Andrea Solórzano Ruiz
No sé qué tan grave será la taquicardia que padece el primer comisionado Edwin Cordero, jefe de la Policía Nacional. Pero apoyada en su reciente actuación puedo afirmar que más bien podría ser un padecimiento de la cabeza o un mal de ética. En caso de ser esto último, los nicaragüenses estamos manos arriba frente a todo tipo de delincuencia.
Si son verdaderas sus declaraciones de que en años anteriores se pagaba con droga a los informantes, me pregunto: ¿de qué sirve la lucha antinarcóticos si se hace a medias? Porque es droga suministrada por los propios agentes de la ley. Indirectamente oficializaron el narcotráfico y el consumo de estupefacientes. ¿Acaso deja de ser delito su comercialización o consumo, tomando en cuenta su procedencia? O, ¿de qué sirve reconocer que fue corrupción si el mal ya está hecho?
Junto a que soy madre de un adolescente mi trabajo se involucra con los derechos de la niñez. Entre otras cosas, trato el tema de las drogas. Por eso es que escribo estas apreciaciones, para que la ciudadanía reflexione, especialmente sobre las autoridades que “orientan” y para que se exija la aplicación de la ley correctamente. ¿Se imaginan que uno de esos narco-informantes se acerque a sus hijos y “legítimamente” les ofrezca droga?
Por otra parte, el jefe policial también dijo que muchos “altos jefes”, algunos en retiro, fueron premiados por la Drug Enforcement Administration (DEA), por hacer lo que les corresponde en su puesto de trabajo. Es decir, colaborar con la DEA. ¿Y no tenían o tienen para eso un buen salario mensual? ¿Cómo se distribuyeron los 250 ó 600 mil dólares que les entregó la DEA? Sólo ellos saben.
Desde su lecho de enfermo el primer comisionado Cordero se retractó de todo lo dicho. Para colmo, el comisionado general Francisco Bautista califica esta actitud como un ejemplo de “alta personalidad”. Por favor señores. Una alta personalidad se refleja cuando la persona toma al “toro por los cuernos” y asume sus responsabilidades e irresponsabilidades. Eso lo hace veraz y creíble. En especial a las personalidades que se deben a su pueblo. Porque son los contribuyentes quienes pagan los altos salarios y los placeres que gozan los jefes policiales.
Me parece que es más creíble la declaración que dejó al descubierto este rollo, que la retractación e inclusive la misma enfermedad que dicen padece el Director de la Policía Nacional, tomando en cuenta el tipo de informantes con quienes se relacionaban y tales transacciones. Frente a este negro episodio de la fuerza policial y del comisionado Cordero, la transparencia de esta entidad está en tela de duda.
Ojalá la Procuraduría General de la República entre con todos los fierros y destape todas las huacas y cloacas uniformadas que han incumplido con el lema de la Policía Nacional que dice: “Con profesionalismo y legalidad, fortalecemos la seguridad” ¡Honor, seguridad, servicio! Urgen un medicamento que sane esa enfermedad que afecta no sólo a un hombre, sino a toda una institución.
La autora es comunicadora social