AP y EFE
SINGAPUR Y TEHERÁN.- Centenares de personas desconsoladas leyeron pasajes del Corán y despidieron los restos de las mellizas siamesas iraníes que murieron durante una operación para intentar separarlas.
Un grupo de voluntarios preparó ayer los cuerpos para el viaje de regreso a su país.
Más de 400 personas se congregaron en una mezquita de Singapur al anochecer para orar frente a los féretros de Ladan y Laleh Bijani, antes del traslado al aeropuerto para el viaje a Teherán. Junto a cada ataúd se había depositado un geranio.
Docenas de coronas fúnebres engalanaban la entrada de la mezquita. Otras personas, incluyendo cinco monjes budistas, un sacerdote y dos religiosas, aguardaban en el exterior. Una corona tenía la leyenda: “Separadas. Que descansen en paz”.
Irán entero llora el destino de las siamesas Laleh y Laden. Según la agencia iraní IRNA, el presidente iraní, Mohamed Jatamí, dirigió un mensaje a la nación en el que alabó a las dos siamesas por su valentía, que les llevó a buscar un futuro mejor pese a haber sufrido tanto.
“Nuestros dos gorriones –dijo Jatamí al referirse a Laleh y Laden– han dejado al mundo el legado de paciencia y tolerancia que soportaron durante toda su vida”.
Las siamesas Bijani nacieron unidas por el cráneo y después de 29 años deseaban llevar vidas separadas. Para eso accedieron a someterse a una arriesgada operación en Singapur que tuvo consecuencias fatales.
Antes de la ceremonia en la mezquita, los voluntarios, entre ellos enfermeras y paramédicos, transportaron los cuerpos en ataúdes envueltos en telas negras hasta una escuela musulmana en Singapur donde fueron lavados, según la tradición islámica.
Los restos serán trasladados a Teherán el jueves temprano. “Pienso que se consolaron al irse juntas’’, comentó Elham Komjka, de 14 años. “Todos estamos muy tristes”.
El valor y optimismo que manifestaron las siamesas hasta el momento mismo de la operación conquistaron los corazones de mucha gente en el mundo y sus muertes provocaron desconsuelo.
Ambas sabían los elevados riesgos de la operación, pero habían insistido en ella en la esperanza de llevar vidas separadas y normales. Un grupo de cirujanos en Alemania se negó a efectuar la operación por considerarla excesivamente peligrosa.