El delito de Noel Sacasa

Silvio de Franco

Conocí a Noel en 1976 cuando ambos éramos investigadores en INCAE. En un ambiente a veces frívolo, Noel me pareció una persona seria y hasta un poco reservada. Luego llegaría a comprender que Noel no gastaba su tiempo en lucir su ingenio en conversaciones huecas y banales.

Me comenzó a impresionar su determinación de llegar al fondo en cada análisis y su capacidad de argumentar con lógica impecable. Pero más que eso, descubrí una persona sin dobleces y siempre dispuesta a hacer lo correcto. Supe, después, que Noel era un católico de verdad, de esos (¿pocos?) que son consistentes entre lo que creen y lo que practican.

Con la revolución se sintió comprometido a quedarse en Nicaragua, a pesar que en 1983 al abrir la nueva sede de INCAE en Costa Rica tuvo el ofrecimiento y la oportunidad de irse. Se quedó en Nicaragua porque consideró necesario dar testimonio de verdad, en un país lleno de pasiones, ideologías, escasez, violencia e imposiciones autoritarias.

Durante lo que Juan Pablo II llamó “la noche oscura” estuvo en Nicaragua con su familia y, en su modestia, comentaba muy poco de su labor de solidaridad y aliento para la comunidad cristiana a la que pertenecía.

Poco a poco, con la amistad y con los años, conocí su sentido del humor, su alegría y su gran amor para su esposa y sus hijos.

En 1990 con el gobierno de doña Violeta, Noel se ofreció voluntariamente a abandonar INCAE para trabajar juntos en el Ministerio de Economía y Desarrollo a mi cargo.

Llenos de entusiasmo y de esperanza comenzamos a trabajar hombro a hombro por un nuevo país. Discutíamos las políticas, Noel las analizaba a fondo sin dejar tópico alguno sin examinar con detalle y precisión. Era siempre la labor de un profesional de primera, como pocos de los que he conocido. Otro tanto hicimos a mi paso por el Banco Central.

Años después me tocó asesorar, ocasionalmente, a Noel cuando ocupó la cartera de ministro del Mific en el gobierno del doctor Alemán. Noel buscó siempre la manera de lograr políticas sólidas para el beneficio de Nicaragua respetando hasta el extremo los fondos públicos. Nunca tocó un centavo que no fuera de él. Nunca buscó su propio beneficio. En más de una ocasión me buscó para hablar de las presiones y dilemas éticos que venían incrementándose con el tiempo, profundizando cada vez más su compromiso con Cristo y con sus prójimos.

Cuando Noel pasó a la Superintendencia de Bancos hablamos de vez en cuando de los problemas globales que había en el Sistema Financiero y que, nos consta a todos, no comenzaron ni fueron creados por él sino que venían arrastrándose desde hace años, agravados por una Superintendencia anterior débil y con pocos recursos. Le tocó a él el papel que juegan los médicos llamados a última hora para tratar pacientes incurables con cánceres que han hecho metástasis y que están en su etapa terminal.

Noel luchó, con su mejor saber y entender, por cambiar la situación. Mantuvo su independencia de criterio y no cedió a presión alguna, a pesar de los intereses oscuros y poderosos sobre él.

Su decisión de abandonar el país no fue impulsiva ni motivada por culpa alguna. Ya hace tiempo estaba consciente de las amenazas que pesaban sobre él y la inseguridad jurídica que enfrentaba.

Si he aburrido al lector con esta historia es porque el Noel Sacasa que ha sido presentado a los nicaragüenses (incapaz, deshonesto, poco transparente, cobarde…) es una imagen malvada que no tiene nada que ver ni con la actuación ni con la persona que realmente es Noel Sacasa.

Las palabras que vienen a mi mente cuando pienso en los muchos años que lo he conocido, son, aparte de sus grandes cualidades intelectuales: honestidad, rectitud, generosidad, auténtica alegría, entrega a Dios, amor a su familia y solidaridad con Nicaragua.

Es cierto, sin embargo, que Noel cometió un delito grave. En una sociedad impregnada de una cultura política y prácticas de servilismo, caudillismo, pactos sombríos y acomodo de grandes intereses, en la cual el pueblo es sólo una comparsa para ser utilizada y en donde la justicia es reducida muchas veces a una parodia, la actuación de Noel es mala, es amenazante, es destructiva, es intolerable.

Después de todo, alguien capaz de distinguir lo blanco y lo negro sin llamar a todo gris con la valentía de saber decir no a las presiones, y que cumple con su deber es un desviado, alguien que incomoda y de quien hay que librarse. Ser y hacer como hombre recto y cristiano de verdad es el delito de Noel Sacasa. Haber sido un funcionario público capaz y probo es su delito.

Por eso ha sido ya condenado y lanzado a las fieras, como antiguamente se cargaba a un chivo, simbólicamente, con todos los pecados y se le dejaba morir en el desierto.

La caricatura cruel de Noel es la cortina de humo ideal para ocultar la quiebra fraudulenta de bancos, para que todo siga igual, para que la verdad se pierda en el olvido.

Me duele su partida y es un dolor para todos los nicaragüenses con un mínimo de decencia.

Qué vergüenza para los nicaragüenses que por haber pecado de honesto tenga que abandonar el país. Qué infamia más terrible para los que seguramente, lavándose las manos, lo condenarán. Pilatos sigue vivo en nuestra tierra.

Qué ironía para una democracia que alguien como Noel, que soportó la tiranía dinástica y la tiranía disfrazada de retórica tercermundista, haya tenido que salir de Nicaragua perseguido por los enemigos del país y del presidente Bolaños, el cual también, ante los ojos de ellos se ha atrevido a decir no a los pactos y a la corrupción.

¿Cuántos justos quedarán todavía en nuestra patria? ¡Que el Señor en su bondad nos ayude a salvar al país porque sólo con nuestras fuerzas no podemos!

El autor es Ministro de Educación.

Editorial
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