Francisco Xavier Aguirre Sacasa
Hoy liberales en Nicaragua celebran el 110 aniversario de la efemérides de su partido. Acudirán al cementerio San Pedro para recordar al presidente José Santos Zelaya, celebrarán el día con una convención en Managua y entonarán Hermosa Soberana vestidos de rojo y kaki. Pero todos éstos son tan sólo símbolos de algo más trascendental: su identificación con una filosofía política que nació en España a comienzos del Siglo XIX y que –con el tiempo– se ha transformado en la corriente política más influyente del mundo, el liberalismo.
¿Cuáles son los principios y las creencias principales del liberalismo?
Ordenando los papeles en mi biblioteca encontré la respuesta a esta pregunta en algunos apuntes de una conferencia que dicté a liberales del mundo entero, reunidos en Sintra, Portugal, a finales de la década de los ochenta y auspiciada por la fundación liberal Friedrich Naumann, de Alemania. Reproduzco abajo la esencia de esas notas.
Primero, el liberalismo está fundamentado en la creencia de que la democracia –o más precisamente– la democracia representativa es el sistema político más viable para el hombre y (por supuesto) la mujer moderna.
Segundo, bajo el esquema liberal el gobierno está al servicio del hombre y no al revés, y entre menos gobierno hay y más espacio se le deja al individuo y a la iniciativa privada, mejor. De esta creencia nace la noción del “Estado facilitador”.
Tercero, en el ámbito económico el liberalismo sostiene la tesis que la economía de mercado es la manera más eficiente y equitativa de producir y asignar recursos económicos y de crear bienestar material para el máximo número de los miembros de una sociedad. Como corolario de esta creencia, el liberalismo favorece el libre comercio internacional con el entendido, por supuesto, que este comercio estará basado en reglas del juego transparentes y equitativas.
Cuarto, el liberalismo le da importancia al respeto a la propiedad privada. Sin este elemento crucial, la confianza –que es un sine qua non para el despegue económico y para la paz social– sencillamente no se daría.
Quinto, socialmente, el liberalismo aboga por la creación de una sociedad en donde todos gozarán de igualdad de oportunidades. Para crear esa sociedad de oportunidades, el liberalismo prevé un papel importante para el Estado en el suministro eficiente de servicios sociales –como educación gratuita y salud– a los más necesitados.
Sexto, en el campo espiritual, el liberalismo respeta la creencia en el Todopoderoso y garantiza la libertad de culto. Es más, está comprometido con la separación del Estado y de la iglesia para salvaguardar esa libertad religiosa.
Séptimo, la transparencia –como un instrumento para frenar abusos en los gobiernos y en la sociedad– es otro elemento fundamental del liberalismo. Para alcanzar esta transparencia, el verdadero liberalismo no sólo respeta, sino que garantiza la libertad de expresión y de prensa.
Octavo, el respeto a los derechos humanos es otro “norte” del liberalismo. Esto se asegura a través de un sistema judicial independiente y profesional en donde el debido proceso se la asegura a todos los ciudadanos. La noción de que cada persona es inocente hasta que su culpabilidad haya sido comprobada es piedra angular de este Estado de derecho.
Noveno, en el ámbito internacional el liberalismo se suscribe a la solidaridad que, a su vez, se traduce en la ayuda y en los flujos de capital. Además rechaza la guerra como manera de resolver conflictos y busca su resolución a través de mecanismos pacíficos, ya sea bilaterales o multinacionales.
Y, décimo, filosóficamente, el liberalismo –como su nombre indica– tiene todo que ver con la libertad de pensamiento e individual. Además, es optimista y abierto al cambio. Ser progresista es ser liberal.
En Nicaragua, el liberalismo no siempre ha sido fiel a todos estos ideales. Al igual que nuestra nación, el liberalismo es una obra en marcha. Pero también es justo señalar que los gobiernos liberales de los últimos 110 años –al menos en sus mejores momentos– le han brindado progreso material al igual que movilidad social hacia arriba y esperanza a amplios sectores de nuestra población. Es por eso que el liberalismo se ha convertido en la fuerza política más robusta, duradera y exitosa de la historia moderna.
El autor fue Canciller de Nicaragua y es miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PLC.