- Juez embarga y deja en custodia la famosa casa veraniega del ex de la DGI
- Derroche de lujo sorprende
a interventores
José Adán Silva [email protected]
“Pero si esto es un palacio”, exclamó la juez suplente Mariana Gómez, cuando llegó ayer a ejecutar el embargo a favor del Estado, de la mansión del ex director general de Ingresos, Byron Jerez, en las costas de Pochomil Viejo, en el Pacífico nicaragüense.
Cuando los guardas de seguridad abrieron los pesados portones de madera para dar paso a la comitiva judicial que llegó a embargar la mansión, todos corrieron a la puerta principal para ser los primeros en ver en vivo el lujo que desde la calle se sospechaba, y para comprobar impresionados que el ex director general de Ingresos, Byron Jerez, vivía como un rey en su mansión de Pochomil Viejo.
La juez llegó acompañada de sus secretarios, dos patrullas de agentes especiales de la Policía y la procurador auxiliar María Mercedes Aguilar, para ejecutar el embargo a la mansión conocida como “la terraza de Jerez” construida con fondos públicos destinados a las víctimas del huracán Mitch.
La casa de mar está inscrita a nombre de la esposa de Byron, Ethel González de Jerez, y fue intervenida luego que la Juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, Juana Méndez, ordenara en septiembre del año pasado que se le embargasen los bienes a los culpables de lavar dinero y defraudar al Estado, entre los cuales se encuentran Jerez y su esposa, en el caso conocido como “la huaca”, donde casi 100 millones de dólares de fondos públicos fueron malversados por el ex presidente Arnoldo Alemán y funcionarios de su gobierno.
OBSESIÓN POR EL MAR
Si algo diferencia al ex presidente Alemán de Byron Jerez, es el gusto por la construcción y decoración de propiedades: mientras Alemán se desvivía por haciendas campestres llenas de vacas y arbolitos frutales, Jerez demostró su buen gusto por las mansiones con piscina, terrazas y vista al mar, como lo comprueba la adquisición de una casa en las playas de San Juan del Sur, un apartamento en Costa Azul, Panamá, otro en Miami, con vista al mar, y hasta un yate que anclaba en San Juan del Sur.
Desde la antesala de ladrillos blancos y ventanales de vidrio que permiten ver la piscina de azulejos y el camino enladrillado a la costa, hasta el ranchón a orillas de la piscina, hay una serie de adornos y cuadros que revelan una característica poco conocida de Jerez: su obsesión por el mar.
Por todos lados hay adornos en forma de fauna marina y objetos propios del mar: chinchorros, remos de colores, canoas, salvavidas, cañas de pescar, antiguos cascos de buceo, peceras, libros sobre cómo mantener a los peces y hasta catálogos de los mejores modelos de casas frente al mar: “Desde Malibú a Laguna”.
El palacio es de dos plantas, con un ascensor eléctrico el cual usaba el hijo discapacitado de Jerez, y ocho cuartos confortables y equipados con todo; la terraza, de 1.50 metros de altura, 75 metros de largo y 15.50 de ancho, es de ladrillos de mosaicos blancos y azulejos de todos colores donde se diseñaron figuras de cangrejos, peces, langostas, estrellas de mar y una infinidad de animales marinos.
Al final de la terraza está la piscina en forma de pescado que se divide en dos: una pequeña para niños a la cual se llega desde una plataforma que nace al pie del elevador, seguramente para que la silla de ruedas del hijo de Jerez se desplazara sin problemas, y la otra, la más grande, la cual contaba con un minibar techado con paja, tipo barra, desde donde Jerez podía beberse un daikirí con la vista clavada en el mar.
A la derecha de la piscina, a unos 10 metros de distancia, está un ranchón de dos pisos que igual servía de pista de baile como de parrillada.
LA SúPER COCINA
Los cuartos de la segunda planta, todos con aire acondicionado, tienen un balcón desde el cual se puede ver el mar y al igual que los de abajo, están bien equipados. En los corredores de la casa hay ventanales de vidrio y puertas corredizas, con poltronas y sofás por doquier, más ceniceros de bronce en forma de pescaditos, estrellas marinas, pulpos y tiburones.
La cocina, en la planta baja, ocupa un espacio de 10 metros de ancho por unos 12 de largo. Al centro hay una cocina gigante con tres hornos industriales integrados, cinco refrigeradoras grandes de dos puertas (tipo roperos de dos cuerpos), tres lavadoras de trastos, un pantri de unos cinco metros de largo, con una alacena de 15 gavetas de madera, más un juego de incontables pailas nítidamente pulidas que cuelgan desde el techo.
A la par de la sala principal, sobre la cual cuelga una canoa con sus remos y unos ventiladores que asemejan las hélices de un barco, hay una sala de entretenimiento con un minibar con botellas a medio tomar, y parlantes por todos lados. Sobre la pequeña mesita de vidrio, aún aguarda un trago servido desde Semana Santa, cuando la hermana de Byron, Lorna Jerez, acompañada de unos amigos y familiares, estuvieron por última vez en la lujosa mansión.
MANSIÓN DE TRES MILLONES DE DÓLARES
Afuera un grupo de periodistas debatía sobre cuánto podría costar el edificio, con sus muebles y demás adornos, y las cifras se iban desde un millón de dólares, hasta tres, cuando en eso apareció la procuradora auxiliar María Mercedes Aguilar, con una libreta con el inventario de la casa, diciendo en tono de broma que dejaran de hacer cálculos “porque nadie sabe cuánto cuesta este palacio”.
Ella, tras la insistencia de que estableciera un cálculo, dijo que la propiedad de cuatro manzanas podría costar, sin los muebles y los enseres, unos tres millones de dólares (aproximadamente 45 millones de córdobas).
La juez Mariana Gómez no quiso arriesgarse a calcular el valor de la mansión y prefirió guardar silencio, pero minutos después, cuando observaba en silencio la enorme cocina llena de pailas, no pudo resistir y exclamó: “Es una belleza”.
Uno de los policías antimotines, que se fumaba un cigarro afuera, fue encontrado por su otro compañero recostado sobre un muro, por lo cual se puso nuevamente en estado de vigilancia, pero su colega compasivamente le dijo: “Quedate ahí hombré, aprovecha, quién sabe cuándo vas a volver a recostarte en una casa millonaria”.
FONDOS MITCH
La mansión de Jerez se comenzó a construir a finales de 1999 con fondos del Ministerio de Transporte e Infraestructura, destinados a las reparaciones de los caminos destruidos por el huracán Mitch. La Contraloría encontró responsabilidad penal para Jerez por permitir que más 412,861 dólares destinados a obras sociales se usarán para su beneficio personal.
EN CUSTODIA
La propiedad, a pesar de que fue intervenida por el Estado, quedó en depósito de la hermana de Byron, Enna Jerez, por ser ésta la única familiar que se presentó a recibir la orden judicial.
Enna Jerez, según la orden judicial, no podrá sacar ni vender nada de la casa, sin una orden judicial.
La casa quedará, además, bajo resguardo policial.