Expertos del Equipo Argentino de Antropólogos Forenses trabajan en una fosa común clandestina de víctimas de la represión de la dictadura, la más grande hallada en Argentina, en el cementerio de la ciudad de Córdoba, a 800 km al noroccidente de Buenos Aires. (LA PRENSA/REUTERS)

Argentina: Renace la esperanza de hacer justicia

El gobierno de Kirchner pretende derogar las leyes que garantizan la impunidad de cientos de militares que torturaron, “desaparecieron” o asesinaron a miles de personas durante la dictadura Simon GardnerReuters CÓRDOBA, ARGENTINA.- Flanqueado por ataúdes en una morgue fría y húmeda, el antropólogo forense Darío Olmo estudia minuciosamente un esqueleto sobre una mesa y, hueso […]

  • El gobierno de Kirchner pretende derogar las leyes que garantizan la impunidad de cientos de militares que torturaron, “desaparecieron” o asesinaron a miles de personas durante la dictadura

Simon GardnerReuters

CÓRDOBA, ARGENTINA.- Flanqueado por ataúdes en una morgue fría y húmeda, el antropólogo forense Darío Olmo estudia minuciosamente un esqueleto sobre una mesa y, hueso por hueso, arma el rompecabezas del horror que vivió Argentina hace 25 años.

Al lado de una costilla manchada con barro, una media deshilachada y una cuerda de nylon dan una pista del destino final de un desconocido a manos de la brutal dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.

“Este hombre tenía algo en el cuello que lo estranguló. Ahí ves salvajismo insólito”, dijo Olmo, quien intenta identificar a docenas de víctimas cuyos cuerpos fueron recuperados de una enorme fosa común clandestina en Córdoba, unos 800 kilómetros al noroeste de Buenos Aires. Es la mayor fosa común encontrada.

Los antropólogos forenses intentan identificar los cuerpos, uniendo con pegamento pedazos de huesos del cráneo rotos por el impacto de balas y estudiando piezas dentales.

REPRESORES PODRÍAN AL FIN ENFRENTAR LA JUSTICIA

Mientras el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses desentierra la verdad 20 años después de que el gobierno militar abandonara el poder, los responsables de los crímenes podrían finalmente tener que enfrentar a la justicia.

Actualmente protegidos por leyes de amnistía, cientos de militares podrían perder su inmunidad y hasta podrían ser extraditados para ser juzgados en tribunales extranjeros por los delitos de secuestro, tortura y asesinato de entre 10,000 y 30,000 personas desaparecidas durante la dictadura.

¿DÓNDE ESTÁN HOY LOS EX JEFES DE LA JUNTA MILITAR?

Los líderes máximos de la junta militar no fueron beneficiados por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de 1987. Fueron juzgados y condenados cuando se desplomó la dictadura. Pero luego fueron indultados por el ex presidente Carlos Menem.

Sin embargo, años después fueron condenados nuevamente por el delito de robo de bebés, que no prescribe, y cumplen arrestos domiciliarios.

El líder de la Junta entre 1976 y 1981, Jorge Videla, está encerrado en su hogar, mientras que Emilio Eduardo Massera, que controlaba un centro de torturas, se encuentra hospitalizado en estado de salud muy grave. Leopoldo Galtieri, que llevó al país en 1982 a una guerra para recuperar las Islas Malvinas, murió este año.

El equipo de Olmo, que participó en la búsqueda de los restos del revolucionario argentino-cubano Ernesto “Che» Guevara en Bolivia, ya ha identificado a cerca de 100 víctimas de la dictadura argentina.

Las imágenes de las víctimas pasan por la cabeza de Olmo mientras observa la gigante fosa común en la que cerca de 40 cadáveres fueron arrojados junto a desechos hospitalarios y basura.

“Hay muchos restos que nunca se van a recuperar. Miles”, dijo.

NIÑOS CRIADOS POR VICTIMARIOS DE SUS PADRES

Los hijos de desaparecidos intentan cada vez que pueden amargar el encierro o la existencia de los ex represores.

Siguen persiguiendo a quienes acusan de haber masacrado a sus padres y realizan ruidosas manifestaciones en el frente de sus casas.

Muchos de los miembros de la organización HIJOS nacieron en centros clandestinos de detención y torturas. Fueron tomados por los captores y entregados en adopción a las familias de militares.

Mientras tanto sus verdaderos padres eran drogados y arrojados desde aviones al Océano Atlántico.

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