¿Qué ha sido lo destacado?

Aquí lo mejor de nuestro discreto baloncesto Edgard Tijerino [email protected] Frente al inminente cambio de dirección, buscando mejorar el funcionamiento y transformar favorablemente la mentalidad en nuestro baloncesto, salta al tapete de la curiosidad la pregunta, ¿qué ha sido lo mejor de este deporte en la historia pinolera desde el aterrizaje del Almirante, cuando los […]

  • Aquí lo mejor de nuestro discreto baloncesto

Edgard Tijerino [email protected]

Frente al inminente cambio de dirección, buscando mejorar el funcionamiento y transformar favorablemente la mentalidad en nuestro baloncesto, salta al tapete de la curiosidad la pregunta, ¿qué ha sido lo mejor de este deporte en la historia pinolera desde el aterrizaje del Almirante, cuando los tiros de tres puntos estaban tan lejos de ser imaginados como las bombas inteligentes?… Amigos, la respuesta es tan difícil como intentar controlar a Kobe Bryant, aguantar una embestida de Shaquille O´Neill o descifrar un quiebre de Allen Iverson.

Ser discutido es ser percibido, decía Víctor Hugo, y lamentablemente, este electrizante deporte, síntesis de vigor, velocidad, coordinación, inspiración y precisión, no ha producido mucho que discutir entre nosotros.

Hace unos días, conversando en Miami con Leonardo Green, uno de los mejores pasadores que mis ahora debilitados ojos, han visto en acción en nuestras canchas, le pregunté por Frank Sanders, aquel muchacho que con sus casi seis pies siete pulgadas, parecía rascar las nubes con su cabello ensortijado, y que siendo estudiante de quinto año del Colegio Bautista fue incluido durante un buen rato en el engranaje de los Trotamundos de Harlem.

Ocurrió en octubre de 1957, según el informe suministrado por el doctor Julio Aguilar Bustamante, un experto en detalles que en aquella época seguía paso a paso la actividad deportiva en el terruño.

Claro, lo de Sanders fue en uno de los partidos de exhibición que aquellos magos del baloncesto nos ofrecieron, cuando los torneos escolares echaban humo pese a ser organizados espontáneamente y prácticamente sin presupuesto.

¿Un nica jugando con los Trotamundos?… Una buena pregunta para concurso, y aunque no fue algo oficial —como tampoco lo fue el triunfo de Nicaragua sobre Estudiantes de La Plata en fútbol—, en medio de la agobiante escasez que nos atrapa cuando buscamos hechos meritorios en el baloncesto casero, la presencia de Sanders obliga a un párrafo aparte como diría Stefan Zweig.

Pero, eso no ha sido lo mejor, aunque sí, vale la pena resaltarlo.

No vamos a ocultar debajo de la mesa el repunte conseguido en los años 70 con Tito Ruiz, Monchito Sirias y otros dirigentes, que aprovechando la presencia de María Helena de Porrras en la Presidencia de la Federación, agitaron el baloncesto casero de varones para estremecer el Polideportivo al ritmo de Sammy Lambert y Clifford Scott, más Gallop, Omier, Roger Hogdson, Marlon Torres, Valerio, y lo que quedaba de aliento en Toño Blandón, César Sequeira, Leonardo Green, Harvey Zelaya y otros, mientras crecía la rivalidad entre UCA y Caminos.

Hay dos hechos, que han provocado una llamativa repercusión durante ese permanente movimiento detrás de las cortinas de nuestro baloncesto.

Los “Ulloa” fueron un lujo para el baloncesto del área. Reunir a un grueso número de equipos encabezados por la URSS y Cuba, más Panamá, el rey del circuito, y otros competidores de diferentes partes, incluyendo por supuesto el resto de Centroamérica con rosters fortalecidos, convirtió año tras año, el Polideportivo en una caldera hirviendo, empujándonos hacia un nivel de exigencia, nunca antes imaginado.

Sacándole brillo a la casaca nacional pese a no poder contar con el mejor material del Centro de Pinturas, ese equipo pinolero dirigido por el competente salvadoreño Capitán Germán Arriaza, y funcionando eficazmente alrededor del esfuerzo desplegado por la súper-canastera Thelma Platt, unas elevadas murallas de contención como lo eran Pina Santamaría y Francis Arana, el manejo de balón y sentido del anticipo de Norma Pallais, Mirta Montano e Ingrid Baltodano, y el impulso de Lidia Poveda, Perla Santamaría y la entonces fogosa chavala Fanny Solís, se logró vencer 68-63 a Honduras, 62-36 a Panamá, 63-51 al equipo salvadoreño y 61-45 a las ticas.

Con un total de 80 puntos, Thelma Platt fue la más fulgurante estrella del certamen. En esa época, coincidiendo con mi bachillerato en el Instituto Ramírez Goyena, el show lo garantizaban las muchachas, en tanto el baloncesto masculino tenía que resignarse al rol de preliminarista.

NO HAY MITOS

Hay también actuaciones individuales inolvidables como las de Paul Argüello y Bernardo Medal, en los “Ulloa”, al frente de tropas agresivas, los elevados marcajes encima de los 100 puntos en un juego de Alí Salomón y Derick Omier, el subliderato en anotación de Sammy Lambert en un Campeonato de Campeones y el salto de Clifford al concierto Centroamericano.

No hay mitos en nuestro básquet, ni grandes historias que contar, pero en estos momentos, frente a la opción de un cambio de dirección, y poder contar con una buena base de recursos humanos, se encienden las velas de la esperanza y adquiere forma la posibilidad de poder atravesar por una época de resurgimiento.

LOS «ULLOA»

1) Los torneos internacionales “Carlos Ulloa” en los años 80, cuando el doctor Francisco Zambrano adquirió una gran notoriedad como activista antes de desembocar tontamente en un innecesario desgaste. Los “Ulloa”, fueron un invento de Zambrano, y su gestión, hizo posible contar con el aporte decisivo de William Ramírez, quien aseguró la colaboración del aparato gubernamental.

MONARCAS

2) El título Centroamericano femenino obtenido por el Salvadorita en 1964, robándose la admiración del público costarricense.  

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