El affair de la embajada en Washington y la encuesta M&R

Julio Ignacio [email protected]

De forma inaudita, el canciller de Nicaragua, sorpresivamente anuncio la “rotación” del embajador de Nicaragua en Washington, sin dar razones válidas para la opinión pública. El acontecimiento estuvo acompañado de otro que también fue noticia; el aparente disgusto de la embajadora de Washington en Managua, con el canciller Norman Caldera, porque según rumores, no desmentidos, en visita que la embajadora hizo al canciller, éste le habló groseramente, inusual en la diplomacia, y especialmente de parte del canciller, de un país en las condiciones del nuestro, con la representante diplomática del más poderoso del mundo.

Conocedores del asunto, relacionaron la visita de la embajadora con la terminación del embajador en Washington, no porque pretendiera abogar por Ulvert, pues los embajadores, además que son decisiones internas de cada país, como cualquier funcionario de gobierno, no son indispensables, pero sí para inquirir sobre los procedimientos inusuales seguidos por la Cancillería en este caso, sorpresivamente, pretendiendo dejar la Embajada acéfala, sin las acreditaciones correspondientes, ni las formalidades y protocolos de estilo, que tomaron desprevenidos a los del Departamento de Estado. Sobre la “rotación” de Ulvert Sánchez, hay muchas especulaciones que van desde diferencias personales entre el embajador y el canciller, hasta presunciones de carácter político, y la situación de estancamiento económico que agobia al gobierno Bolaños, que desesperado ha puesto sus últimas esperanzas en la ayuda de Washington de donde espera le llegue, ya sea del Gobierno americano, o de los organismos internacionales que tienen sede en esa capital. No obstante, cualquiera sea la causa, la forma como se hizo y se anunció inicialmente, demuestra la improvisación e incoherencia de como este gobierno maneja asuntos importantes, pues nunca se debió permitir que los hechos trascendieran de esa forma, hasta provocando incidentes personales entre la embajadora y el canciller, que sin duda, van en detrimento de Nicaragua.

La actuación de Caldera es censurable en este caso, y se puede atribuir a su incapacidad diplomática, y no dejan bien al presidente Bolaños, pues las relaciones exteriores, además de ser su responsabilidad, es el único territorio político que le ha quedado en el aislamiento de gobernabilidad a que está reducido. Una explicación posible de la, fuera de lo común, actuación del ministro la podemos encontrar en el artículo de opinión del ex canciller Emilio Álvarez Montalván, publicado en LA PRENSA, comentando los resultados de la última encuesta M&R.

Según el doctor Alvarez, la encuesta dejó preocupaciones. La ayuda externa ingresa goteada mientras el gobierno soporta el corsé del FMI. A su vez el presidente Bush no pasa de darle palmaditas en la espalda al ingeniero Bolaños, cuando Nicaragua necesita una suma significativa y pronta.

Sin dudas hay una desesperada frustración en este Gobierno, que hasta ahora su política ha sido decir que sí a todas las propuestas de Washington; tanto de la Casa Blanca, como de políticos del sur de la Florida, y los organismos internacionales, y cree que eso es suficiente para que le den los recursos que necesita. El presidente necesita replantearse su concepto de relaciones y negociaciones diplomáticas, y saber que no basta con portarse bien, ni ser instrumento incondicional de otros, para tener los resultados esperados. Pero no es mi propósito analizar las desventuras del Gobierno, sino señalar una vez más, como en este régimen, el chivo expiatorio siempre es un liberal. Ahora le toca a Carlos Ulvert Sánchez, liberal por principios y de ancestro. El Gobierno actual, sin definición ideológica ni política, está compuesto por un curvazá ideológico, entre ministros y asesores, donde predominan sandinistas, ex sandinistas, conservadores y socialcristianos que manejan y comparten responsabilidades en la diplomacia y la economía. El mismo canciller se identifica socialcristiano, pero por coincidencia, otra vez, el mecate se rompe donde está un liberal. El persistente ensañamiento de Bolaños, de romper solamente donde hay liberales, no puede pasar inadvertido.

El autor es jurista, radicado en Estados Unidos.

Editorial
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