Jiann-fa Yan*
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Una democracia desvanecida en Hong Kong
Jiann-fa Yan*
El anuncio realizado en septiembre de 2002 por el Gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong, acerca de su intención de poner en práctica el artículo 23 de la Ley Básica de Hong Kong, suscitó serias preocupaciones entre los medios de comunicación y el público. Lo que se cuestiona es la provisión principal del Artículo 23:
“La Región Administrativa Especial de Hong Kong podrá decretar leyes por su propia cuenta para prohibir cualquier acto de traición, secesión, sedición, (o) subversión contra el Gobierno popular central, o el robo de secretos estatales, para prohibir que organizaciones o grupos políticos extranjeros lleven a cabo actividades políticas en la Región, y para prohibir que organizaciones o grupos políticos de la Región establezcan lazos con organizaciones o grupos políticos extranjeros.
Lo que preocupa es que la puesta en práctica del artículo 23 lleve a Hong Kong un paso más lejos hacia la unificación completa y total con la República Popular China, precipitando el final de los prometidos “dos sistemas”. La imagen de Hong Kong como una ciudad de libertad se está desvaneciendo de manera gradual. Martin C.M. Lee, presidente del Partido Democrático de Hong Kong, ha expresado casi la misma preocupación en su comentario “Los censores de China amplían su alcance”.
En el nivel institucional, el sistema político de Hong Kong está diseñado de manera que la administración desempeña el papel principal y el poder está centralizado bajo el jefe ejecutivo. Para conseguir lo que quiere, el gobierno central sólo tiene que designar un jefe ejecutivo que actúe según sus intereses y siga sus instrucciones. El Comité de Elección de Hong Kong actúa como un mero tampón. Las autoridades flaquearon en su compromiso de “dejar que el pueblo de la ciudad gobierne Hong Kong”. Después de que este año se produjera el brote del SARS en Guangdong, países de todo el sureste asiático impusieron restricciones a los viajeros chinos. Pero Hong Kong no lo hizo. Hay especulaciones acerca de que el Gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong no emprendió ninguna acción por miedo a provocar a las autoridades de Pekín.
La formulación de artículo 23 implica que Pekín no tiene escrúpulos a la hora de sacrificar la libertad y los derechos de los ciudadanos para garantizar la seguridad de la nación. Lo que es muy preocupante es que los derechos humanos básicos, el gobierno democrático, el Estado de derecho y la imagen internacional del pueblo de Hong Kong sufrirán como consecuencia de esta tendencia. En efecto, la base de la economía de Hong Kong descansa sobre la imparcialidad y el Estado de derecho. Si Hong Kong se viese privado de su autonomía y del sistema legal imparcial, la carga de esta pérdida caería sobre la economía. Las provisiones en el artículo 23 referidas a la secesión, la subversión, y la libertad de prensa restringirán siempre ciertas libertades y obstaculizarán la economía con excesivas connotaciones políticas. Esto constituye un estorbo y un factor negativo. Y también desalentará el flujo de capital internacional hacia y desde Hong Kong.
Si el significado de “un país, dos sistemas” no puede ser explicado bajo el principio original de que “el futuro de Hong Kong debería ser determinado por el pueblo de Hong Kong”, entonces la fórmula de “un país, dos sistemas” es nada más que una medida oportuna que facilita a Pekín la gradual anexión de Hong Kong. Deng Xiaoping dijo una vez que “hay un límite o condición para mantener que `Hong Kong sea gobernado por el pueblo de Hong Kong, y es que éste debe ser gobernado por aquella gente que sea sobre todo patriota”. La cuestión es: “Dónde está la frontera y cuáles son las condiciones para ser patriota? Si toda la definición depende de Pekín entonces el gran ideal de patriotismo pronto impedirá a muchas personas expresar opiniones contrarias. A la luz de los acontecimientos durante los seis años posteriores al relevo de Hong Kong, la propuesta de poner en práctica el artículo 23 de la Ley Básica muestra que la democracia y el Estado de derecho están ahora desvanecidos en Hong Kong.
* El autor es Sociólogo taiwanés