¿Hasta dónde va la tasa de interés?

Leonel A. Marín McEwan

Las altas tasas de interés bancario son contraproducentes desde el punto de vista del crecimiento económico, ya que privilegian la posesión de activos monetarios más que las inversiones reales.

Ante todo, un incremento en la oferta monetaria puede ser gastado por completo en activos tangibles. Sin que se gaste en activos financieros las tasas de interés no disminuirán. Pero aunque la demanda de activos financieros efectivamente se expandiesen, disminuyendo las tasas de interés, el descenso puede ser sólo temporal.

Es evidente que para los keynesianos una de la claves para la efectividad de una política monetaria es lo que sucede a las tasas de interés en instrumentos financieros. A no ser que la mayor liquidez producida por una oferta monetaria en expansión reduzca las tasas de interés y que la menor liquidez producida por una contracción en la oferta monetaria, aumenta las tasas de interés, la política monetaria probablemente será impotente.

Los monetaristas no vislumbran las tasas de interés como un eslabón de primer orden en la faja de transmisión entre un cambio en la oferta monetaria y en última instancia el impacto sobre los gastos. Sin embargo, muchos monetaristas sostienen que el impacto de una política monetaria sobre las tasas de interés a menudo es indeterminado; una política monetaria de expansión a menudo hace subir, en vez de bajar, las tasas de interés y una política de contracción, a menudo los baja.

También se invocan las expectativas para demostrar la indeterminación de las tasas de interés. Por ejemplo, si una política monetaria de expansión genera expectativas inflacionarias, las tasas de interés subirán; los prestamistas no prestarán a menos que logren una tasa de interés suficientemente alta para compensarles por recibir dólares menos valiosos cuando se les paga de vuelta su principal.

Supongamos que la tasa de interés corriente es de 18 por ciento, y una inflación anual del cuatro por ciento, los prestamistas exigirán y los prestatarios estarán dispuestos a pagar 22 por ciento. En términos de poder adquisitivo real esperado, el prestamista está recibiendo y el prestatario está pagando 18 por ciento, pero las tasas nominales de mercado serán del 22 por ciento.

Los monetaristas y los keynesianos generalmente concuerdan en que inicialmente una política de expansión hace bajar las tasas de interés; pero, ¿por cuánto tiempo? Si el impacto sobre los gastos reales es fuerte, o si se generan expectativas de cambio en los precios, el cambio inicial en la tasa de interés se verá invertido y las tasas bien pueden retroceder más allá de la que había sido originalmente.

El autor es administrador de empresas.

Editorial
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