Ulises Huete [email protected]
Masaya cumple hoy tres años de haber sido fuertemente sacudida, primero en el día, por el sismo de intensidad destructiva 5.6 de la Escala Richter con epicentro en el Valle de la Laguna de Apoyo, y después, al atardecer del día siguiente, 7 de julio del 2000, por otro terremoto nacido bajo sus propias entrañas de 4.7 E-4, menos destructor providencialmente por estar las fallas del subsuelo a cinco kilómetros de profundidad.
La ciudad folclórica acostumbrada por ancestro al continuo y enérgico movimiento de trabajo ejemplar y actividades diversas, diurnas y nocturnas, soportó y asimiló las embestidas y los enjambres de diferentes magnitudes, para darse de inmediato a la vida normal y alegre, y a los inicios de reconstrucción.
Los daños fueron por toda la ciudad sin excepción alguna. En donde menos consecuencia hubo, se vio a lo menos deslizamiento de tejas, descascaramiento de repellos o fisuras en paredes y muros de concreto. Por la diseminación de esos daños se deduce que las fallas entran a la ciudad por las serranías de Monimbó, de donde se ramifican por toda la ciudad, en formas lineales, quebradas, curvas y zigzagueantes. De Monimbó a San Juan, a las 7 Esquinas, Parque Central, San Jerónimo, Coyotepe, San Sebastián, La Reforma, Estación, Carretera, Pancasán, San Miguel, El Calvario y partes orientales. Los fernandinos con la dura experiencia saben hoy que las fallas y la reconstrucción van con el optimismo que en el futuro los sismos no les quitarán el sueño, mucho menos el trabajo y la alegría.
Conversando con el estimable amigo y coterráneo, el historiador don Raúl Sánchez Velásquez, recordábamos datos históricos de edificios, calles y monumentos afectados o no por el evento, de los que expongo brevemente algunos, con aporte del historiador. El Parque Central por ejemplo, fue construido a finales del siglo XIX en la parte sur de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción o Iglesia parroquial. Extenso, frondoso y barroco, era engalanado por cada alcalde. Su nombre fue puesto en el Gobierno de Zelaya en homenaje al ilustre médico masayés doctor Julio César, ciudadano presidenciable que fallece en Managua por accidente de su berlina. En 1932 don Alejandro Abaunza Espinoza pone arcos metálicos ornamentales en los muros de las entradas.
El antiguo Mercado y Mesón, hoy de Artesanías y Verbenas, con fines de semana que comienzan los jueves, fue construido de 1888 a 1891 por dos arquitectos europeos quienes lo administran algún tiempo por convenio del Gobierno; al finalizar lo delega a la Nicaragua Sugar State, entidad del Estado, para 30 años. Poco después, a comienzos de la tercera década, el alcalde, doctor Aarón Tuckler —afamado médico y cirujano— logra por gestiones directas ante don Adolfo Benard, principal accionista, que sea donado a la Corporación Municipal y condonada su deuda. La magistral obra gótica, atracción novedosa y comercial del Pacífico se convierte en fuente de riquezas bien administradas, factor principal en el desarrollo de la Ciudad de las Flores. Para construirlo, se demolió un antiguo edificio en donde se impartían clases de Media Universidad. Salió ileso del sismo.
El Hospital San Antonio, hoy Silais, de estilo colonial, fue construido a iniciativa del doctor José Pérez Suárez, de finales del siglo XIX a 1908, dando servicios parciales bajo la dirección del doctor Pérez Suárez, desde 1915 servicios generales bajo la administración de las Hermanas Josefinas que ingresan al país para los hospitales existentes. En este mismo recodo de la ciudad se encuentran el Estadio Roberto Clemente y El Malecón de la Laguna, sin daños importantes. El Malecón, primer mirador del país construido por el doctor Tuckler en la tercera década, fue y sigue siendo de gran atractivo por la solidez, amplitud y extraordinario panorama. Los miradores que posteriormente se hicieron en el Palacio Presidencial de Tiscapa, fueron de inferior calidad. El Malecón de Masaya fue extendido por alcaldes subsiguientes. Sufrió algunas fisuras sin consecuencias.
La Calle de La Reforma que pasa por el costado oeste del Mercado, fue duramente conmovida, igual que algunos edificios. En 1936 fue la primera obra de pavimentación en tiempo récord y gran calidad, bajo la Presidencia provisional del Dr. Carlos Brenes Jarquín. Su residencia de vistosos vidrios estaba a media cuadra del mercado. La obra llegó hasta la Estación del Pacífico de Nicaragua, famosa por la elegancia y encuentro de los tres de Occidente, Granada y Carazo. La calle de El Calvario duramente estremecida, fue en épocas pasadas calle de real amargura, ancha, arenosa y quemante. En ella las penitencias de Semana Santa eran vivientes. La Calle Real de Monimbó o de San Sebastián, ruta de una falla, trae a la memoria el elegante bulevar que en 1946 construyó en su centro el alcalde don Carlos Abaunza Espinoza, con pedestales y bustos de preclaros ciudadanos que a la postre tuvieron que ser trasladados a colegios y parques evitando su deterioro.
El Obelisco del Centenario, costado norte de la Parroquia, erigido en 1939, en conmemoración del primer centenario de la ciudad, fue donado por la comunidad china y árabe. Memorable fecha en que asistimos entre muchos estudiantes, los del tercer grado del Colegio Superior de Varones, dirigido por don Cristóbal Rugama. El Obelisco se fracturó en su tercio superior.
Hoy Masaya sigue su reconstrucción y progreso en forma ascendente, a pesar de la crisis nacional y la desocupación. Allí, todo ciudadano es un trabajador y todo sitio un lugar de industrias, tiendas, comercios, atenciones turísticas, cual una capital.
El autor es médico.