José Luis [email protected]
La firma de un Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos (Cafta) vendría a profundizar la estrategia de desarrollo hacia afuera o de regionalismo abierto, que los países centroamericanos emprendieron desde el inicio de los noventa. Con el Cafta no habrían mayores posibilidades de retroceder a políticas proteccionistas ineficientes. En el largo plazo alcanzar una plena liberalización en el comercio con los Estados Unidos, será determinante para el crecimiento económico de los países centroamericanos. Los que se oponen a ese tratado y a la globalización, ignoran al parecer que para pequeñas economías altamente abiertas, la plena integración a la economía mundial es la única estrategia posible de desarrollo. La firma del TLC con los Estados Unidos debería ir acompañada de una profundización del Mercado Común Centroamericano.
Como se sabe, en 1961, con la creación del denominado Mercado Común Centroamericano(MCCA), los países de la región en el marco de las ideas de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) de las Naciones Unidas, iniciaron una estrategia de desarrollo hacia adentro o de industrialización por sustitución de importaciones, sobre la base del proteccionismo arancelario y de incentivos fiscales especiales. Esa estrategia de crecimiento fracasó. Nicaragua siempre tuvo un marcado déficit en el comercio intrarregional, y las elevadas tasas de crecimiento del período 1960-77 fueron el resultado de las exportaciones extrarregionales de productos agropecuarios y agroindustriales y no de la estrategia de desarrollo basada en el proteccionismo industrial.
Ante el fracaso de la integración hacia adentro y del proteccionismo industrial, los países centroamericanos iniciaron desde finales de los ochenta un nuevo modelo de crecimiento, basado en el denominado regionalismo abierto o integración hacia afuera. Se desmanteló en gran medida el proteccionismo arancelario y el impuesto promedio a las importaciones disminuyó de más de 50 por ciento a menos del diez por ciento en todos los países centroamericanos. Ello favoreció a los consumidores y promovió la eficiencia económica. Persisten sin embargo barreras al comercio y no se logró avanzar en la creación de un Mercado Común. No existe libre movilidad de la fuerza de trabajo entre los países centroamericanos y en el llamado arancel externo común —el DAI— persisten numerosas exenciones y tratamientos diferenciados.
También persisten visiones provincianas e intereses proteccionistas contrarios a la plena liberalización comercial y a la firma de un TLC. Si bien es cierto que la política de los Estados Unidos de subsidiar a la agricultura es contraria a los intereses de los países centroamericanos y de que sólo negociarán esa política en el marco de la OMC y no en el marco del Cafta, ello no debe conducir ni a una oposición al TLC, ni a la adopción de una excesiva protección temporal a los denominados rubros sensibles. En la estrategia de negociación debe también tomarse en cuenta los elevados costos que el proteccionismo arancelario conlleva, para los consumidores y para la eficiencia económica.
Existe una amplia literatura económica que sostiene correctamente que para pequeñas economías altamente abiertas como la de Nicaragua, inclusive la liberalización comercial unilateral es beneficiosa. Si bien Nicaragua y los demás países centroamericanos deben naturalmente mejorar sus condiciones de acceso al mercado norteamericano —yendo inclusive más allá de los beneficios unilaterales otorgados bajo la Iniciativa de la Cuenca del Caribe— los subsidios que los Estados Unidos otorgan a la agricultura, no deben ser utilizados como pretexto para una política de proteccionismo temporal excesivo en las negociaciones del Cafta. Tampoco debe la intensidad de ese proteccionismo estar sujeto al mayor o menor poder de influencia de los grupos de presión. Como los grandes productores están mejor organizados, existe el riesgo evidente que no se tomen en cuenta los intereses de los consumidores menos organizados y con menor capacidad de ejercer presión en los tomadores de decisiones.
En el caso particular de Nicaragua, además de mejorar su acceso al mercado más grande del mundo, se debería propugnar por desgravar inmediatamente la mayor parte del universo arancelario, particularmente materias primas, bienes intermedios y la generalidad de los bienes industriales. No debe Nicaragua someterse a los intereses proteccionistas de ineficientes productores centroamericanos. La protección temporal que se negociará dentro del Cafta, deberá afectar lo menos posible a los consumidores y a la eficiencia económica. En el largo plazo idealmente deberán de eliminarse todos los aranceles en el comercio con los Estados Unidos, erradicando paralelamente todas las restricciones a las exportaciones centroamericanas al mercado más grande del mundo. Al mismo tiempo se debería avanzar en la creación de un verdadero mercado común centroamericano. Ello facilitará el crecimiento económico de los países del istmo.
El autor es economista.