Fernando Centeno [email protected]
La disposición de la Alcaldía de Managua de regular la venta de bolsas plásticas con agua y de otros envases no retornables, contribuye en parte a solucionar este grave problema en la ciudad capital, pero no es la mejor opción, tomando en consideración que muchos de los acuerdos firmados anteriormente han quedado en papel mojado.
Se calcula que entre 600 mil y 700 mil bolsas y envases plásticos son lanzados diariamente a las calles, avenidas o basureros en Managua, las cuales en su mayor parte van a parar a los desagües, basureros clandestinos, la laguna de Tiscapa, el Cocibolca y La Chureca.
El problema de la basura plástica no es exclusivo de Nicaragua. Los gobiernos de EE.UU. y de la Unión Europea se han visto obligados a tomar fuertes medidas contra el uso del plástico, debido a la presión ejercida por los grupos y organizaciones ambientalistas y la población en general, que observa afectado su medio ambiente por la polución visual y por la contaminación que este desecho produce en el aire.
El consumo mundial de plástico sobrepasa las 50 millones de toneladas métricas, de las que sólo el uno por ciento se recupera, y el resto produce efectos graves en ríos, lagos y lagunas, obstruyendo los sistemas de drenaje y provocando en parte la saturación de cauces y tragantes, que originan las repetidas inundaciones.
Este año en Taiwan obligaron a instituciones estatales y algunas empresas privadas a suspender la distribución y venta de alimentos en empaques desechables, por los graves daños que estaban provocando en los sistemas de drenaje y establecieron multas por más de seis mil dólares a quienes incumplieran estas disposiciones.
El problema de la basura plástica en Managua es mucho más grave de lo que se piensa, pues no sólo se origina en las bolsitas plásticas sino en la exagerada utilización de envases no retornables que pasan a engrosar los inmensos y cada vez menos controlables botaderos de basura al aire libre que existen en la ciudad , provocando efectos negativos en el ambiente y la salud humana.
La ausencia de regulaciones en el uso de la nomenclatura de reciclaje impresa en los productos impide la implementación de políticas que permitan la producción y consumo de plásticos para la reutilización.
La necesidad de nuevas tecnologías para procesar residuos plásticos aunque es una solución no resulta práctica por sus altos costos para países como Nicaragua, por lo que es necesario asumir otras medidas como por ejemplo la educación ambiental. Los consumidores deben comprender las consecuencias que este problema produce para ellos y las futuras generaciones. Pero hay que estimularlos a disponer de bolsas o recipientes reutilizables para hacer sus compras, y a separar los desechos.
La soluciones realmente no son simples, pero en la medida que se logre sensibilizar a las industrias y la población del daño que representa para la salud humana y para el medio ambiente la exagerada utilización de envases plásticos y otros similares, se estará contribuyendo a disminuir las causas de fenómenos naturales como las inundaciones o las enfermedades provocadas por la mala utilización de la basura plástica y otros tipos de residuos sólidos.
El autor es periodista ambientalista.