Jorge Eduardo Arellano*
Un verdadero rescate documental ha realizado mi amigo
y colega Aldo Díaz Lacayo. No de una fuente primaria, sino de dos análisis coyunturales de la Nicaragua intervenida de los años veinte. ¿Su autor? Nada menos que el gran historiador inglés Arnold Joseph Toynbee (Londres: 1889-New York, 1975).
Entonces el futuro autor del Estudio de la Historia se desempeñaba como asesor estratégico de la Cancillería británica y editor del Survey of International Affairs de Londres. Precisamente en un par de números de ese órgano de la política exterior de su país (uno de 1927, el otro de 1930), Toynbee consagró a la problemática nicaragüense (a su guerra civil en la que México apoyaba el bando liberal y Estados Unidos el conservador, y a la situación que siguió al Pacto Stimson-Moncada), sendas páginas sabias.
El trabajo de Aldo ha consistido en dar a traducir profesionalmente este brillante estudio –los dos refundidos en uno– y corregirlo, cortar sus párrafos, incorporarle atractivos subtítulos concisos y agregarle notas oportunas, aparte de incluir todas las del original y reconocer: “Ambos escritos de Toynbee fueron rescatados por el historiador y diplomático nicaragüense José María Zelaya Úbeda y utilizados por él mismo para reforzar sus argumentos en su obra De los Sistemas Hegemónicos (New York, 1974), contra las pretensiones colombianas sobre el territorio insular del Mar Caribe”. Más tarde, esos escritos fueron reseñados por el profesor y poeta José Santos Rivera, quien distribuyó fotocopias de los mismos a varios políticos e intelectuales. Uno de ellos, Carlos Chamorro Coronel, se entusiasmó tanto que llegó a traducirlos; pero sin la suerte de tener un tenaz editor como Aldo Díaz Lacayo (“Aldilá”).
No voy a insistir, dada su obviedad, en la importancia de los textos del filósofo de la historia que fue Toynbee tanto para la historiografía del país como para la actualidad mundial. “Porque nadie puede dudar –afirma Aldo– de la objetividad e imparcialidad de Toynbee cimentada no solamente en su reconocido prestigio universal –de suyo suficiente garantía–, que en este caso concreto refleja el punto de vista europeo, específicamente inglés, sobre la política de Estados Unidos para América Latina y en particular sobre el Caribe, ajeno a las pasiones inevitables que estas relaciones han provocado en nuestros pueblos”. Pero no resulta vano señalar que los hechos estudiados por Toynbee habían convertido a Nicaragua “en un centro de interés internacional durante 1926 y los años siguientes”. O sea, cuando surgió la resistencia de Sandino, a quien las fuerzas de ocupación estadounidense desalojaron del Chipote en enero de 1928.
Ésta fue, en términos militares, la primera reducción por aire de una posición fortificada en el mundo. El schollar estadounidense Lejeune Cummins la detalló en su libro Quixote on a burro (1958): “El 14 de enero de 1928 comenzó el ataque de la aviación. Un nuevo tipo de bombardeo en picada se utilizó junto con una bomba de demolición de cincuenta libras y otras bombas de charneles de veinticinco libras. Después de bombardear las posiciones del enemigo, los aviones ametrallaron el área hasta que se les acabaron las municiones. Todos los refuerzos marinos disponibles en Nicaragua se enviaron a prisa al teatro de operaciones en convoyes de camiones a marcha forzada. Los marinos fueron sustituidos en las áreas de las costas por marineros de la flota y enviados al Norte. Unidades de la Guardia (Nacional) se enviaron de Managua. El mayor Young y su fuerza logró llegar al cuartel general de Sandino el 26 de enero de 1928, después de casi un mes de fuertes combates, solamente para encontrarlo desierto”. Y la importancia de esta histórica reducción fue reportada por la revista inglesa Jane´s, especializada en ciencia militar, que valoró su carácter pionero y calculó que, de haber sido tomado El Chipote con tropas terrestres, se hubiera requerido un regimiento de tropas extras (mil hombres más) y experimentado gran número de bajas. También dicha toma la consigna Toynbee.
Pero el enfoque del célebre historiador es más político que militar; mejor dicho, analiza la política exterior de Estados Unidos centrándola en una tesis: la de la triangulación Estados Unidos-México-Nicaragua, considerando ésta como tablero de juego de la disputa entre las dos primeras naciones. Así lo planteaba el presidente mexicano Plutarco Elías Calles (1924-28): “En Nicaragua existe una disputa interna sobre la cuestión presidencial de la cual Estados Unidos, por razones que indudablemente creyeron justas y suficientes, ha defendido la causa del señor (Adolfo) Díaz y ha apoyado sus pretensiones por las fuerzas de las armas. En esta disputa, el gobierno mexicano, por razones que también ha estimado justas y suficientes, apoya las pretensiones del candidato contrario señor (Juan B.) Sacasa, por medio del uso diplomático sancionado por leyes internacionales, pero sin recurrir a las armas…”. Apoyo, sin embargo, que se tradujo en recursos materiales y militares, como es sabido.
En sus análisis, Toynbee interpreta las razones profundas de esa disputa. Señala las causas de la intervención estadounidense, el contrapeso político que para México representaba Centroamérica, el tutelaje de Estados Unidos sobre la Restauración Conservadora a partir del 1910, el inicio del fin de la misma (el famoso “Lomazo” de Emiliano Chamorro el 25 de octubre de 1925), la inmediata confrontación EUA/México, la segunda ocupación militar (1926-30, que se prolongaría dos años más tarde y que llegó a tener 5,400 hombres), la mediación de Stimson, sus resultados y secuelas; las elecciones intervenidas y supervigiladas de 1928, el papel de Sandino que obligó a los infantes de Marina pasar a “la posición de Ares desafiado por Diómedes”. Diómedes, que desafió y venció al propio hijo de Zeus, en el canto quinto de La Ilíada de Homero.
En suma, gracias al editor e historiador Aldo Díaz Lacayo disponemos de un pequeño gran libro que, pese al elogio referido, no es una apología de la lucha de Sandino; pero sí refleja en términos generales un juicio adverso a la intervención de Estados Unidos en Nicaragua.
* El autor es miembro de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua