Desde que existe, la humanidad ha soportado calamidades de toda clase y magnitud y muchos creyeron que eran señales del fin del mundo. Aún ahora, para innumerables personas las catástrofes son evidencias de que el fin de la Tierra está a la vuelta de la esquina.
Entre las terribles calamidades naturales del pasado quedaron registradas en la memoria humana las glaciaciones, el diluvio universal, las desertificaciones, los cataclismos tectónicos, los recalentamientos atmosféricos, el deshielo de las montañas, etc.
Ahora los temores al fin del mundo se asocian al grave deterioro que padece el medio ambiente a nivel planetario, como la desaparición de enormes extensiones boscosas, el avance de los desiertos, la disminución y contaminación de las fuentes de agua dulce, la polución atmosférica, el nuevo recalentamiento terráqueo, el embasuramiento de los centros urbanos y otras grandes plagas modernas que agobian a la humanidad.
Y ante este panorama desolador renacen los temores irracionales al fin del mundo, se crea una psicosis ambientalista y se exageran los problemas y las cifras del problema.
En efecto, hay quienes aseguran que un millón de personas se enferman gravemente y mueren cada año en Nicaragua por la destrucción medioambiental. Pero si esto fuera cierto hace mucho tiempo —y en el transcurso de sólo cinco años— habría desaparecido la población nicaragüense. Y también es el caso de los que aseguran, cifras en boca, que los bosques del país están desapareciendo a ritmo de quince por ciento anual. Mas, si esto fuera verdad hace también mucho tiempo que no habría un solo árbol en Nicaragua, pues a ese ritmo tendrían que haber desaparecido en apenas siete años.
En el otro extremo del enfoque sobre los problemas del medio ambiente están quienes lo minimizan y más bien justifican la explotación ilimitada de los recursos naturales, la que consideran inevitable e indispensable en aras del desarrollo material y la creación de riqueza. Inclusive, para este tipo de personas las campañas ambientalistas son manifestaciones de supuestas y tenebrosas conspiraciones.
En este escenario de posiciones extremas sobre los problemas del medio ambiente, es importante presentar planteamientos intermedios, moderados y realistas, partir del reconocimiento de que en efecto hay que proteger y conservar el entorno, educar a la gente y motivarla para que cuide su hogar extendido que es el país, y velar por una explotación razonable de los recursos naturales, por la renovación de los bosques, el tratamiento apropiado de la basura, la protección de las fuentes de agua potable, etc.
Es en este sentido que se debe acoger la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, que fue proclamado por la ONU el 5 de junio de 1972 y que a pesar de que transcurrieron 31 años todavía mucha gente no adquiere conciencia ambientalista y sigue haciendo daños evitables a la naturaleza y el hábitat humano y animal, aunque hay que reconocer que en magnitud bastante menor que antes.
En realidad, la preocupación por los daños humanos a la biodiversidad se justifica no sólo porque ya no se puede o muy pronto ya no se podrá saborear, por ejemplo, los guapotes “a la Tipitapa”, sino también y sobre todo porque la diversidad de la vida natural es la que suministra todos los alimentos, fibras, combustibles y medicinas que son indispensables para la vida humana.
Los diversos sistemas de la biodiversidad cumplen un papel fundamental como purificadores del aire y el agua, agentes polinizantes y fertilizantes en la agricultura, moderadores climáticos y recicladores de elementos de los que depende la supervivencia humana. De modo que su deterioro rebaja la calidad de la vida, haciendo más precaria la existencia de la gente.
Sin dudas que algún lejano día la Tierra desaparecerá porque es ley ineluctable que todo lo que nace muere y lo que fue creado tiene que desaparecer. Pero mientras llega ese remoto momento hay que cuidar el escenario natural de nuestra existencia; hay que cobrar conciencia de que basta con ser aseados y responsables en el manejo de los recursos naturales que Dios o la Naturaleza nos proporcionó, para poder llevar una existencia ambientalmente segura y heredar a las generaciones venideras un mundo si no mejor tampoco peor al que recibimos.