Revolución humana en el Minsa

Róger Román R. [email protected]

Acojo con beneplácito la iniciativa del Ministro de Salud, doctor José Antonio Alvarado, a la que hace referencia este prestigiado diario en su edición del 24 de junio pasado, destinada a promover e implantar una necesaria y urgente renovación ética en el Ministerio de Salud: Una “revolución humana” como muy acertadamente la denomina.

Ha sido asimismo en este contexto muy notoria, dadas las trágicas circunstancias que definen este gran problema nacional, la actitud de desconocimiento por parte de voceros del gremio médico y la no aceptación de las debilidades y faltas imputadas por el ministro, que son por demás totalmente injustificables y del pleno conocimiento de la gran mayoría de los nicaragüenses. Nadie en su sano juicio debería minimizar este espinoso tema, particularmente al considerar la dolorosa dimensión del drama humano que conlleva y significa.

Aplaudo por lo tanto la iniciativa del ministro Alvarado para darle un rostro más humano y solidario al servicio nacional de salud, ya que aunque algunos no lo quieran ver, es real e indiscutiblemente deplorable —como también socialmente inadmisible— el desinterés y la muy precaria ética con que muchos de los miembros del cuerpo médico y paramédico en general atienden a quienes pagan con su tributo por sus servicios.

La desatención y en ocasiones hasta el maltrato a los pacientes no son nuevos y han sido incluso documentados en diversas circunstancias por la prensa nacional. No obstante, en honor a la verdad debo reconocer que afortunadamente existen también en el cuerpo médico nacional muchas y muy honrosas excepciones: médicos, enfermeras y auxiliares que han hecho del servicio hipocrático una suerte de apostolado y de entrega plena a su comunidad y que son quienes logran mantener viva la esperanza de una plausible renovación ética y de la calidad humana y la mística del amor al prójimo en el servicio de salud pública en Nicaragua.

Que me perdonen los señores galenos por poner con poca compasión mi dedo sobre la llaga, pero es que ésta es otra de las mil y una caras del horroroso cancerbero de la corrupción, a la cual se supone que el honorable cuerpo médico habría en principio ser “inmune”, puesto que así lo han jurado ante Dios y los hombres, en el nombre de Hipócrates de Cos y de la ética médica.

¿Cuánto cuesta brindar una sonrisa, un gesto solidario, una voz de consuelo o de caritativa conmiseración y esperanza ante el desconsolado y desesperanzado?

Tengo aquí lamentablemente que admitir que éstos no son gestos propios ni comunes en el servicio público de salud. Los nicaragüenses, sin distingos de colores, deben en estos tiempos de crisis moral y social respaldar al Ministro de Salud en las medidas a adoptar para enfrentar este complejo y vergonzoso problema.

Esta iniciativa, para su éxito real debe ser asumida de corazón por el cuerpo médico y paramédico, que son los únicos capaces de implementarla o rechazarla y los que deberían tener siempre presente, en línea con su propio juramento hipocrático, que se deben a su pueblo en estricto sentido de la palabra.

Aplaudo entonces por éste y me sumo incondicionalmente a la iniciativa emprendida en el Minsa por el doctor Alvarado, orientada a darle un renovado rostro humano y solidario al servicio público y la atención médica en Nicaragua. Sé de antemano que seguramente se enfrentará muchas resistencias para lograr un verdadero cambio de actitud en la filosofía y la ética de dicho servicio. Sin embargo, conociendo desde mucho tiempo al doctor Alvarado y su gran capacidad profesional fundamentada en una inagotable energía, gran solidaridad humana y estatura moral, no sólo física, no dudo que seguramente obtendrá resultados positivos y alentadores en este difícil emprendimiento. Los numerosos éxitos obtenidos en otras carteras de Gobierno son un aval y garantía del seguro cumplimiento de esta difícil tarea.

El autor es licenciado en biología y recursos naturales.

Editorial
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