Zelaya, epítome del liberalismo

Alfonso Efraím Castellón Ayón*

Después de leer en este prestigioso Diario de los Nicaragüenses, bastión de las libertades públicas, dos artículos de opinión signados por el colega doctor Julio Ignacio Cardoze, con fechas 15 y 25 de junio de 2003, me siento obligado a replicarle con la debida compostura. No es un mito el general José Santos Zelaya ni las “verdades y mentiras sobre el liberalismo” están expuestas con serenidad histórica.

Decía mi bisabuelo, don Tomás Ayón (abogado como don Julio Ignacio y el suscrito) que “al hablar de la razón se siente el alma abrumada bajo el peso de altísimas consideraciones” (escritos varios página 45, 1877). Y para confirmar los conceptos acerca del general Zelaya hemos de considerar con detenimiento el tiempo, las circunstancias e indudablemente la idiosincracia del nicaragüense de esa época.

José Santos Zelaya estudió en Europa y existen cartas del General enviadas desde Francia, Bélgica y Alemania a sus familiares, y es precisamente desde allí que viene influyendo en él la doctrina liberal francesa que luego impregnaría a nuestra patria durante su gobierno.

No voy a referirme a su entrada triunfante ni a otros datos interesantes de la gesta gloriosa del ejército de Zelaya. Pero deseo mencionar que la ley de orden público, al igual que la ley de procuradores del 9 de octubre de 1897, el código civil del 1 de febrero de 1904; procedimiento civil, ley del notariado y del colegio de abogados del 1 de noviembre de 1905; el código de policía, el código penal que fue derogado hasta en 1974, y otras leyes que por asunto de espacio omito señalar, fueron en el momento que se promulgaron modernas y adecuadas a la realidad política de comienzos del Siglo XX. Inclusive, algunas siguen vigentes.

En materia civil se tuvo un excelente código, incluyendo el de procedimiento, o sea que legisló para lo civil y lo penal. Los códigos fueron redactados por notables juristas de la época, a quienes Zelaya respetó.

Me parece muy injusto de parte del doctor Cardoze, y más siendo un liberal, que trate de destruir o ataque a Zelaya con frases como la de que fue “un improvisado tirano, expropiador, apaleador y torturador”. No creo, además, que venga del general Zelaya el calificar de ingratos y traidores a los que se atrevían a pensar diferente a él. La ingratitud y la traición vienen desde tiempos bíblicos, son defectos muy feos del ser humano. No es muy acertada la apreciación del doctor Cardoze.

Cuando el general Zelaya murió en Nueva York, en 1919, estaba en la mayor pobreza. Mi abuelo José María Castellón Lacayo y otros amigos le trataban de recuperar sus propiedades que gobiernos posteriores le despojaron. Donde ahora está el hotel Intercontinental, en Managua, estuvo la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), la famosa Explanada, todas esas tierras que hoy valen muchísimo eran del general Zelaya.

Zelaya se fue al destierro obligado por los norteamericanos, porque tuvo el valor y la hombría de parársele a los “gringos” y entonces lo sacaron bajo amenaza de bombardear con el “Patuca” (barco americano anclado en Corinto) y hasta desembarcar con soldados, si no deponía el poder.

Zelaya fue nacionalista, y personas como Rubén Darío, José Santos Chocano, José Martí y Juan de Dios Uribe, entre otros (no son simples mortales), tuvieron expresiones de admiración y respeto por él. Figura en la lista de hombres ilustres y el diccionario Larousse dice: “Político nicaragüense, líder de la revolución que derrocó a Sacasa, fue Presidente de la República de 1893 a 1909. Partidario de la Unión Centroamericana, se opuso al intervencionismo británico y de E.U.A.”.

Si todo eso no es suficiente para aclarar las dudas del doctor Cardoze sobre el general José Santos Zelaya, me gustaría proporcionarle información bibliográfica como pruebas irrefutables. Viendo cómo nos atacamos los liberales no me queda más que pedir al Altísimo que ilumine a nuestro pueblo para que en las próximas elecciones vuelva a derrotar al frentismo. Porque al paso que vamos los liberales estamos sirviendo en bandeja de plata el poder. Y Cardoze no está tan mal con los gringos como estuvo el general Zelaya. Pero lo que los liberales no queremos es volver al exilio. Quedamos en las manos de Dios.

* El autor es Abogado y Notario.
[email protected]

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí