Eduardo Enrí[email protected]
El otro día un embajador contaba que el presidente del Banco Central de su país renunció a su cargo porque su secretaria se había aprovechado de la información que ella manejaba en tan delicado puesto, para beneficiar a una empresa. El caso fue un escándalo y aunque el hombre no tuvo nada que ver, sintió que la única salida digna a ese bochornoso incidente era poner su cargo a la orden de sus superiores.
Obviamente ese es otro país, uno que está a años luz del nuestro, en cultura, responsabilidad y seriedad, pues una actitud ejemplar como esa es impensable en este “Paisito”, como diría Manuel Guillén.
El problema es que la gente aquí cree que ellos son los puestos y se aferran como si su vida dependiera de ellos. Claro que los puestazos que se recetan aquí, sobre todo en el Estado, son sabrosos y cualquier cristiano se enamora de ellos, pero creo que deberían tener un poco de dignidad, también.
Si Nicaragua tuviera una clase dirigente de verdad y no remedos de dirigentes políticos y altos funcionarios, esta misma semana tendríamos dos renuncias que le darían a este país una oportunidad real de renovación.
Comencemos por el más sencillo, el caso del Director de la Policía Nacional, Edwin Cordero. En cualquier país del mundo, las cartas de renuncia de este señor, y todo su directorio, deberían estar en el escritorio del Ministro de Gobernación desde hace días. Pero no, aquí se hacen los gatos bravos.
Pero es que es inaudito –y que no digan que es campaña– ¿a quién se le ocurre andar “luchando” contra el narcotráfico y pagando con la misma mercancía que decomisan. ¿Qué pensaba esta gente que harían los informantes con esa droga, comérsela? No, venderla, para seguir envenenándole la vida a los jóvenes y a los miles que han terminado en guiñapos humanos.
El único punto a favor de Cordero es que supuestamente suspendió esa práctica, pero ¿ideay? La sustituyen por la igualmente oscura práctica de repartirse entre policías e informantes los “premios” en efectivo que la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos les dio por la colaboración en grandes “quiebres”. Lo normal sería usar ese dinero para equipar mejor a la Policía y no para comprarse camionetonas. Si alguien cree que esas no son razones suficientes para pedirle la renuncia a estos señores y señoras, entonces, ¡me gustaría tenerlos de jefes!
Y otro que si tuviera vergüenza también estaría renunciando a su cargo es el Secretario Perpetuo del Frente Sandinista. En el colmo del cinismo, don Daniel Ortega esta semana “denunció” la maniobra de los magistrados liberales en la Corte para sacar de su arresto domiciliar al reo y ex presidente Arnoldo Alemán.
¡Imagínense, si es que hace el muñeco y después se asusta porque le sale feo! Después del mismo Alemán, Ortega sería el principal responsable de que un día de éstos el ex presidente ande caminando libremente por la calle.
Primero por el Pacto del 2000 que le dio la mitad del control de todas las instituciones y después, hace pocos días, con la ilegal, aberrante y reincidente repartición de magistrados en la Corte Suprema de Justicia. ¡Qué bonito! Él aporta los votos en la Asamblea para que elijan a los magistrados militantes (tanto liberales como sandinistas) y después se asusta porque los liberales llegan a hacer su “trabajo”, sucio, claro.
Si estos señores tuvieran vergüenza, hubieran renunciado a sus puestos esta semana. Pero bueno, si esos señores hubieran renunciado, éste no sería “Paisito”.