Ricardo Mayorga (der.) no tiene un bonito estilo, pero su poder lo puede llevar lejos. (LA PRENSA/Archivo)

¿Mayorga en esa estirpe?

Pelear con Ketchel, Graciano o La Motta: ¡como ir al infierno! Víctor Cota A través del tiempo han sido conocidos como “matadores”, “terribles”, “atroces”, “temibles”, “terroríficos” y no sabemos cuántos calificativos más, en ocasiones exagerados y en otras no tanto. Simplemente han sido peleadores que cada vez que llegaron al cuadrilátero, convirtieron aquello en un […]

  • Pelear con Ketchel, Graciano o La Motta: ¡como ir al infierno!

Víctor Cota

A través del tiempo han sido conocidos como “matadores”, “terribles”, “atroces”, “temibles”, “terroríficos” y no sabemos cuántos calificativos más, en ocasiones exagerados y en otras no tanto. Simplemente han sido peleadores que cada vez que llegaron al cuadrilátero, convirtieron aquello en un escenario de violencia inaudita, aunando una forma de combatir espectacular y emotiva, y la mayor parte de ellos se hicieron favoritos de los aficionados de su tiempo y trascendieron como aquello que desde siempre ha sido conocido como reyes de la taquilla.

Muchos de estos pugilistas se constituyeron en amenazas para todos con quienes les tocó combatir y adquirieron el rango de estrellas desde los albores del espectáculo hasta nuestros días.

Siempre han gustado y emocionado a las mayorías y normalmente han sido garantía tanto para sus representantes como para los promotores antes y ahora, cuando resultan ideales para la televisión, que transmite sus actuaciones a buena parte del planeta, ofreciendo a millones la oportunidad de verlos en acción.

Antes se les conocía sólo por las reseñas escritas; si acaso se les veía fuera de las arenas en donde combatían, era en el cine, en pequeños trozos de celuloide y excepcionalmente se filmaba completa alguna de sus batallas.

Desde siempre el criterio general los señaló como hombres a los que era mejor tener lejos. El infierno era preferible a encerrarse con ellos entre las cuerdas, dicen algunos, y son varios los que forman parte de capítulos importantes en esta historia del boxeo que no obstante albergar bajezas y hechos bochornosos, también lleva aparejados momentos sublimes y apasionantes.

Este tipo de golpeadores se ha dado principalmente en Estados Unidos y de vez en cuando en otras partes.

¿Quién puede olvidar —entre quienes los conocieron— a aquellos salvajes con guantes como Stanley Ketchel, Rocky Graciano, Jack LaMotta y Rocky Marciano, entre otros?

El nocaut —decía alguien— es el impacto más directo y brutal a la capacidad emocional de las multitudes, y no hay duda de que los mencionados iban directamente en busca de eso, combatían con todo, como si en ello les fuera la vida —¿les iba?—.

Ha habido y hay más. Recordamos a Carmen Basilio, el héroe de Canastota del que algunos exagerados (?) aseguran que en una pelea a muerte nadie lo habría resistido. Fue un peleador poco común, con valor temerario al que no le importaba lo que recibiera en su afán por ganar.

Además de él en el pasado existieron tal vez una docena, por lo menos, de otros con una forma similar de hacerlo todo sobre el entarimado y están en los anales hombres como Henry Armstrong, Mickey Walker y Sandy Saddler, por mencionar a algunos.

El frenesí, la furia y ardor que ponía a su servicio el Mike Tyson de sus mejores noches pocas veces ha sido igualado y ese estilo deslumbrante lo convirtió en el más grande taquillero conocido hasta ahora y uno de los noqueadores que llevaron hasta el delirio a miles, quizá millones de aficionados o simples espectadores.

Él todavía está activo, pero cerca de irse. En cambio hay otros que están arribando a la atmósfera de los consagrados. Uno de ellos latinoamericano, el nicaragüense Ricardo Mayorga, actual campeón mundial de peso welter, con una singular manera de hacer las cosas en el ring, que hace recordar, aunque pálidamente todavía, y no sabemos si en eso quedará, a los inmortales mencionados.

Ese estilo de arrebato, la forma en que busca la victoria, están gustando y atrayendo más gente cada vez que entra en acción.

Mayorga ha peleado poco tiempo en el nivel de élite, le falta mucho por demostrar, pero no deja de impresionar y por lo pronto ya empieza a entusiasmar a muchos, algunos de los cuales se plantean algunas interrogantes entre las que destaca el de si pertenecerá a la estirpe —o alguna cercana— de aquellos alucinantes guerreros que en sus ansias de triunfo no medían distancias, no pensaban en consecuencias y no temían a los puños de nadie, sin importar quién fuera ni cómo se llamara.

Insistimos que han sido escasas sus apariciones en la cumbre, a la cual está apenas arribando, y en todo su historial de víctimas, aparece sólo un hombre de respeto. Éste es Vernon Forrest, el prestigioso estadounidense que perdió su carácter de invicto y su título ante los puños de Ricardo Mayorga.

Todo lo anterior en su vida de peleador, es un récord compuesto por algunos buenos pugilistas, otros solamente aceptables y los más, pertenecientes a ese extenso grupo conocido como gente de tercera y cuarta clases, los jornaleros que no faltan en ninguna actividad.  

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