Douglas [email protected]
Previo a la pelea entre Ricardo Mayorga y Vernon Forrest, este sábado hubo fuertes discusiones entre nicaragüenses, a través de algunas radioemisoras de Managua, en las que prevaleció el fanatismo.
Como en la política, en el deporte también sufrimos ese virus del fanatismo que enceguece a muchos nicaragüenses, llevándonos a las ofensas y a veces a las agresiones físicas.
Los aficionados al boxeo llamaban a las radioemisoras y algunos razonamientos daban risa o vergüenza, porque hablaban al peso del fanatismo no de la reflexión, querían imponer sus deseos antes que analizar las probabilidades del púgil nicaragüense.
La mayoría alegaba que Mayorga tenía que ganarle a Forrest por nocaut y cuando alguien disentía y señalaba la posibilidad de que el norteamericano estuviera mejor preparado que la primera vez, le llovían ofensas o le hacían ver que los nicaragüenses teníamos el deber de apoyar a Mayorga por ser nuestro compatriota.
Creo que se equivocan. El hecho de que yo sea nicaragüense no me obliga a respaldar a un deportista nacional, ni tengo porqué verle cualidades que no tiene, sólo por una actitud “patriotera”.
Si a uno le gusta el boxeo, valora a los competidores por trayectoria, estilos o técnicas, independiente de dónde sean. No tengo porqué cambiar de opinión, sólo porque un nicaragüense salta al ring y se enfrenta a quien yo considero que ha sido mejor.
Es como si creyera que toda la música producida en Nicaragua es buena, sólo porque la hacen nicaragüenses. O decir que me gusta toda la música nacional, sólo porque éste es mi país. Hay obras que me gustan más que otras, y algunas las considero malas.
El gusto y la calidad están por encima de la nacionalidad.
El problema es que en la sociedad nicaragüense se ha enraizado el fanatismo y desde hace rato trata de hacernos pensar de forma mecánica, atando nuestra inteligencia. En los partidos políticos, por ejemplo, la gente es inducida a repetir consignas y respaldar y votar casi a ciegas por caudillos o figuras que otros eligen y les imponen.
Entre las opiniones vertidas por las radios, culparon al Gobierno, porque ninguna de las televisoras nacionales iba a transmitir la pelea Mayorga-Forrest. La queja tomó fuerza, inducida por ciertos locutores, pero carecía de fundamentos porque los canales principales del país son privados y la compra de los derechos de transmisión, que financian con publicidad, es un negocio que les compete a ellos.
“El Gobierno tenía que pagar esos derechos de transmisión, porque Mayorga pelea por el pueblo nicaragüense”, dijo una mujer alterada. Hasta donde sé, Mayorga es un boxeador profesional que se faja en el ring a cambio de unos buenos millones de dólares, para mejorar su vida. Es su negocio y está bien.
Como ciudadanos necesitamos pensar con más independencia y una responsabilidad del Gobierno es proveernos mejor educación, para que aprovechemos más nuestro talento y desechemos las imposiciones fanáticas.