Vivir es un riesgo

Edgard Tijerino M. [email protected] Toda intervención quirúrgica implica riesgos, me explica el Dr. Sheldon Cohen a pocas horas de trabajar en mi garganta deteriorada por el esfuerzo de estar más gritando que hablando a lo largo de 30 años, y antes que me explique los detalles lo interrumpo para colocarle sobre el tapete, a la […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Toda intervención quirúrgica implica riesgos, me explica el Dr. Sheldon Cohen a pocas horas de trabajar en mi garganta deteriorada por el esfuerzo de estar más gritando que hablando a lo largo de 30 años, y antes que me explique los detalles lo interrumpo para colocarle sobre el tapete, a la orilla de los instrumentos que está utilizando en los exámenes previos, la frase de Jorge Luis Borges: “Vivir es un riesgo”.

Ciertamente, como apunta el gran escritor argentino a quien le fue negado el Premio Nóbel, pero que no lo necesita para dimensionar su grandeza, igual que Pete Rose con su boleto confiscado para el Salón de La Fama, desde que nacemos, estamos a riesgo.

Nadie sabe lo que puede ocurrir en el próximo instante, aunque esté escrito como diría Demóstenes.

Hace unas semanas, el Dr. Cohen determinó que trabajaría en mi garganta con rayos láser para eliminar una gruesa callosidad, flexibilizar cuerdas endurecidas y garantizar que una irritación permanente ceda… Todo eso lo escuché con naturalidad, pero no pude evitar sorprenderme cuando agregó que una placa oculta por la callosidad, podría ser algo merecedor de cuidados especiales, “un pre-cáncer”.

Mientras me observaba, dijo: “En este caso la palabra pre, tiene mucha importancia, porque indica que se está a tiempo, y que si la biopsia que se te va a practicar nos obliga a un tratamiento, las posibilidades son buenas”.

Y continuó: “La operación es sencilla, pero vas a estar tres días sin poder hablar mientras la irritación pasa y hacemos la biopsia”.

Obviamente, una de las posibilidades, es que todo salga bien, la operación y la biopsia, y aunque no quede como nuevecito porque eso a los casi 60 años es imposible, pueda seguir mi ritmo de trabajo mientras el envejecimiento finalmente me derrote.

La otra, que tenga células a las que se debe combatir de inmediato para evitar que crezcan las complicaciones, me enviaría a las radiaciones, lo cual, naturalmente, me sacaría de los box scores por un buen rato.

Desde que nací, he tenido suerte en casi todo, y cuando te acercas a los 60 años avanzando por esta vida tan llena de complicaciones al galope, el optimismo permanece ahí, terco, irreductible.

Estoy aquí en el Hospital Bautista de Miami con el mejor medicamento imaginable, mi esposa Auxiliadora, y yo hacemos planes sobre la publicación de un libro “Yo lo vi”, para el mes de septiembre.

Estuve sometido a la medicina naturista por casi un mes y me siento muy bien, pero como apuntaba Borges, “Vivir es un riesgo”, y de eso estoy claro… Así que, ya veremos qué pasa en el próximo instante.  

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