- Kenneth L. Hoadley está al frente de la escuela Zamorano, cuya misión en la formación de jóvenes vinculándolos al conocimiento y desarrollo agropecuario. Llegó a Nicaragua a presentar la teoría de la nueva agricultura ante funcionarios de gobierno y sector privado para unificar criterios sobre el fortalecimiento de capacidades que los países deben asumir para hacer frente al establecimiento del acuerdo comercial que se negocia con Estados Unidos
María Antonia López [email protected]
Fue una entrevista a la cual accedió sin poner mayores preámbulos. Después de reunirse con funcionarios de gobierno, decidió llegar amablemente hasta donde se le esperaba, en el lobby del hotel donde se hospedaba, haló una enorme butaca y se acomodó presto a responder las preguntas.
¿Cuál es el concepto de la nueva agricultura?
El concepto de la nueva agricultura es que no se puede mirar solamente a la producción, sino a la transformación y comercialización de los productos de origen agropecuario.
El tema más grande en Centroamérica hoy en día es el de la competitividad en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (Cafta) sobre lo que va a pasar al sector agropecuario. ¿Va a desaparecer?, ¿va a poder competir con los productos importados? Porque uno puede decir que la agricultura hoy en día difícilmente va a competir. Como está ahora, los niveles de competitividad y los niveles de productividad generalizados en toda Centroamérica difícilmente van a poder hacerle frente. Algunas áreas o empresas lo podrán hacer, pero en general no son competitivas.
Competitividad, parece ser la palabra clave…
Pero con un enfoque donde miramos la cadena de la productividad del campo, la transformación, la comercialización, todos esos valores que comienzan en el campo y terminan con el consumidor final, en toda esa cadena debemos buscar cómo subir a los niveles internacionales para que sea competitiva.
La nueva agricultura es la aplicación de la tecnología de punta en la producción, transformación y comercialización de los productos agropecuarios y todos los apoyos de los gobiernos, universidades, organizaciones en pro de la salud y la integración de ese sistema en la cadena de valor de productos de origen agropecuario.
¿Eso qué tiene que ver con el Zamorano?
Por 60 años ha sido una escuela agrícola, que estaba principalmente preocupada por la producción en el campo. Hoy en día eso ha cambiado, ofrecemos cuatro carreras universitarias enfocadas hacia el sector rural cubriendo la producción, transformación y comercialización así como el desarrollo socioeconómico y manejo ambiental del espacio físico que rodea esa producción del campo.
Tenemos carreras de ciencia y producción agropecuaria, una de agroindustria, gestión de agronegocios, otra de desarrollo socioeconómico y ambiente. Con ese espacio cubrimos todo lo de la nueva agricultura, y la misión del Zamorano es ser el impulsor hacia ello. El impulsor de la transformación del sector rural centroamericano, tecnificada, competitiva bajo las reglas internacionales.
¿Qué alternativas tienen los países para ingresar a esa nueva agricultura, cuando la misma en cada nación tiene desarrollos diferentes?
Claro que hay diferencias fuertes pero todos los países centroamericanos tienen sus niveles de competencia, la tecnología existe con alta productividad. No es una tecnología que está fuera del alcance del pequeño productor, lo que tenemos que hacer es transferirla e incorporar a los pequeños a esa cadena productiva. No podemos tener una agricultura dual como hicieron en México por tantos años, con un sector comercial avanzando, rentable, y con otro atrasado. Debemos tener un solo sector agropecuario, donde el pequeño productor es participante en la cadena de valor. Creo que se puede hacer, tenemos ya experiencia en transferir, en crear pequeñas microempresas donde los asociados dan valor a su producción primaria y comercializan lo que han procesado.
Entonces se trata de priorizar a los pequeños productores…
Hay que partir de la producción de los pequeños. Pero uno de los factores que va a limitar la exportación de los productos agropecuarios en el futuro, hacia Estados Unidos, no es la barrera arancelaria, sino la barrera no arancelaria, las sanitarias, las de inocuidad y calidad alimenticia también las tenemos que vencer.
Tenemos que aprender cómo producir productos que reúnan las condiciones de calidad y de inocuidad para entrar al mercado de Estados Unidos.
Lo que tenemos que hacer es llegar a los productores, llegar a los intermediarios , los industriales, las plantas procesadoras con esas tecnologías.
Pero esa transferencia implica costos, habría que diseñar entonces políticas de gobierno, financiamientos externos…
Bueno, hay costos pero cuando hay buenos proyectos, hay dinero. Puede ser un proyecto del gobierno, de la inversión privada. Yo creo que en Centroamérica hay buenos proyectos. Cuando son rentables el dinero viene. La falta de fondos no puede considerarse una barrera, sino que debemos ser creativos, buscar las oportunidades, y no sólo en la maquila. La agricultura está allí para dar alto valor, fortalecer las exportaciones de frutas frescas, los que practican las cosechas bajo techo, donde los rendimientos son diez veces mayores que en el campo. Esas son tecnologías conocidas, que podemos aplicar en la región.
Eso también significa una interrelación entre diversas instituciones, de privados y gobierno, algo que no siempre es fácil.
Una de las razones principales de llegar a Nicaragua es avanzar en ese proceso. Ya estamos hablando con el Ministerio Agropecuario y Forestal, el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria, con el Instituto Nicaragüense Tecnológico, Nicaragua Sugar State, muchos egresados del Zamorano que están organizados, y la idea es asociarnos con los diferentes grupos que tienen intereses y juntar la cooperación internacional para reactivar el campo, que sea competitivo.
¿Ya hay proyectos específicos con esas instituciones?
Estamos trabajando en ellos. Una de las ideas es trabajar con los colegios rurales y secundarios. Porque uno de los fenómenos interesantes es que la gente joven del campo va a esos colegios y durante ese tiempo toman una decisión trascendental de quedarse en el campo o migrar a la ciudad y juntarse a esa gran masa que está fuera de control.
Si podemos ayudar en el fortalecimiento de los colegios rurales, podemos redirigir a esos jóvenes al campo para que se conviertan en líderes para la reactivación del área rural, líderes para la comercialización de esa nueva agricultura.
Estamos trabajando con el ministerio y otros, con la idea de encaminar a los colegios rurales.
Aunque sí trabajamos coordinadamente con otros programas como el Programa Regional de Manejo Integrado de Plagas de Centroamérica (Promipac), que es de Zamorano. No estamos comenzando, ya tenemos eso en marcha, y queremos fortalecer esos proyectos, construir sobre la base para sacar al sector adelante.
¿Qué tanta urgencia hay para aplicar esto de la nueva agricultura?
Tiene que ser para ya. El TLC se va a firmar este año. No queremos que pase lo que sucedió en México, que le dieron el período de gracia de diez años y no hicieron la reactivación tan rápido como quisieron y cuando terminó el plazo ciertos sectores todavía no estaban listos para entrar a la competencia internacional.
Habrá un período de gracia para Centroamérica, pero tenemos que comenzar a trabajar allá y convertir los sectores agropecuarios en competitivos.
Pero ese período de gracia podría ser corto para alcanzar el desarrollo…
Lo corto es relativo, porque no sabemos todavía de cuánto va a ser, todavía está en negociación. Siempre hay presión. Es mejor trabajar con presión porque eso nos obliga a tomar acción.
¿Considera que hay absoluta desventaja de Centroamérica con respecto a Estados Unidos?
No hay absoluta desventaja. En algunos cultivos, como el maíz. En otros hay que buscar que flexibilicen sus políticas de subsidios, desbloquear los accesos a los mercados. Pero, por ejemplo, si Centroamérica tiene acceso libre a los mercados, ya hay varios productos que son competitivos.
Los rendimientos en granos básicos de los pequeños productores en Nicaragua son muy bajos, y Estados Unidos está por encima. Competir contra ellos es un poco utópico. Por eso, tenemos que ayudarlos en la diversificación y buscar otros cultivos que son más rentables y que puedan competir más globalmente.
El valor agregado es sumamente importante…
El valor primario de la producción, luego después de cosechado y procesado es importante. Centroamérica está en muy buena situación de exportar productos de alto valor agregado.
Los textiles y la maquila son importantes, generan empleos e ingresos, pero estos países son agrícolas cuya riqueza principal está allí. Mucha gente piensa que es una fuente de pobreza. No es así, trabajando con la tecnología que existe e inteligentemente se puede ser rico.
UN RECTOR AGROPECUARIO
Kenneth Hoadley, quien actualmente forma parte de la facultad de la prestigiosa Escuela de Negocios Kenan-Flagler de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
Asumió la rectoría de Zamorano desde enero de 2003.
Completó su doctorado de Gestión de Agronegocios en la Escuela de Negocios de Harvard en 1983.
Sirvió como director del Centro de Educación e Investigación de Negocios Internacionales en la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos.
Fue decano de la Escuela de Administración Arthur D. Little en Cambridge, Massachussets, durante ocho años.
Ha vivido y trabajado en Colombia, Nicaragua, México y Costa Rica, durante más de 14 años.
También se ha desempeñado como profesor, director de programa y decano académico asociado en INCAE (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas), con sede en Nicaragua y Costa Rica.
SOBRE EL CAFTALa Escuela Agrícola Zamorano, establecida en Honduras, acaba de realizar un análisis sobre las implicaciones del Tratado de Libre Comercio que negocian de manera conjunta Centroamérica y Estados Unidos, en el que plantean como una de las prioridades el respaldo a los sectores con mayores limitaciones.
El análisis recomienda el reconocimiento de las asimetrías entre las dos partes, partiendo que son dos mercados con diferentes niveles de desarrollo.
Igual importancia brindan a la diferenciación de los llamados productos sensibles, que son aquéllos que cada país produce en mayor cuantía y no gozan de protección alguna.
Otros aspectos que refiere el análisis es que el Cafta deberá garantizar el desarrollo educativo a todos los niveles y la continua innovación tecnológica.
Entre los retos, el estudio cita la producción de bienes de alta calidad y con mayor valor agregado, incremento de la producción doméstica y de las exportaciones, oportunidades de inversión diversificada y una mayor participación social con equidad.
Este análisis fue presentado recientemente durante la quinta ronda de negociaciones del Cafta, que se llevó a cabo en Tegucigalpa, Honduras.