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Reconciliación, ¿de una o de doble vía?
Según algunas versiones periodísticas de la celebración sandinista del 19 de julio, el sábado pasado, el FSLN dio un gigantesco paso en dirección a ganar las próximas elecciones presidenciales y recuperar el poder total.
Quienes así piensan se refieren a la significativa presencia de la Iglesia Católica en el mitin sandinista, a la alocución del representante personal del cardenal Miguel Obando, monseñor Eddy Montenegro, y al discurso del comandante Daniel Ortega, con cuyas palabras supuestamente quedaron saldadas las cuentas entre el liderazgo episcopal y el comando sandinista.
En su enfoque informativo, LA PRENSA de ayer dio como un hecho la reconciliación entre el FSLN y la Iglesia Católica, y tituló con grandes letras la noticia sobre este acontecimiento que de ser cierto tendría en realidad trascendencia histórica nacional.
“Durante casi 24 años las relaciones entre el Frente Sandinista y la Iglesia Católica fueron frías, tensas y en ocasiones hasta violentas”, se dijo en la información de LA PRENSA. O sea que no sólo hubo violencia del sandinismo contra la Iglesia Católica, a la que quiso sustituir con una “iglesia popular” basada en el sincretismo cristiano-marxista, sino que también la Iglesia ejerció la violencia contra el sandinismo.
Pero Daniel Ortega no reconoció, en su discurso de este 19 de julio que su partido y régimen hubiesen cometido violencia contra la Iglesia Católica, ni pidió perdón por eso. Lo que dijo Ortega fue que él y sus camaradas sandinistas cometieron errores en sus relaciones con la Iglesia “por nuestro (de los sandinistas) profundo amor a Nicaragua y a la defensa de la soberanía del país, por nuestro profundo amor por los pobres, campesinos y desposeídos”. O sea que tales “errores” del Frente Sandinista fueron porque la Iglesia Católica no amaba a Nicaragua, atentaba contra la soberanía del país, y no amaba a los pobres, los campesinos y desposeídos.
Por su parte, monseñor Eddy Montenegro, durante su discurso en el mitin sandinista pidió al Señor “para que los nicaragüenses reconciliados y dándonos un abrazo de paz podamos construir el futuro, olvidando el pasado y viendo hacia el presente”. Lo que significa, según aclaró posteriormente a los periodistas, que: “Si los nicaragüenses eligen y favorecen con la mayoría del voto al Frente Sandinista, ahí estaremos siempre colaborando para que Nicaragua salga adelante”.
Ahora bien, la reconciliación según el diccionario común consiste en “el restablecimiento de la amistad, el trato o la paz, después de desavenencia, ruptura o lucha”. Y de acuerdo con su significado bíblico “la reconciliación se aplica propiamente, no a las buenas relaciones en general, sino a la anulación de una enemistad, la solución de una disputa. Denota que las partes reconciliadas anteriormente fueron hostiles entre sí”, tal como se dice en el Diccionario Bíblico de Logos Library Sistem. El cual agrega que: “La forma de terminar con la enemistad es quitar aquello que la causó. Podemos pedir disculpas por la palabra dicha sin reflexión, podemos pagar el dinero que debemos, podemos llevar a cabo la reparación o restitución que corresponde. Pero en todos los casos, en el camino a la reconciliación se encuentra una efectiva eliminación de la causa de la enemistad”.
Mientras que el Catecimo de la Iglesia Católica señala (Párrafo 982) que: “No hay nadie que sea tan perverso y tan culpable, que no se deba esperar con confianza su perdón siempre que su arrepentimiento sea sincero”. Y el Párrafo 2844 señala que: “El perdón es la base fundamental de la reconciliación de los hijos de Dios con su padre y de los hombres entre sí”.
Es decir, que la reconciliación es de doble vía; que para ser perdonado hay que arrepentirse y demostrar el arrepentimiento con hechos y actitudes concretas, por ejemplo, devolviendo lo robado y pidiendo perdón expresamente a los agraviados.
Por supuesto que en términos políticos puede haber reconciliación de una sola vía, es decir, que por las razones que sean el agraviado se olvide de los agravios que sufrió y se acomode o someta a las condiciones de quien lo agravió, bajo el “principio” pragmático de borrón y cuenta nueva.
¿De qué clase es, entonces, la reconciliación de la jerarquía católica con el Frente Sandinista?