Dalila Laguna [email protected]
El 5 de Junio se celebra desde 1972, cuando se desarrolló en Estocolmo, Suecia, la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, el Día Mundial del Medio Ambiente. Siempre para esta época se desarrollan actividades en pro de la protección del ambiente y los recursos naturales, y este año no es la excepción. Diversas entidades tanto de Gobierno como de la sociedad civil organizada celebran este día con actividades concretas.
También se escuchan voces que preguntan qué hace el Gobierno o tal institución o las ONG por la protección del ambiente. Pero algo tan sencillo y fácil de decir como qué estoy haciendo yo, no se dice, pues para todos resulta fácil increpar a los demás sin recordar que la protección del ambiente y los recursos naturales es una tarea de responsabilidades compartidas.
Si todos los habitantes del planeta de una u otra forma le causan daño, la lógica indica que a todos corresponde mitigar el impacto de la permanencia humana en la Tierra. Cada uno puede depositar los desechos en su lugar, plantar arbolitos en el patio, educar a los niños sobre este tema, en fin, existen un sinnúmero de acciones que se pueden desarrollar en los hogares y de esa forma participar activamente en la protección del ambiente.
Desde la Conferencia de Estocolmo muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, durante ese evento los países desarrollados plantearon que los problemas ambientales no eran pertinentes, que la pobreza representaba una mayor amenaza al bienestar humano y al medio ambiente, y que el crecimiento económico no era un problema sino una solución. Sin embargo esa posición constituyó un grave error porque se dejó de lado el futuro de la causa común, la Tierra, que cada vez está más herida, deforestada, con sus aguas contaminadas, tal vez a punto de sucumbir ¿Y dónde vivirá la gente cuando se destruya por completo la Tierra?
Continuamente se observa y escucha a través de los medios de comunicación informaciones sobre derrames de petróleo en distintos mares del mundo, grandes cantidades de desechos radioactivos y tóxicos que se depositan en los países donde las legislaciones lo permiten, y otras barbaridades contra el ambiente y la vida misma. Pero los ciudadanos comunes y corrientes no mencionan ni se detienen a pensar adónde va a parar el aceite quemado que se le cambia a los vehículos, adónde van a parar las baterías de vehículos, las llantas que ya no sirven que aparte de ser usadas por los quemallantas en las huelgas para contaminar los pulmones de las personas y la atmósfera, así como para la reproducción de mosquitos. Todo eso ya no sirve más que para contaminar.
Se requiere de la voluntad de cada persona para revertir el proceso de deterioro ambiental, amén de la voluntad política de quienes tienen el poder, los recursos económicos y la obligación de proteger los recursos naturales y el ambiente. No hay que ser sólo espectadores. Hay que hacer algo concreto, no quedarse en retórica, no decir que esa es tarea de los ambientalistas. Si se asume la protección del ambiente como un reto personal y profesional se podrá ganar la partida al desastre ecológico y ambiental que se vislumbra.
No sólo el cinco de junio de cada año es para trabajar en la protección del ambiente. Todos los 365 días del año hay que hacerlo porque cada segundo de existencia se necesita aire para respirar, agua para beber y el sol para iluminar y calentar. Por la garantía de vida de las generaciones presente y futura hay que trabajar en la protección del ambiente y los recursos naturales. Hay que reflexionar sobre lo que ocurrirá el día que se corte el último árbol, se asesine el último animal, cuando no exista ningún lugar donde pisar porque todo estará cubierto de basura y contaminación, y no se pueda beber un poco de agua porque no será apta para el consumo humano. Entonces y sólo entonces se podrá comprobar que el dinero no se come.
La autora es periodista ambientalista.