¿Celebración de efemérides o una urgente querella partidaria?

Carlos Cardenal

Se anunció que la Convención del Partido Liberal Constitucionalista iba a ser la celebración de una efemérides más de la Revolución Liberal y de la evocación de la instauración de la doctrina liberal, con el advenimiento al poder del general José Santos Zelaya López en el año 93 del siglo antepasado. Todas las virtudes del ideario liberal y su renovadora carta constitucional, de notables avances dentro del ámbito político y social, han sido ponderados con reiterada frecuencia, no sólo en cada efemérides de esa jornada revolucionaria, sino también en otras ocasiones de relevancia partidaria.

Esta vez, quizás por no haber visto desde el principio hasta el fin el desarrollo de dicha convención, tuve la impresión que la agenda y tema de la misma, eran otros tópicos ajenos a este ideario, relacionados con personas consideradas desafectas por los liberales allí congregados, las cuales fueron severamente cuestionadas, descalificadas y hasta tildadas de traidoras. Me llamó aún más la atención que el secretario del partido, señor René Herrera, atacara la gestión del gobierno actual como ineficaz, exponiendo complementariamente razones para justificar la actitud de oposición de su partido al mismo gobierno.

Finalmente propuso con amenazadora expresión y no menos extrañeza para mí, opciones para interrumpir el orden constitucional, lo que conduciría inexorablemente a componendas y pactos repudiables, en detrimento de la incipiente democracia, y de la voluntad expresada por la mayoría de los nicaragüenses en las últimas elecciones de autoridades del Poder Ejecutivo y Legislativo. Como se ve, toda esta gama de tópicos estaba fuera de contexto y muy lejos de conmemorar la gesta del general Zelaya.

Lo curioso es que dos miembros importantes del Gobierno, como son el doctor José Rizo y el licenciado Eduardo Montealegre estaban allí presentes, formando el último, parte de la Junta Directiva actual del PLC y el otro, miembro prominente del partido. Los dos han sido y son corresponsables de la gestión ejecutiva del gobierno y creo, contrario a lo que afirma el señor Herrera, que su trabajo ha sido excelente y su concurso al lado del presidente Ing. Enrique Bolaños, eficaz y notable y ha dado a esta administración un perfil incuestionable de seriedad, honestidad y responsabilidad.

Si nosotros como legos políticos que somos no entendemos los juegos, rejuegos y el malestar que se ha querido introducir dentro del liberalismo constitucionalista, para reivindicar con espíritu revanchista y notorio agradecimiento a su mentor y otrora munificente conductor, no pueden menos de observar que en esta convención del 11 de julio no se exaltaron adecuada y suficientemente los valores liberales, razón misma del evento, que tanto se ponderan y mencionan a destiempo en socorridos y vacuos discursos políticos de algunos miembros del PLC y que por el contrario se apartaron de la agenda, y en su lugar se quiso demeritar y confrontar innecesariamente a verdaderos exponentes del liderazgo de la gran familia liberal, presentes y ausentes en esa convención. Menos mal que el señor Herrera envió algunas señales antes de la Convención para que disturbios y otro tipo de bochornosas situaciones no se produjeran allí, ya que algunos irresponsables líderes de la bancada liberal, los estaban promoviendo por cuenta propia.

Sostengo que no soy liberal y que respeto a los liberales honestos, que sí los hay, y en abundancia y al decir honestos me refiero también a su independencia de criterio, con la suficiente capacidad para discernir que un liderazgo tiene como nota esencial, la probidad y el respeto a la cosa pública, por encima del carisma y otras calidades que caracterizan a un conductor de pueblos.

Las instituciones por su naciente estado y poco desarrollo, sometidas a un letargo y secuestradas por malos nicaragüenses durante casi un siglo, necesitan ser fortalecidas con el ejemplo de abnegación y espíritu de servicio público de los que conforman el Estado, para que el liberalismo no sea sinónimo de libertinaje y atropello a los derechos ciudadanos, sino confianza en los felices efectos de la libertad, lo que dará como resultado una auténtica equidad social y por ende la tan ansiada democracia.

El autor es lingüista.

Editorial
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