El cobrador de Peaje

Un señor sudamericano contaba recientemente que en su país hubo un tipo que inventó cobrar peaje en una pequeña carretera que pasaba cerca de su casa. Todo iba bien, todos los conductores pagaban, el negocio iba creciendo… ¡hasta que se le ocurrió subir la tarifa! Los usuarios fueron a reclamar a las autoridades por el […]

Un señor sudamericano contaba recientemente que en su país hubo un tipo que inventó cobrar peaje en una pequeña carretera que pasaba cerca de su casa. Todo iba bien, todos los conductores pagaban, el negocio iba creciendo… ¡hasta que se le ocurrió subir la tarifa! Los usuarios fueron a reclamar a las autoridades por el alza, y la respuesta fue la misma en todos lados: ¿Cuál peaje? ¿Cuál tarifa?

Al ocurrente ciudadano se lo llevaron al bote y ahí estuvo su largo rato pagando sus travesuras. No hubo protestas de nadie, ni pancartas, ni amenazas de incendiar el país, ni solicitudes de justicia o lamentos por la violación de sus derechos humanos. ¡Claro!, como era un pobre pelado que no había hecho grandes favores ni tenía con qué movilizar a sus fieles seguidores, tuvo que pagar su condena.

Y aquí es donde volvemos a lo mismo de siempre. Como muy bien canta Carlos Mejía Godoy —a quien nunca terminaremos de agradecer esa belleza llamada La Misa Campesina— «el que tiene más galillo siempre traga más pinol», y siempre anda ahí conspirando, desbaratando, jugando a ser Maquiavelo, simplemente porque en vez de cien pinches pesos se robó millones de dólares y tiene la plata para poner a bailar al perro.

En nuestro caso, ahí anda la gente de Tamalón defendiendo lo indefendible. Nadie niega que el gordito es chilero (por la finca y los chiles que cuenta), bueno al trago, duro al diente, regalón, dicharachero, sonriente y más veloz que chisme bien contado, pero de ahí a ser mansa paloma de alas limpias, ¡hay mucha, muchísima distancia! Y el problema es que El Tamal más Tamal sigue agarrando vuelo.

Lo hemos dicho y lo repetimos. Churri hacete a un lado que vos no servís ni de cargabates. Ya dejale el mando a doña Lila T. que ella saca en peso a Tamalón y lo lleva directito a donde debe estar: en el Sistema Penitenciario Nacional. Y, como diría el mismo Tamalón, «Muerto el perro, se acabó la rabia».


El Azote

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí