Casandra

Luis Sánchez [email protected]

Mi buen amigo, el profesor,

poeta, ensayista y académico Guillermo Rothschuh Tablada, me sugirió escribir sobre Casandra, uno de los personajes más dramáticos y aleccionadores de la mitología griega.

Casandra es hija de Príamo y Hécuba, la extraordinaria mujer que personifica el dolor de ser madre, pues perdió en la Guerra de Troya a 18 de sus 19 hijos varones, incluyendo a Héctor, quien según Homero fue el más valiente de todos los héroes troyanos, y Paris, el príncipe enamorado cuyo amor por la bella Helena fue la causa de aquella legendaria guerra.

Apolo se enamora de Casandra —tan bella y seductora como Helena—, quien a cambio de casarse con él le pide que le conceda el don de la profecía. Accede el enamorado dios que representa la hermosura masculina al deseo de la ambiciosa Casandra, pero ésta, después de obtener lo que quiere, falta a su compromiso de casarse con Apolo.

Enojado Apolo —dios del sol, de la luz y del exterminio, pero también de los alumbramientos y padre de Esculapio, la deidad de la medicina— se venga de Casandra haciendo que nadie crea en sus predicciones, aunque sean ciertas. De manera que cuando ella profetiza las desgracias que sobrevendrán sobre Troya, los troyanos no le creen, más bien la consideran loca y la encierran en lo alto de una torre desde donde incesantemente Casandra anuncia con gritos desgarradores la inminente destrucción de la ciudad.

Cuando Casandra se da cuenta que su adorado hermano Paris parte hacia Grecia, la infortunada profetisa multiplica sus lamentos y sus trágicas predicciones. Después, durante la guerra, siendo sacerdotisa del templo de Minerva, trata infructuosamente de impedir que los troyanos acepten el gigantesco caballo de madera que los griegos les regalan como supuesta ofrenda de paz, pero dentro del cual se esconden muchos guerreros que una vez intramuros abren las puertas de la ciudad y ésta sucumbe ante los griegos.

Cuando los griegos se apoderan de Troya, el rey Agamenón rescata a Casandra de manos del furioso Ayax que la asaltó dentro del templo de Minerva, para violarla. Agamenón se enamora de Casandra y se la lleva hacia Grecia. Durante el viaje, la profetiza advierte a Agamenón que le espera un trágico destino, ya que su misma esposa hará que lo asesinen; pero el jefe de la triunfante expedición griega contra Troya no da importancia a la siniestra profecía.

Por cierto que ésta es la última adivinación de Casandra, pues cuando llegan a Grecia y el rey Agamenón hace su entrada triunfal al gran palacio de Argos, llevándola de la mano, ambos son asesinados a puñaladas por Egisto, el incestuoso hijo de Tieste y su hija Pelopea, que en ausencia del rey se había hecho amante de la reina Clitemnestra.

La trágica leyenda de Casandra sirvió de inspiración a numerosos escritores y artistas de la antigua Grecia, pero también de los tiempos posteriores, como el célebre fabulista francés Jean de La Fontaine (1621-1695), quien escribió acerca de ella en su exquisita fábula La golondrina y los pajarillos.

Casandra vino a ser para la posteridad el símbolo de quienes advierten con su sabiduría y prudencia los males que pueden provocar ciertas acciones de los hombres soberbios e insensatos, pero nadie les cree hasta que sobrevienen las desgracias.

De esto hay muchos casos en la historia pasada y actual de Nicaragua.

Editorial
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