Sin Beatriz y sin retrato

Eduardo Enrí[email protected]

Debe ser difícil ser PPresidente en este país. No sólo por la gran cantidad de problemas urgentes y agobiantes que no tienen solución a corto plazo, sino porque a los presidentes los convierten en una suerte de dioses, omnisapientes e infalibles. Y no pasa mucho tiempo antes de que ellos mismos se lo crean.

Está el caso de la famosa pensión que deben recibir los ex presidentes y ex vicepresidentes. Se dice que nadie ha sido capaz de convencer a don Enrique Bolaños que esa será la histórica piedra en el zapato de su gestión presidencial. Aunque no es que no lo hayan podido convencer, más bien es que no lo han querido convencer, porque como don Enrique cree que no hay nada incorrecto en agarrar pensión, tampoco sus funcionarios lo creen.

Justificaciones tienen muchas: está en la ley; que los sandinistas lo dejaron en la calle; que todos los otros ex presidentes y ex vicepresidentes desde 1990 lo han recibido y que hasta ahora se señala el problema. Con esa línea de pensamiento el señor Presidente y sus subalternos han llegado a una cómoda conclusión: Todo el que insiste en lo de la pensión le tiene “tema” al Presidente.

¿De qué otra manera se explica —razona don Enrique, el omnisapiente de turno— que tanto Daniel Ortega como Arnoldo Alemán también reciben la pensión además de sus salarios como diputados y nadie habla de ellos?

Me imagino que cuando don Enrique hace esta pregunta a su círculo de allegados y funcionarios todos deben asentir calladamente.

Sin embargo, no es que la gente le tenga “tema” al señor, sino que más bien da pesar ver cómo una buena gestión puede dejar un mal sabor por una mezquindad como la de las pensiones. Un símil que podría ayudar a don Enrique a entender su situación, y a sus asesores a conservar el puesto, es el de los leopardos y el oso polar.

A los leopardos, por las múltiples manchas que cubren sus cuerpos, una mancha más o una menos no se les nota. Pero al oso polar, que es blanco completamente, cualquier mancha se le nota y hasta parece más grande y fea de lo que en realidad es.

Ortega y Alemán presidieron los mayores latrocinios en la historia de este país, así que a nadie le extraña que sigan sin ninguna vergüenza aprovechándose del erario, y seguirán mientras existan incautos que voten por ellos; pero con la lucha anticorrupción y su programa de austeridad don Enrique se vistió ante la ciudadanía de blanco impecable y la gente espera que sea consecuente con esas ideas, así que lo de las pensiones es una mancha fea que se le nota de lejos.

Sobre este tema, desgraciadamente, don Enrique hasta sacrificó credibilidad, pues en su afán por justificar ese ingreso anunció hace varios meses que enviaría un proyecto para reformar la ley que le otorga las pensiones y jamás lo hizo, ahora ya es demasiado tarde, los diputados van a reformarla y le van a quitar la pensión, así que se quedó sin Beatriz y sin retrato.

Y lo que es peor, erosionó su credibilidad y su autoridad moral, que son las únicas armas que tiene para mantener el respaldo de la población en su enfrentamiento contra Alemán y Ortega, pero para eso él tiene que demostrarnos que es totalmente diferente a ellos; y actitudes mezquinas como la de pelear unos dólares más envían el mensaje equivocado. Tan equivocado como pensar que sólo porque el Presidente lo piensa debe ser lo correcto.

Editorial
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