Más allá de un TLC llamado Cafta

Roberto Morales Muñoz* El Secretario de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick, afirma reiteradamente que su país está muy interesado en concluir en diciembre el TLC con Centroamérica (Cafta, en inglés), y califica las negociaciones como una prioridad de la agenda comercial. Zoellick, con su discurso político es muy elocuente pero no muy transparente: “Esto […]

Roberto Morales Muñoz*

El Secretario de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick, afirma reiteradamente que su país está muy interesado en concluir en diciembre el TLC con Centroamérica (Cafta, en inglés), y califica las negociaciones como una prioridad de la agenda comercial. Zoellick, con su discurso político es muy elocuente pero no muy transparente: “Esto no es sólo un TLC, es el desarrollo de la democracia y de las oportunidades”.

El discurso político de Zoellick no se condice con la realidad y mella la transparencia del TLC, imprimiéndole una suerte de tenebrosidad comercial de muy poca o dudosa reputación. Primero, porque en el ámbito democrático no existe ni se avecina ninguna revolución o movimiento insurgente que pueda atentar contra las democracias de Centroamérica y los regímenes políticos de cada país no se desarrollan ni fortalecen con las políticas económicas o comerciales impuestas por Estados Unidos. En segundo lugar, hablar sobre las verdaderas oportunidades para nuestros países es muy relativo.

No podemos hablar de oportunidades cuando Zoellick, sobre Chile, señaló la enorme decepción sufrida por EE.UU. por la falta de respaldo del sureño país en la guerra contra Irak dentro del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta declaración, en medio de una negociación, no fue más que el advenimiento de represalias contra este país y su TLC. Los resultados ya están a la vista.

El Consejo de Ministros de Economía de Centroamérica (Comieco), viene asegurando, exageradamente, las bondades del TLC para el istmo y la buena marcha de las negociaciones cuando cualquier persona con criterio se da cuenta del verdadero rumbo de las mismas y tales aseveraciones insultan la inteligencia de los que seguimos de cerca las negociaciones. Este grupo tan ilustre debería limitarse a comunicar los “avances” sin emitir juicios, puesto que los libera de responsabilidades ante cualquier fracaso y no engañan al pueblo. No obstante, a pesar de los fracasos los Ministros continúan “asegurando” que desaparecen las diferencias, ¿a cuáles diferencias se referirán? Finalmente, no puedo dejar de lado las declaraciones de nuestro flamante Ministro de Economía, afirmando que ya se había activado el mecanismo de solución de controversias que garantizará la aplicación correcta de la normativa y fortalecerá el comercio intrarregional. Me pregunto si el flamante Ministro sabe que al no haber concretado aún ningún acuerdo, al no haberse puesto de acuerdo en nada, no existe materia alguna que regular.

Retornando a las oportunidades, Estados Unidos bajo un argumento malevo, mostró profunda preocupación por la presentación de varias listas de productos a sabiendas que jamás Centroamérica podrá ponerse de acuerdo en una sola lista. Esto indica que, a priori, nos están presionando para generarla sin medir las desastrosas consecuencias que los sectores enfrentarían. De igual manera, negociar las listas en una sola llevaría más de un quinquenio partiendo del hecho que Centroamérica nunca está de acuerdo en nada cuando se trata de integración regional.

Otra “oportunidad” que oscurece el panorama se refiere al poco acceso informativo para los medios de comunicación, me pregunto, ¿y la transparencia de las negociaciones de los hechos, dónde quedó? Asimismo, existen otras oportunidades escabrosas que empañan las negociaciones como el tema de subsidios agrícolas, donde Centroamérica solicitó a EE.UU. apoye con un programa de cooperación para superar las distorsiones que se presenten en el mercado, ¿podrán?

Otra serie de oportunidades-problemas se perfilan como “problemas insalvables”, como el drama de los cafetaleros relacionado al rubro productos de café donde se debe establecer un arancel escalonado que permita su eliminación paulatinamente. Otra oportunidad es la del sector lácteo y sus normas de origen donde todos sus productos están sujetos al intercambio comercial entre la región parte de leche ordeñada en el territorio de los contratantes. En otro aspecto, los centroamericanos no cuentan con subsidios que sí tienen los americanos por ello se hace necesario establecer un programa de desgravación paralelo a la desactivación del apoyo interno y subsidio que brinda EE.UU. a su sector. Los avicultores claman también por el acceso al mercado, el sector carne considera necesaria la eliminación de cualquier traba sanitaria o fitosanitaria y se fije un arancel del 30 por ciento como base y se apliquen desgravaciones del 1.5 por ciento anual los primeros 10 años, etc, etc, etc.

La última oportunidad planteada por el Norte es rechazar la exclusión anticipada de los productos del TLC y aunque éste ofrezca alternativas de protección no serán jamás suficientes para salvar la poca industria, así como la producción nacional de determinados sectores. Mucho se viene hablando sobre la defensa de nuestros intereses como nación, independiente de la posición de los países del istmo, pero esta declaración jamás será una salida por la evidencia, los centroamericanos jamás nos ponemos de acuerdo. Solamente se ven promesas ante la supuesta protección arancelaria de seis sectores agropecuarios sensibles para la economía Nica, las mismas que quedarán en eternas promesas políticas.

Si nuestros dirigentes no buscan otras salidas como volver la mirada a las economías similares a la nuestra, jamás saldremos de la crisis y la encrucijada en que nos encontramos.

* El autor es jurista en Derecho Internacional.
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