Edgard Rodríguez C. [email protected]
LAS VEGAS.-Ricardo Mayorga apareció cuando más lo necesitábamos. Justo cuando Vicente Padilla se volvió tan irregular, que es capaz de una genialidad sobre la loma y luego tornarse en una incongruencia de la peor calaña.
Mayorga irrumpe precisamente, cuando Marvin Benard se ha mantenido entrando y saliendo de la lista de lesionados, mientras Rosendo Álvarez pelea una vez al año y Oswaldo Mairena oscila en Triple A.
Ricardo ha reinsertado a Nicaragua en la geografía boxística mundial, puesto que no alcanzábamos desde los días gloriosos de Alexis Argüello, pugilista de fulminante punch y valentía a toda prueba.
Esta noche, Mayorga estará nuevamente en la cresta de la ola, dispuesto a disipar las dudas que aún persisten pese a su indiscutible triunfo ante Vernon Forrest el pasado 25 de enero.
Pienso que Mayorga debe ganar. Este muchacho, de boxeo tan explosivo como sus ideas, se merece nuestro voto de confianza. Nunca voy a olvidar cuando vino aquí y dijo que sólo Tito Trinidad podía ganarle.
Todos reímos. Sin embargo, después de sus notables demostraciones ante Andrew Lewis y Vernon Forrest, Mayorga respaldó sus palabras con hechos, mientras dejaba en claro que su sinceridad es proporcional a su talento.
Voy a Mayorga por su fortaleza, por su confianza en sí mismo y porque atraviesa la mejor etapa de su carrera.
Forrest viene de sufrir un trauma y no es tan fácil eliminar el fantasma de la derrota, cuando ésta ha llegado de un modo tan violento y en el momento menos esperado.
Por encima de las razonables críticas que Mayorga merece, porque a menudo se excede cuando habla, está su espíritu guerrero capaz de generar momentos extraordinarios como el forjado en enero pasado, grabados a fuego en nuestra memoria.
Está claro que debería someter a un replanteo la necesidad de proyectar una imagen distinta, pero así tapudo, petulante y egocentrista, es preferible que otros referentes que vamos descubriendo día a día en nuestra sociedad, plagada de ídolos con pies de barro.