Papito

Julio Campos M. Cuánta enseñanza nos heredaste, siempre fuiste hombre de bien, trabajador, honrado, pacífico, y así quisiste que fuéramos tus hijos. Dejaste el campo que tanto añorabas para que tuviéramos otra vida, otra visión del mundo y de las cosas. Recuerdo tu vida de peón, de mandador en la hacienda ganadera, de agricultor en […]

Julio Campos M.

Cuánta enseñanza nos heredaste, siempre fuiste hombre de bien, trabajador, honrado, pacífico, y así quisiste que fuéramos tus hijos. Dejaste el campo que tanto añorabas para que tuviéramos otra vida, otra visión del mundo y de las cosas.

Recuerdo tu vida de peón, de mandador en la hacienda ganadera, de agricultor en tierras donde no tenías patrón, donde vos eras propio jefe y tus hijos mayores tus ayudantes.

Papito: Allá quedaron tus recuerdos y aquí la nostalgia de haber dejado ese paraíso terrenal donde nada se vendía sino que estaba al alcance de la mano, los granos, las frutas, el río, el arrozal los peces, el trigal, la leche, aún cuando no teníamos ninguna riqueza más que el amor y la felicidad de ser una familia grande y unida, como quisiera que fuéramos ahora que se va acercando ese triste momento de empezar de nuevo a caminar solos igual que cuando dimos nuestros primeros pasos.

Se nos va nuestro guía y ejemplo, es la ley de la vida y de Dios a quien encomiendo nuestros pasos, tu alma que siempre fue de Él, le doy gracias por tu bondad, tu humildad, tu sabiduría. Puedes irte contento de los frutos de tu vida, de tu cosecha, como lo dijiste hace poco. Te aseguramos sin dudas que vamos a honrarte siempre.

En nombre de toda la familia, te digo gracias por todo, papito, que te vaya bien, hasta luego.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí