Idalia Lily Gutié[email protected]
El recién pasado primero de junio se celebró el Día Internacional del Niño, que en Nicaragua se relaciona con un tema de especial interés para los movimientos y organizaciones que trabajan a favor de la niñez y la adolescencia: La participación infantil.
En Nicaragua ha avanzado mucho en términos de promoción de derechos de la infancia, incluyendo la participación infantil. Durante este mes de junio se puede ver, escuchar y leer sobre las diferentes celebraciones a favor de la niñez.
Ahora corresponde trabajar por una participación auténtica, reconociendo que la de las niñas, niños y adolescentes, en todos los procesos que les afecte o les beneficie, es un derecho reconocido en el Código de la Niñez y la Adolescencia y la Convención Sobre los Derechos del Niño.
Retomando el espíritu de la Convención Sobre los Derechos del Niño, la participación se define como el acto de animar y capacitar a los niños y niñas para que expresen su punto de vista sobre los asuntos que les afectan, así como la actitud de escucha y apertura de espacios por parte de los adultos, para que ellos opinen sobre su sentir. Según el Estado Mundial de la Infancia 2003 de UNICEF, existen muchos prejuicios acerca de la participación infantil, hay que desmitificar, por ejemplo: la farsa y la utilización de la niñez, a través de la intervención en actos meramente folclóricos o protocolarios que legitiman el accionar de los adultos y bendicen políticamente el trabajo que realizan por la niñez. Eso no es participación infantil. La auténtica participación infantil tiene que ver con valorar a las personas sujetas de este derecho —niños, niñas y adolescentes— dentro de un contexto inmediato en el que intervienen otras personas y en relación con los demás y el mundo.
Además la participación auténtica y significativa exige un cambio radical en la forma de pensar y conducta de los adultos, de una actitud excluyente hacia los niños y sus capacidades hacia otra inclusiva, donde los niños y niñas aporten a la construcción del mundo que quieren habitar y sean actores principales de esta película que se llama vida. También la verdadera y auténtica participación infantil requiere que sean los propios niños y adolescentes quienes la construyan y la dirijan.
Es importante mencionar que entre los factores que se deben considerar para impulsar esta actitud se encuentran las capacidades de desarrollo del niño, la disposición de los padres y los adultos para dialogar en todos los espacios (escuela, comunidad, familia) y el contexto sociocultural, económico y político en que vivimos.
Los mejores ejemplos de desarrollo de los países se pueden apreciar a través de los niveles de participación de la infancia. Los estudios dicen que un niño o una niña cuyo proceso de integración en el mundo ha sido fomentado desde el principio, significa que éste será apto para desarrollarse durante la primera infancia, para responder a las oportunidades educativas y para pasar a la adolescencia con confianza, firmeza y capacidad necesaria para contribuir al diálogo en todos los espacios donde se desenvuelva como ser humano.
Otro extremo y al cual no se debe llegar es dejar puertas abiertas y respaldar todo lo que los niños dicen y quieren. Eso no es impulsar la verdadera participación. El asunto es más bien tratar de promover con ellos un diálogo, recibir sus opiniones y ampliar el intercambio en más espacios, para que esto les permita construir formas de intervenir positivamente en el mundo que les rodea.
Las historias de niños exitosos o líderes son los mejores ejemplos de cómo las vidas de esos niños, sus familias y comunidades han cambiado cuando se les ha dado la oportunidad de participar en los asuntos que les afectan e interesan. La participación de la infancia en todos los proceso que les afecten es un compromiso asumido en la Sesión Especial de la ONU a favor de la infancia, el año pasado. Los dirigentes mundiales se comprometieron a construir “un mundo apropiado para los niños y las niñas” dejando de manifiesto que era necesario cambiar el mundo para ellos, con la participación de ellos mismos. Es tiempo para cumplir. El reto es de todos.
La autora es comunicadora social y consultora en Derechos Humanos.