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El Benemérito Cuerpo de Bomberos de Granada está de duelo por la muerte del capitán Manuel Mejía y de Jaime Masís, hijo del Segundo Jefe de Bomberos Voluntarios de ese departamento, mayor Raúl Masís, al sumergirse en las aguas del Lago de Granada la panga donde se transportaban.
La tragedia ocurrió a eso de las diez de la mañana de ayer, cuando seis personas zarparon a bordo de una pequeña lancha hacia la Isla La Venada, a festejar la despedida del mayor Masís, quien partiría hacia los Estados Unidos, y de paso a realizar prácticas bomberiles y retirar un poste que obstruye el paso de las lanchas en el Lago.
El teniente César Urbina Silva, de 47 años, miembro del Benemérito Cuerpo de Bomberos y sobreviviente de la tragedia, narró que después que la panga se hundió, logró aferrarse al tanque de gasolina y flotó por un momento, pero debido a la falta de habilidad para nadar, se desprendió del mismo, y cuando despertó, estaba en el hospital.
NUNCA TOCÓ SUELO
“Nunca toqué suelo, no llegué, yo veía que todos luchábamos, pero no me di cuenta, al final perdí el sentido, hasta que me desperté aquí (en el hospital de Granada)”, recordó Urbina Silva.
Se calcula que el accidente ocurrió a unos cincuenta metros del puerto El Diamante, y había unos cuatro metros de profundidad.
El teniente Alejandro Bustamante detalló que en la embarcación que pereció iban a bordo el mayor Raúl Masís, su hijo Jaime, quien se desempeñaba como contador en el Hotel Alambra, y los capitanes César Chalupa y Manuel Mejía, más el conductor de la panga.
“Al ir a cierta distancia ya no visible para los que nos habíamos quedado (en el Puerto), la panga se detuvo por una falla, no sabemos por qué. Luego el panguero la encendió normal, pero al encenderla lo que hizo fue retrocederla, y al mismo momento él aceleró hacia adelante, y ahí fue donde se fue a pique”, explicó Bustamante.
PESO MAL DISTRIBUIDO
Aunque todavía no hay una versión oficial sobre lo que pudo haber ocasionado el súbito sumergimiento de la pequeña embarcación, los tripulantes que sobrevivieron creen que la razón fue la mala distribución del peso.
“(Era) una panguita chiquita, (estaba) mal calibrado el peso, (iban) cuatro personas atrás, en vez de dos. Si se hubiera repartido no hubiera pasado nada”, afirmó el teniente voluntario César Urbina, desde la cama del hospital de Granada.
“Según la narración del mayor (Raúl) Masís, la lancha iba bien, pero iba mal distribuido el peso, entonces se iba metiendo agua por el extremo delantero”, sostuvo el teniente Alejandro Bustamante.