Roman, Times, serif»>
Nicaragua cumple deber solidario
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua emitió un comunicado el jueves de esta semana, en el que expresa “su más enérgica condena en contra del Gobierno de Cuba, por haber ratificado (el Tribunal Supremo) la mayoría de las altas penas de cárcel impuestas arbitrariamente y sin fundamento legal a 75 disidentes cubanos”.
Como se sabe, sesenta de esos “disidentes” son periodistas que fueron sometidos a juicios fascistas y condenados a penas de hasta 28 años de prisión, por el “delito” de expresar sus opiniones y transmitir informaciones al margen de los controles del Estado. Y por eso nos satisface que la Cancillería de Nicaragua condene las violaciones a los derechos humanos en Cuba, y que exprese su solidaridad con los disidentes democráticos y los periodistas independientes cubanos que son sometidos a una sádica represión gubernamental.
El pueblo democrático de Nicaragua conoce la enorme importancia que tiene la solidaridad, aunque sólo sea una voz de aliento o un comunicado gubernamental como el que emitió esta semana la Cancillería nicaragüense. Por eso es que LA PRENSA persevera en el cumplimiento de su deber humanitario de condenar en esta columna editorial al régimen castrista, por la represión criminal que practica contra las personas democráticas y los periodistas independientes, con quienes no nos cansaremos de expresar nuestra solidaridad ni de pedirle al Gobierno de Nicaragua que también los apoye.
En términos generales, el Gobierno de nicaragüense ha cumplido su deber de solidaridad con el pueblo democrático de Cuba. El Ministerio de Relaciones Exteriores ya había condenado —mediante comunicado del 12 de abril de este año— el fusilamiento de tres cubanos que en un intento desesperado de huir de su propio país en busca de trabajo y libertad, secuestraron una embarcación pero no le hicieron daño personal a nadie. Nicaragua también auspició en la Organización de Estados Americanos (OEA), una resolución de “apoyo a los derechos humanos y las libertades democráticas en Cuba”, que no fue aceptada por el Consejo Permanente de dicho organismo por la pusilanimidad de la mayor parte de los gobiernos de la región. Pero lamentablemente por una defectuosa comunicación esas acciones de la Cancillería nicaragüense con respecto a Cuba no fueron conocidas, o lo fueron muy poco, quedando la impresión de que Nicaragua permanecía indiferente ante las terribles violaciones a los derechos humanos que comete la dictadura comunista.
En realidad, lo único que le ha hecho falta a la Cancillería de Nicaragua ha sido romper o al menos congelar las relaciones diplomáticas con Cuba. Pero se dice que la permanencia de la representación diplomática nicaragüense en La Habana es necesaria para los muchos disidentes democráticos y periodistas independientes que todavía no están en la cárcel. Y si así fuera pues habría que mantenerla.
Al respecto recordamos que durante el régimen totalitario sandinista muchos apoyaron a los demócratas nicaragüenses de todos los signos ideológicos, las embajadas y los embajadores de Japón (Yoshizi Konishi), Alemania Federal (Josef Ruznak), Estados Unidos (Jack Leonard, Encargado de Negocios), Venezuela (Guillermo Yépez Boscán) y Costa Rica (Farid Ayales). Ellos inclusive facilitaban sus residencias para que los disidentes nicaragüenses se reunieran bajo la cobertura de recepciones, cócteles y otros eventos sociales, para intercambiar puntos de vista y unificarse en la lucha cívicamente contra la dictadura revolucionaria. Y los cuerpos de seguridad sandinista sabían de esas actividades pero no se atrevían a tomar represalias contra los diplomáticos, salvo una vez contra el embajador venezolano quien fue objeto de una grave provocación en el Hotel Camino Real de Managua.
Pero en el caso de la —mínima— representación diplomática de Nicaragua en La Habana, nos parece imposible que se atrevan siquiera a conversar con disidentes cubanos, aunque tal vez no sea por falta de interés sino por los rígidos y ominosos sistemas de espionaje que imperan en Cuba.
En todo caso, lo importante es que el Gobierno de Nicaragua está manifestando su solidaridad con los demócratas cubanos, y lo más meritorio es que no lo hace por presión o influencia norteamericana —como dicen los patéticos castristas nicaragüenses—, puesto que es evidente que las relaciones con Estados Unidos están frías actualmente.