Nicaragua está en el momento de la verdad

Cornelio Hopmann*

Bolaños estancado: ¿Hay salida? tituló un semanario como eco al titular de LA PRENSA “Bolaños en franco descenso”. En ambas publicaciones se explica la caída, entre otros, por la promesa incumplida de crear empleos.

Quizás es el momento oportuno para despertar, refraseando: “Nicaragua estancada: ¿Hay salida?” y “Nicaragua en franco descenso”, puesto que en ninguna parte del mundo ningún gobierno puede crear empleos por arte de magia. Ningún gobierno produce bienes y servicios para la venta sino que se sostiene en base de contribuciones de los que produzcan semejantes bienes y servicios. Donde no hay economía que produzca, no hay de donde un gobierno pueda sacar para pagar planillas u obras de progreso.

Esta simple y sencilla verdad se desaprendió en Nicaragua, quizás porque ya desde más que 20 años se hacía uso de dos ingresos complementarios pero a la larga insostenibles. Por un lado Nicaragua se acostumbró a recibir plata en diferentes formas por medio de la cooperación externa y por el otro se descapitalizó al país en forma sistemática, algo que comenzó en el período sandinista, pero se prolongó hasta la Presidencia de Arnoldo Alemán, de tal forma que hoy por hoy tiene no solamente una deuda externa acumulada de más que ocho mil millones de dólares sino además una deuda interna de otros casi cuatro mil millones desde bonos de indemnización hasta CENIS por quiebras bancarias, desde facturas y compromisos no pagados por doquier hasta obligaciones acumuladas del INSS. Ojalá al fin del año se condone unos cuatro a cinco mil millones de la deuda externa, pero aún así y con los planes actuales de pago el Estado de Nicaragua quedará seriamente endeudado hasta el 2030 y adelante. Mientras no se cancele estas deudas, el Estado no será sujeto de nuevos créditos salvo créditos concesionales con fines sociales.

Si se habla de los escuetos ingresos fiscales, sobrepasaría con creces los ingresos propios, sostener al mismo tiempo a la Educación Pública y al sistema de Salud Pública, además invertir en obras de progreso y encima subsidiar servicios como electricidad y agua. Se dio entonces prioridad a educación y salud en primer lugar, y a infraestructura vial y a la seguridad ciudadana en un segundo lugar distante. Sólo propagandistas populistas baratos pueden hablar de gastos superfluos como fuentes de una solución: si todo el gobierno, menos educación, salud y policía, trabajara por un salario de cero córdobas y en todos los niveles desde el Presidente hasta secretaria, daría apenas capacidad para aumentar los presupuestos raquíticos de Educación y Salud por más o menos el 20 por ciento. Quien, entonces, proclama que reduciendo a unos se pueda aumentar sustancialmente a otros, o volver a los subsidios de servicios públicos, o no sabe de qué está hablando o simplemente miente de plano con objetivos políticos.

El país está, entonces, como se dice, en el fondo del barril y no hay acción mágica que lo pueda sacar del mismo, mucho menos de un solo hombre aunque sea el Presidente de la República. No se puede tampoco poner esperanzas en que la cooperación externa venga de nuevo al rescate: No solamente por el hito en corrupción del gobierno recién pasado sino más general en base de las experiencias de ya más de diez años, la cooperación bilateral está tan cansada del barril sin fondo llamado Nicaragua, que sus contribuciones y donaciones se encuentren en pleno receso, concentrándose los residuos en proyectos con fines netamente sociales.

Es hora de la verdad: O nos ponemos todos a producir con los recursos que tengamos, o simplemente el país seguirá no sólo estancados sino en franco descenso. Lamentar o alegrarse de la imagen empeorada del Presidente es en estas circunstancias puro autoengaño fútil.

* El autor es coordinador del Portal de Desarrollo Empresarial.
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Editorial
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