado, y las autoridades del INC deben informar lo que hacen al respecto. Pero también hay que poner en claro hasta dónde en una sociedad abierta y competitiva como es la que hay ahora en Nicaragua, se debe practicar el estatismo cultural y el paternalismo artístico.
Se dice que la cultura es la conducta aprendida de los individuos y que los resultados de la conducta son transmitidos de generación en generación, por medio de las obras materiales, espirituales e intelectuales. Y que el impacto de la cultura en el proceso de aprendizaje es determinante para la formación de la personalidad y depende de los valores y principios que se inculquen desde la infancia. En otras palabras, el comportamiento cultural de la persona en su vida adulta depende de los hábitos y principios que asimiló desde su niñez.
Por eso es que se dice que los valores morales, los hábitos y las actitudes de las personas tanto en su comportamiento individual como en sus relaciones sociales, están determinados por el tipo de cultura que prevalece en el medio. Que la sociedad se fortalece cuando los patrones de conducta son positivos y se practica la responsabilidad, la honestidad y el civismo. Y que, al contrario, cuando las personas no practican patrones positivos de conducta la sociedad se debilita y envilece por el predominio de actitudes transgresoras, imperio de la impunidad y culto a la corrupción en todas sus diversas manifestaciones.
De manera que el sistema educativo es responsable en lo fundamental de la formación de hábitos culturales positivos, o culpable del deterioro cultural de la sociedad. Por eso consideramos que es importante que haya un enfoque de “educación para la vida”, como el que ha planteado el actual Ministro de Educación, que hemos apoyado en su única manifestación práctica que conocemos: participación escolar en la reforestación.
Por otro lado, en relación con que si el Estado debe subsidiar o no a los creadores culturales, pensamos que la cultura no debe ser patrimonio de ningún grupo político ni subordinarse a ninguna corriente ideológica. La experiencia mundial, incluyendo la de Nicaragua, ha demostrado que cuando el Estado se hace cargo de la cultura inevitablemente se cae en el sectarismo, la masificación y la mediocridad.
La cultura es crítica por su propia naturaleza y esta función esencial es incompatible con los intereses y el ego de los políticos y burócratas que controlan el Estado. Por ejemplo, quienes ahora critican agriamente al director del estatal INC y al gobierno por la falta de políticas culturales, ¿podrían hacerlo si estuvieran subsidiados o enlistados en las planillas del Estado?
Ahora bien, estamos claros de que el rechazo a la estatización cultural no significa dejar la cultura al garete, en el abandono, condenada a la desidia y el desinterés. De lo que se trata más bien es de comprender que la creación cultural —y artística en lo particular— depende ante todo del genio, el talento, la creatividad y el esfuerzo individual; es algo que nace del alma de la persona y no se puede producir en ninguna maquila cultural masiva y amorfa.
Sería bueno que nuestros creadores culturales hicieran una reflexión en profundidad sobre los problemas fundamentales de la cultura, y que propusieran alternativas a la manipulación estatal a través del financiamiento o de cualquier otro medio. ¿Por qué no explorar, por ejemplo, la posibilidad de impulsar el mecenazgo, que en otros países es exitoso y que aquí se practica de vez en cuando también con buenos resultados?
Los artistas y en general los creadores de cultura tienen más obligación que los demás sectores sociales, de encender luces en vez de limitarse a maldecir la oscuridad.