En letra pequeña

Fabián Medina
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Algo de razón

Muchos médicos se indignaron cuando el Ministro de Salud, José Antonio Alvarado, prometió cambiar la conciencia bisnera en ese gremio. Tenían razón de molestarse. Que le digan así las cosas en la cara a uno, duele. Pero todos en algún momento hemos estado en manos de médicos y, seguramente muchos como yo, habrán dicho: “No deja de tener razón Alvarado, auque lo haga por populismo”.

Mercado de la medicina

El pecado está en generalizar. Hay médicos que merecen todo mi respeto. Pero también son médicos aquéllos que recetan a sus pacientes, aunque sean más caros, medicamentos de las listas que le pasan los laboratorios, porque así ganan comisión. También son médicos aquéllos que trabajan en las empresas médicas previsionales y hacen hasta lo imposible para evitar dar un subsidio al paciente que tienen enfrente porque eso significa menos dinero para la empresa y para ellos. Hay mil casos más, tan generales como las recomendaciones de laboratorios de amigos o socios, o tan particulares como el día en que llegamos con mi hija gravemente accidentada al Hospital Bautista, y sólo entramos al quirófano hasta que enseñamos “el color del dinero”. ¿Quién no ha sentido que los hospitales y clínicas, con las excepciones de rigor, se han convertido en mercados donde se negocia con la salud de los infortunados?

Dudas fiscales

Hace pocos días don Róger Arteaga, director de la DGI, no sabía si la ley le mandaba o no a cobrar impuestos a los productos de la canasta básica que vienen del extranjero. Por si las dudas cobro, y si lo hice mal, devuelvo el dinero, prometió. La cosa es que si en esos días usted iba al mercado y compraba zanahoria importada de Costa Rica, pagaba impuestos; papel higiénico, pagaba impuesto, y así se recogieron mientras le duró la duda a don Róger Arteaga ¡90 millones de córdobas! Ahora que ya se le despejó la duda, y tiene que cumplir su promesa de devolver, dice que no sabe cómo. La pregunta es: ¿Para qué diablos prometió algo que no podría cumplir?

Embrollo

Fácil sería devolverle ese dinero a los vendedores, a los supermercados. Pero ellos sólo se lo quitaron a usted cuando compró la zanahoria para pasárselo a la DGI. Y el problema es que usted posiblemente ni tenga la factura ni el tiempo para hacer una gestión ante la DGI para que le devuelvan dos córdobas. No sé cómo saldrá don Róger de este embrollo, pero una respuesta tiene que haber, porque lo peor que podría hacer es quedarse con ese dinero mal cobrado y que no pase nada.

Tozudez

No sé si es por tozudez o por mala asesoría, pero el caso de las pensiones de Bolaños es un buen ejemplo de cómo convertir una victoria en derrota. Si él hubiese renunciado a su pensión, como lo dictaba el sentido común, andaría en hombros de aquéllos que creerían que está siendo consecuente con su discurso. Al contrario, ahora los diputados, que aprovechan para pasarle la cuenta, se la quitan y quedará como un señor que peleó hasta el último momento ese dinero que bien pudo servir para mejores causas.

Editorial
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