Humberto Cuadra [email protected]
En la sociedad nicaragüense existe claramente definida una línea imaginaria que separa a todos los actores políticos nicaragüenses. No se trata de la clásica división de los extremos políticos de izquierda y de derecha, sino de un nuevo concepto de realidad, pues se han formado dos grupos opuestos alrededor del tema de la corrupción. Por un lado están los corruptos y sus cómplices y del otro los que se les oponen férreamente.
El bando o la banda de los corruptos se caracteriza porque han hecho uso de los recursos públicos para beneficio personal o el de sus allegados, así como para organizar, consolidar y hacer crecer sus propios partidos; han obtenido éxitos electorales viciados por sus prácticas deshonestas en los conteos electorales; han cometido sus delitos desde el poder y se han atrincherado en sus inmunidades para evitar ser alcanzados por la justicia; se han confabulado con otros partidos para promulgar leyes que atentan contra los intereses nacionales y a favor de sus intereses personales y partidarios; han promovido la parcialidad de la administración de justicia y han politizado las instituciones del Estado generando un problema de gobernabilidad serio; han creado caudillos y grupos de serviles y de turbas que se han encargado de hacer el trabajo sucio que les encomiendan sus líderes; han ahuyentado la inversión y provocado fuertes crisis económicas; han acallado las voces de sus adversarios políticos de múltiples maneras; sus partidarios y contrapartes pactantes han apoyado implícita o explícitamente esta vorágine de poder y de corrupción.
Del otro lado están los que se oponen a los actos deshonestos. Este grupo está conformado por otros dos grupos: los que siempre han estado del lado de la lucha contra la corrupción y los que se han venido “cruzando la raya” para sumarse a los primeros.
Entre los que siempre han mantenido posiciones fuertes contra la corrupción encabeza el Partido Conservador, que dignamente ha librado batallas desiguales. Se suman a esta corriente destacadas personalidades de diferentes ideologías que han tenido la entereza de renunciar a sus partidos, así como también disidentes que también se han separado tanto del PLC como del FSLN.
El mayor impulso a la lucha anticorrupción lo ha dado el presidente Enrique Bolaños, quien es el personaje de mayor relevancia que se ha cruzado la raya y se ha sumado a combatir la corrupción de una forma clara, valiente y ejemplar.
Algunas características del grupo de los que se oponen a la corrupción son las que aspiran a hacer las transformaciones necesarias para lograr un Estado de derecho basado en el funcionamiento óptimo de las instituciones estatales, que permita preservar la libertad y enrumbar el país hacia el progreso; se han opuesto rotundamente a los pactos y leyes que dañan el desarrollo democrático, económico y social del país; rechazan cualquier negociación o arreglo para detener esta lucha, haciendo caso omiso a los ofrecimientos de prebendas políticas o económicas; no han hecho uso de los recursos estatales para el desarrollo de sus partidos políticos, por el contrario, sus partidos se han visto afectados por prácticas ilegales del Consejo Supremo Electoral que ha actuado bajo instrucciones de quienes los pusieron en sus puestos.
En el caso del Partido Conservador el Estado se ha negado a cumplir la resolución de la Corte Suprema de Justicia, que manda a restituir todos los derechos que le confiere la ley a este partido. Hasta el día de hoy, los conservadores no han recibido un centavo de los más de cien mil dólares que se le deben por concepto de “deuda política”, producto de su última participación electoral. Este dinero ya no existe, se lo repartieron entre liberales y sandinistas.
En este momento crucial la razón y la decencia deben imponerse entre los nicaragüenses sensatos y evitar que se detenga la lucha contra la corrupción. Existe un peligro latente que amenaza con frenar esta lucha, porque algunos políticos, siendo funcionarios del actual Gobierno han optado por no desligarse de políticos cómplices y coautores de delitos de corrupción. Aparentemente, anteponen a los intereses nacionales sus intereses particulares al tratar de alcanzar altos cargos públicos por medio de la utilización del andamiaje partidario que fue pagado con el sudor y la sangre de todos los nicaragüenses. No han tenido la valentía de denunciar este abuso y descarada complicidad. Algunos de ellos, que habían simulado valentía y que ya se habían cruzado la raya para combatir la corrupción, optaron por regresarse, dando vida a un partido ya desgastado que creció y se desarrolló bajo la sombra de la corrupción.
¿Es que se quiere heredar la cultura de encubrir la corrupción, de alentar al pueblo a exigir la libertad de los corruptos? Ningún edificio seguro puede descansar sus fundaciones sobre el terreno putrefacto, porque tarde o temprano colapsará. Los políticos que han puesto como pretexto la reconciliación de la familia liberal para encubrir su aparente miedo de “no llegar”, profesan valores egoístas que si terminan imponiéndose retardarían el logro de cumplir el deseo de la mayoría de la población de ver al país crecer y desarrollarse sanamente. Pero no impedirán la victoria final de este justo deseo mayoritario. Al menos eso es lo que la historia ha enseñado. ¿Se va a rendir la mayoría? ¡Jamás! Y usted, ¿de qué lado de la raya está?
El autor es directivo nacional del Partido Conservador.