El dictador Saddam Hussein, centro, junto con sus hijos Udai (izq.) y Qusai. En Bagdad, algunos pobladores celebraron la noticia de la muerte de los temidos y odiados “príncipes” del viejo régimen disparando ráfagas de fusil al aire. (LA PRENSA/AP)

Señores del terror

Los hijos de Saddam compartían con su padre poder y riqueza, pero también otras características: eran igualmente brutales, crueles, sanguinarios y amantes del lujo desenfrenado Reuters, EFE BAGDAD.- Los dos hijos de Saddam Hussein, Udai y Qusai, quienes ayudaron a mantener el reino de terror del dictador iraquí durante su férreo control del país, que […]

  • Los hijos de Saddam compartían con su padre poder y riqueza, pero también otras características: eran igualmente brutales, crueles, sanguinarios y amantes del lujo desenfrenado

Reuters, EFE

BAGDAD.- Los dos hijos de Saddam Hussein, Udai y Qusai, quienes ayudaron a mantener el reino de terror del dictador iraquí durante su férreo control del país, que duró casi 30 años, murieron haciendo honor al viejo dicho: el que a hierro mata, a hierro muere.

La caza de los dos hijos mayores del derrocado Hussein concluyó de la manera más lógica: cruentamente, con sus protagonistas acribillados a balazos tras una vida dominada por la violencia y la sangre.

Udai, de 39 años, el hijo mayor de Hussein, sentía una enorme atracción por los automóviles deportivos, las botas de vaquero y los asesinatos, pero perdió el favoritismo de su familia cuando golpeó a un sirviente de la casa hasta causarle la muerte.

Sin embargo, seguía perfilándose como el heredero de su omnipotente padre hasta que fue baleado y herido gravemente en un intento de asesinato en 1996, lo que cuestionó su autoridad dentro de la élite gobernante.

Incluso dentro de su propia familia fue considerado “una bala perdida’’, un hombre que tenía una horrenda reputación por su despiadada brutalidad y que había asesinado o mutilado a varias personas con sus propias manos.

No obstante, ambos hijos de Hussein se mantuvieron en el centro del poder y permanecieron siendo instrumentos que su padre usó para mantener el control del país con métodos violentos.

Después de que las tropas estadounidenses y británicas derrocaron este año a su padre, Udai y su hermano menor, Qusai, desaparecieron, pero aparentemente se refugiaron dentro de Irak.

Durante el gobierno de Hussein, Udai tuvo un poder enorme y aplicó el terror más allá de sus modestos títulos de presidente del Comité Olímpico Iraquí y de la Asociación Nacional de Fútbol.

UNA BROMA CRUEL

El otro cargo que ocupó —considerado casi una broma cruel— fue el de presidente del Sindicato de Periodistas, y era dueño del periódico más importante de Irak, Babel, y director del canal de televisión más popular del país, Shebab.

Sin embargo, Udai ganó muchos enemigos por su implacable conducta y por vivir en la mayor riqueza, mientras la población del país padecía penurias bajo las sanciones económicas impuestas por la ONU a Irak después de su invasión a Kuwait, en 1990.

Udai se casó con una adolescente hija de Barzan Ibrahim al-Tikriti —uno de los medio hermanos de Hussein— pero luego la envió de regreso a su hogar y se olvidó de la muchacha.

Su ex suegro dijo una vez en el 2000 que Udai era tan “codicioso e incapaz para desempeñarse en el poder’’ como dos prominentes desertores iraquíes.

La rivalidad de Udai con uno de esos desertores —el yerno de Hussein, teniente general Hussein Hassan Kamel, autor intelectual del programa secreto de armas de exterminio que Irak puso en práctica— obligó a Kamel a escapar a Jordania en 1995.

Kamel y su hermano —casado también con una de las hijas de Hussein— escaparon de Irak cuando Udai hirió a balazos a otro medio hermano del ex líder iraquí, Watban Ibrahim al-Hassan.

Siete meses después, Udai se reunió con el arrepentido Kamel en la frontera iraquí y se dice que lo abofeteó y lo llevó en su automóvil —junto a su hermano, también exiliado— mientras sus respectivas esposas fueron enviadas a Bagdad con sus niños.

Tres días después, Kamel, su hermano y el padre de ambos fueron muertos a balazos. A principios del 2000, la madre de Kamel fue asesinada también en su casa de Bagdad.

QUSAI ERA EL HEREDERO REAL

Aunque nunca se anunció públicamente, se esperaba que Qusai, sucediera a su padre en el gobierno cuando llegara el momento.

Qusai, nacido en 1966, mantuvo siempre un perfil mucho más bajo y era considerado una persona más tímida que su hermano, pero después que Udai fue herido en el atentado de 1996, se encargó de la jefatura de sectores vitales de las fuerzas armadas y del temido aparato de seguridad del gobierno iraquí.

Qusai controlaba las tropas de élite de la Guardia Republicana, los servicios de inteligencia y una fuerza especial que brindaba seguridad personal a Hussein, lo que lo convirtió en el segundo hombre más poderoso del país.

No obstante, diplomáticos dijeron que —como su padre— Qusai era despiadado con sus oponentes y tuvo un papel muy destacado en aplastar una rebelión en 1998 y asesinar a los disidentes.

“Udai era vulgar, pero Qusai era callado y calculador’’, dijo la madre de uno de sus compañeros de aula sobre los hermanos en el libro del autor palestino Said Aburish: “Saddam Hussein: la política de la venganza’’, una biografía del ex líder iraquí.

QUEDA AÚN EL PEZ MÁS GORDO

Con dos de los ases de la baraja ya descartados, Estados Unidos busca ahora su más preciado botín: el as de corazones asignado al propio dictador. Los agentes estadounidenses encargados directamente de su captura creen que aún se encuentra en Irak, emboscado en algún área al norte de Bagdad, posiblemente en el denominado “triángulo sunita”, que forman las ciudades de Faluja, Ramadi y Tikrit, cuna de Saddam Hussein.

GOLPE PARA LA RESISTENCIA CONTRA LOS OCUPANTES

Estados Unidos espera que la muerte de los dos hijos de Hussein ayude a frenar la ola de resistencia armada contra su ocupación de Irak y anime a la población a colaborar más con las nuevas autoridades.

La noticia fue recibida con satisfacción por el Gobierno de Washington, que ha visto como la ocupación de Irak afronta crecientes problemas, con cada vez más soldados muertos y lentitud en la reconstrucción, todo a un coste de casi 4,000 millones de dólares al mes.

“Es un gran día para el pueblo iraquí y para las fuerzas estadounidenses, que una vez más han mostrado un profesionalismo asombroso”, afirmó el administrador de Irak, Paul Bremer, a la salida de una reunión en el Senado de Estados Unidos.

Bremer, quien se encuentra esta semana en Washington para tratar los problemas de la pacificación y reconstrucción del país, no quiso dar más detalles. En la Casa Blanca la noticia no pudo llegar en un momento más apropiado.

Las continuas complicaciones de la ocupación en Irak, la falta de éxito en la búsqueda de armas de destrucción masiva y la ausencia de noticias sobre el paradero de Saddam Hussein y sus hijos, combinadas con la dubitativa marcha de la economía de EE.UU., han supuesto una fuerte caída del presidente George W. Bush en las encuestas de opinión.

Ricardo Sánchez, general de tres estrellas y jefe de las fuerzas de tierra estadounidenses en Irak confió en que la muerte de Udai y Qusai Hussein “tendrá efecto” en la guerra de guerrillas que enfrentan las tropas del Pentágono.

“Esto probará al pueblo iraquí que al menos estos dos miembros del régimen no retornarán al poder, que es lo que hemos dicho una y otra vez. Estamos totalmente comprometidos en que el régimen de Hussein nunca vuelva al poder”, afirmó Sánchez.

Washington consideraba que la supervivencia de Saddam Hussein y sus hijos era la principal fuente de inestabilidad en Irak, ya que alimentaba la resistencia guerrillera contra su administración, a la vez que disuadía a la población de cooperar con las tropas anglo-estadounidenses de ocupación.

Sánchez explicó que una fuente informó a los militares estadounidenses de que varios sospechosos, incluidos varios miembros del derrocado régimen de Bagdad, entre los que podrían estar los hijos de Saddam, estaban en la citada vivienda, a la que se trasladaron las tropas de EEUU.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí